viernes, 30 de agosto de 2013

Las razones

My own brain is to me the most unaccountable of machinery - always buzzing, humming, soaring, roaring diving, and then buried in mud.

Virginia Woolf

La enfermedad de mi hermano es como una enorme manta de humedad que encharca todo. Empapa mi cerebro y hay algo dentro que queda como inerme, indeciso, paralizado entre encrucijadas.

Hoy he tenido un día en el que me he dedicado en brazadas de tiempo muerto a la cuestión filosófica de cómo justificar la ausencia de productividad. Tenía la cabeza atorada, como un jarrón de flores sucio y desarreglado, y mis ideas eran como sus hojas acorchadas y estremecidas. No me daba cuenta de que el talento no consiste en hacer que las horas fluyan con la tarea justa y se acoplen las unas a las otras como en un perfecto puzzle. La verdadera hazaña y medida del ingenio consiste en sobrevivir a nuestra inoperatividad vital cuando la cabeza no rige o no convence o no ilumina. 

A estas horas de la noche continúo entonando la lastimera letanía por un día desaprovechado, la misma que comencé esta mañana. Y ahora necesitaría una llave inglesa mental para retroceder el destino de hoy. Pero no debería quejarme porque he hecho un poco de todo, aunque no haya conseguido todavía la argucia suficiente que me permita dedicar cuatro o cinco horas a la escritura. 

Este mes de agosto ha sido espectacular por su inmensa fruición y revelaciones. Hoy ni siquiera es viernes todavía, y aunque siento que tengo la mesa a medio poner, la verdad es que mi subconsciente se acerca a una solución definitiva. 

Tengo bacilos hospitalarios circulando por mis neuronas y mis leucocitos, no debería pedirle demasiado a la cabeza, y tal vez sí al corazón. 

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