martes, 16 de agosto de 2016

La vida


Me queda bastante claro lo que es la vida, especialmente porque la veo escapárseme de entre los dedos. Sé que esta enfermedad me impide vivir en el sentido pleno de la palabra. Vivir es emocionarse, sentir, procurarte una buena organización del tiempo, atreverte, querer hacer cosas. La voz interna que dice "no" es una clara evidencia de cómo la depresión anula la vida.

Hay una gran cantidad de cosas que no haces, pero es que ni se te ocurren cuando tienes depresión. De hecho, una de las características de recuperarte, aunque sea durante unos días o unas horas, es la capacidad de generar nuevas ideas, el ver cómo el día se convierte en una marea tranquila de actos, que como olas van acarreándose y persiguiéndose. La depresión lo convierte todo en una calma chicha donde sólo escuchas el chirriante quejido de la ansiedad, de la molicie, del miedo y el rechazo.

Por otro lado, la voz que dice "no" constantemente es la que te recuerda que la vida es un hacer constante, un planear, un conseguir pequeñas y grandes cosas. Y eso lo echo muchísimo de menos. Hacer cosas sin sentir que no, que no puedes, que no quieres, que no es posible. Vivir sin quejarte, sin aplanarte, sin reducirte.

Así que es espero que pronto pueda dejar de jugar al escondite con la vida, porque deseo experimentarla en toda su plenitud.
 

miércoles, 28 de mayo de 2014

Route 66


No sé cómo comenzar a contar mi historia. Es una narración desplazada, tórpida y válida sólo para mi recuperación. Escribo para no desaparecer, para reconocerme, para existir. De otro modo tengo la sensación de que no pertenezco a la vida, y que ésta transcurre de forma paralela a mi lado sin compartir experiencias conmigo. Pero hace tiempo que busco sublimar esta alienación realzando, confirmando mi personalidad, mi potencial. 

En estos días he perdido la sensación de sustentarme frágilmente en el suelo. Y vuelvo a las andadas con cierta incapacidad de movilizarme, de hacer aquellas cosas que son importantes, que me devuelven la dignidad. Ahora me he convertido en una persona en la clandestinidad, invisible para el ojo ajeno, incomprendida, tal vez. En estos momentos sólo quiero aliarme conmigo misma. 

Cuando estoy con mi madre la sensación de renuncia es muy fuerte. Renuncia a quien soy, renuncia a ser entendida. Muy a menudo me siento arrinconada, y el otro día lo que sucedió posiblemente es en cierto modo comprensible, porque ella no está al tanto de las cosas que me hieren. Pero no puedo echarle a ella la culpa de lo que me pasa. 

No estoy lo suficientemente dentro de mí para escribir literatura creativa, y esto supongo que pasa de vez en cuando, y tengo que aprovechar los momentos en los que es posible, y el resto de tiempo reservarlo a la reflexión, a la ingestión y asimilación de información, el avance por el terreno creativo que tras el barbecho solicite mi colaboración. 

Pero por lo menos me gustaría describir de forma fidedigna lo que me sucede, porque escribir es simplemente capturar el momento, sudar sangre, y ahora es el momento para que yo lo haga, sin rodeos, sin obstáculos. 

Me encuentro paralizada con lo que parece una tendencia hacia la nada, pero al mismo tiempo esta parálisis está afianzada en una tremenda fuerza gravitatoria que solamente quiere forzarme a estar de brazos caídos, a no llevar a cabo ciertas tareas, alejarme del mundo. Y es una tremenda fuerza, supongo que igual de fuerte que la que compele a vivir intensamente. Es como si la energía motriz se encontrara dirigida hacia adentro y me impidiera actuar. Así que por lo menos tengo que sentirme viva en esta apatía que sí que me está permitiendo, paradójicamente, a absorber y mostrar atención sobre lo que me rodea.

viernes, 21 de marzo de 2014

Stendhal Syndrome: give in to the flooding


Yes, I sing her body electric, her passion and doom, her torn blood and light in a vacuum. These comings and goings between the selves. How could I perjure against your favourite writer? Me, who lives immerse in the rapids, the heartbeats of the word and verb and virgo. I thank you for not contesting nor rejecting me for my ignorance about this. My blueprint, my base is my belief in rescuing myself from my memory drifting. I need something alive and burning on the page to shake me and get me out of my constant stupor. An arrow of truth, a speech, a valid ticket to transit towards embodying my alter egos. I have not witnessed enough fear to decide that I'm that person in a parallel world, confronting reality, fighting and ending defeated. My defence strategies are crumbling though as I read. Your books leave me unprotected and expectant.

The calico braids and husk of the words of my new readings shine like the penetrating gaze of the silver fox lost in the urban darkness. The end verb, the nightfall in verse of your books let me discover that I was also blinded, lost after crossing the threshold of the downs, the frontier. I wonder the streets tonight and stop and window gaze in front of closed bookshops. Despite this when I get near yours, I turn around. 

I'm afraid of my inquisitorial delusions, my vagueness as I speak to you. I try to go unnoticed in your bookshop, and zigzag around the floral center that accommodates books that are urgent, those perfectly understated covers, and I head towards the wall shelves, towards safey. I buy your books and take them outside the bookshop, into the street to gather oxygen, to feel the fresh air and stop smelling of new paper pulp, to get their pages intercalated and pressed in the falling rain. 

Verse greengrocers and narrative spiritualists stay outdoors and the night flees. Those who know that books are also written on scraps of paper, words smuggled in jail, over bundles of serpentines, on those exhausted calendars whose pages have been torn and bereft of the endless days and months.

I buy books from the one-eyed man who sells inconceivable literature at one o'clock in the morning. I watch him with a smile of hidden complicity when he suddenly remembers his whereabouts and makes me a list of books that have not sold yet, then sucks his thumb and runs it along their spines (his memory is tactile). His glass eye is pending and chases with stern looks like light beams those book thieves that gather around aimlessly (they are all students), those who skirmish and fuss and leave. 

I relax my shyness instinct and tell him impossible stories and fables, despite retrieving it later when people approach us and I realise that they want to steal my books away from me.

After talking to you I have chosen to browse febrile dystopias that torment me with their violent language cracking the fuselage open and raw. These ideas are pure as the piercing cold in the snow, and writers dump them in literature sprees, widening the spacing of their writings, shooting projectiles as dirty as stained stars falling in their revealing delirium.

Now that you're my bookseller I can not escape. In can't backtrack into the trenches of thought and emotion. You've narrated those poems that I can read in the subway 
without covering the front cover with my fingers, wishing that people read my book over my shoulder instead of pushing my rucksack in unison as they force my body against the metal bars of the train. If they knew what I'm reading they would allow me to travel, to continue my journey as a flaneuresse .

Well, I'm choking on the words, I reflect my gulps on the patina of my coffee, I sink into the couch, and as I read I search for impossible positions to place my body and rest on the page. You are to blame for this.

I took the book you told me about, and let my fears loose; in fact, I forgot them. I wonder why you pushed me in the direction of this dazzling darkness, the misery and desperation and blinding truth of les poètes maudits

Why? Well, I'll have to find out before I am able to get back to you and say something worthwhile ...

lunes, 17 de febrero de 2014

dreamin'


I will see you and I'll remember this music made of husky hot air, with the tremor and pattern of sandalwood. It's all going to be like a very intense summer day, with the freshness of the night talking and walking. I'm very quiet today, I hold an oval smile on my face, as in dreamin'.

lunes, 13 de enero de 2014

Dolor

Me he dado cuenta de que este terrible dolor experimentado en el último año y medio me ha hecho ver con claridad lo especial que es vivir. El dolor es la excusa perfecta para disfrutar de la vida aún más todavía. Cuando bailo lo hago por mi padre y por mi hermano, por mi familia rota, porque me acuerdo de ellos bailando y porque ahora debo ser yo ellos. 

lunes, 4 de noviembre de 2013

Intermitencias


Soy capaz de prensar en mi retorno a mí imperfecciones absolutas y grandes permutaciones del sentimiento.

sábado, 17 de agosto de 2013

What's the matter?


In the heat of the moment. That's what the matter is.

Unkown source


All these things happen in second place. And entirely.

Noches que cuentan



Me preparo para salir. Primero me muevo, luego me detengo. (Pre)sentir. 

viernes, 9 de agosto de 2013

Face


My chest is a bulletproof vest with a constant hint of a piercing shot.

martes, 6 de agosto de 2013


Oblongo

Es una locura cómo puedes meterte por un tubo de goma, (asfixiarte) y salir por el otro extremo del tubo de goma. Es una locura.

sábado, 20 de julio de 2013

En blanco












lunes, 10 de junio de 2013

Una pequeña ayuda


Esta mañana no me siento nada fuerte. Si me tomara un café estaría mucho mejor, seguro. Pero no tengo energía para enjuagar la cafetera y el cazo. Me he levantado y me he puesto delante del ordenador, sentada en el sillón en vez de tumbarme en el sofá con el portátil, y eso es un gran avance que tengo que reconocer. 

Me siento físicamente algo floja, y no me importaría si estuviera haciendo un gran proyecto y el cansancio fuera algo heroico y el descansar una recompensa. Ahora no podría decir eso. El estar cansada parece algo ridículo y el descansar tiene rasgos narcisistas. 

Creo que por el momento no voy a poder superar esto sin medicación. Da igual cómo me ponga. La vida está simplemente parada y no valgo para nada en este estado. Me da muchísima rabia porque no soporto la idea de tener la cabeza gobernada por una pastilla. Tal vez cuando tenga pareja y alguien pueda cuidarme y apoyarme en esto pueda iniciar una vida sin medicación, pero por ahora la cosa no tiene perspectiva. Simplemente no tengo dónde aferrarme.

Me he puesto a hacer gestiones de la testamentaría de mi padre y se me ha caído el alma a los pies. No tengo valor para hacer esto sin una pequeña ayuda, así que al final he claudicado. Pero como no sé lo que me depara el futuro continuaré la empresa de mi vida con la ilusión por las cosas bonitas y los proyectos que me esperan. 

jueves, 30 de mayo de 2013

Crisálida

Tras una noche completamente en vela, el día ha transcurrido como si no fuese real, como si los minutos estuvieran hechos de vapor de agua y todo fuese veladamente onírico, imaginado. Una historia mal contada que quieres apresurarte a enmendar, pero ya no puedes, es demasiado tarde. Es como estar instalada en una dimensión que se encuentra en la periferia de la realidad, aunque es más real y mordiente que la vida misma.

He tenido momentos para pensar en cosas muy serias, para plantearme la dureza de la situación, lo que va a suceder, y tratar de imaginar cómo, cuándo pasará, qué haré, cuáles son mis responsabilidades. Y luego ha habido momentos en los que estaba situada fuera de los acontecimientos y observaba al tiempo mismo, veía cómo transcurría el día desde el exterior, cómo el discurrir de los minutos y las horas parece un juego de magia a merced del gran prestidigitador del destino. Estoy observándome de forma meticulosa porque quiero controlar mis emociones, no puedo dejar que se conviertan en una marea que me arrase, y porque quiero localizar ese lugar de calma y serenidad que encontré cuando se estaba muriendo mi padre. La situación ahora es bien distinta, pero esa fuerza que radicó en mí sin que yo supiera de dónde había salido existe en alguna parte, y creo que volverá, que yo lograré situarme allí de nuevo.

domingo, 26 de mayo de 2013

Palos de ciego


Hoy acompañé a una mujer ciega a cruzar la calle. Cuando llegamos al otro lado de la acera la vi alejarse con paso inseguro y un movimiento errático de su bastón. No sabía tantear con facilidad los inciertos obstáculos, y constaté con inquietud cómo apenas acertaba a superar las pequeñas irregularidades del paso de cebra. A continuación se chocó con una moto aparcada al lado de la parada del autobús que quería coger. Es domingo, y la calle estaba prácticamente desierta. 

Me alejé con un sentimiento de intranquilidad, y en seguida pensé que yo, abocada a esta brecha que se cierne frente a mí, estaré dando pasos de ciega para tantearla, acaudalar suficiente energía y recuperarme. Mi conocimiento de las rugosidades y superficie de este abismo va a ser fundamental para salir. 

Sé los motivos que me han llevado hasta aquí: se trata de cierta predisposición genética a los altibajos en momentos de estrés, pero todavía no tengo en mi cabeza el mapa del territorio. La orografía parece variar cada vez que abro los ojos. En un momento determinado sabes que los lestrigones y los cíclopes existen, te lo dicen los libros, los ves reflejados en las láminas con su indumentaria tenebrosa; pero al día siguiente, las nubes se han emborronado y cargado de lluvia cenicienta, y te los encuentras casi enfrente, como si hubieran salido de la nada, y tú no te has preparado una salida, un apoyo en la retaguardia. 

Hoy me siento aquí, ignorando aquellas cosas que no puedo abarcar, que, aunque pequeñas, para mí son un mundo a conquistar, y me agarro a lo único que no puedo permitir que desaparezca: mi escritura, mis intentos por comprender el mundo interior y el exterior, la esperanza de que esta próxima batalla no sea demasiado larga ni me agote durante demasiado tiempo.  

Boiling point


Aquí estoy otra vez, aislada y malherida, con la cabeza agujereada, sin saber utilizarme, sin futuro, envuelta en miedos y temores, con el ánimo retorcido y el cuerpo encogido y dolorido. Los meses anteriores en los que pude sobrevivir lo más duro fue gracias a la unidad de la familia. Ahora me siento un elemento destructivo en una familia de nuevo a la deriva. Son dos caras de la moneda muy diferentes, una arropada y caliente, luchando contra la adversidad; otra desnuda y alucinada, apartada y al rojo vivo. No entiendo cómo hemos podido llegar hasta aquí. 

¿Cómo ha empezado todo esto? El dolor que no compartes, el dolor incomprendido se desata como un vendaval que calcina lo que lleva a su paso, lo que le rodea y acompaña durante hace años, los paisajes comunes, incluso lo que de forma cotidiana te ha dado apoyo y seguridad. Yo creo que lo he agitado, y me ha explotado entre las manos. No era sólo mi dolor, aunque lo siento dirigido hacia mí con toda su fuerza como un obús que finalmente ha detonado, porque su destino, su razón de ser era estallar y causar el mayor daño posible. Después de todo alguien lo ha dejado allí para eso, y no importaba si la cosa iba a suceder más tarde o más temprano. 

Me pregunto hasta qué punto podría yo de nuevo esconder mis manos quemadas y ensangrentadas y emprender una labor de reconstrucción. Pero el precio es volver a recibir una buena dosis de incomprensión pura, inalterada, sin adulterar, y mantener el corazón en un puño. Porque todavía hay zonas donde no crece la hierba, donde te desesperada la nada de la indignación, la expresión de la injusticia impune, tu rebelión secuestrada, el ácido que emanan las agresiones.

Parece una quimera estúpida el querer redimir, exorcizar, buscar el grito común, la promesa colectiva de no volver a caer en la destrucción, en la escarcha. No se puede siempre sólo enterrar a los muertos, a los caídos, a las víctimas, a los culpables, también hay que reunirse y comprometerse a dar sepultura a aquello que nos hace daño, no regenerarlo sino desmembrarte de ello, renunciar, repudiarlo. Nadie te va a poner una medalla por querer hacerlo, pero te gustaría que todo el mundo estuviera de acuerdo para hacerlo, que tuviesen la voluntad, la necesidad.

Las serpientes siguen revolcándose en sus nidos esperando la llegada de la oscuridad para hacer sus expediciones nocturnas y visitarte para causar daño, deshacer con sus sueros cáusticos el tejido familiar, fulminar las ilusiones recién nacidas. A veces las serpientes se materializan en personas, en actitudes; a veces el dolor y el rechazo a su mordisco es un grito que doy en la oscuridad del día, donde nadie te oye, donde ruge el frío y el viento te apelmaza la piel, donde te crujen los huesos porque no tienes donde reposar. Por lo menos sabes lo que está pasando. 

jueves, 23 de mayo de 2013

Trazos


A veces, hay días que mis trazos son los únicos que levantan el día. No soy yo sino una imagen virtual mía, desangelada, casi traslúcida, mínima y fibrosa que responde a mi nombre. Y esos días me arrastro y me arrincono, e intento pensar en las veinticuatro horas siguientes a las próximas veinticuatro horas en las que todo aquello que me preocupa y me atormenta podrá ser gestionado en mi cabeza, y el escozor en el tórax mínimamente exfoliado, para comenzar un nuevo día con la mella de un nuevo dolor que amontonar con los otros. 

jueves, 16 de mayo de 2013

La mala


Estoy especificando la forma en que no quiero que me traten, y es difícil, porque no quieren cambiar. Y trato de maniobrar entre ayudarles, estar allí, ser un apoyo, y no sentirme mal cuando pierden la paciencia o aventan sus frustraciones en mi cara o en mi persona. A veces me tratan a escobazos, y estoy harta de sentirme carne de cañón.

En medio de todo esto se encuentra el miedo: a quedarte sola, a que lo pasen mal, a no estar allí cuando te necesiten. Todo el mundo ha sufrido mucho en estos meses y no parece el momento adecuado para poner los puntos sobre las íes. Pero, sin embargo, a mí me está afectando cada vez más, y me doy cuenta: esas malas contestaciones, esa impaciencia chirriante, esos desprecios cuando haces una pregunta, esas jarras de agua fría cuando expresas ciertos sentimientos. Parece que no hay tiempo para decir lo que sientes porque, como todo va mal en la familia, el ser extra susceptible sobra.  

¿Debería asumirlo pero no dejarme herir por ello? ¿Alejarme cuando sea demasiado? ¿Recauchutarme los oídos? Cuando hoy le he dicho a mi madre que me gustaría simplemente que me tratara igual que a mi hermana, yo misma he visto claro que hay una diferencia entre su forma de hablarme a mí y a ella. 

Esto es una cadena de frustraciones y malos modos que pasan de unos a otras. Es muy sencillo ver por dónde entra el aire enrarecido. Desde que estoy sola me doy perfectamente cuenta de qué cosas de mí me molestan en un momento dado; y qué cosas de la vida me afectan y me sobresaltan. Cuando hay mucho ruido tiendes a rociar a los demás con tu ira más tarde o más temprano, a menos que la hayas visto realmente de cerca y la tengas bajo control con una determinación clara de darte cuenta de lo que te pasa y no echar la culpa a los demás innecesariamente. 

Busco la paz y no es fácil. Siempre les digo: cuando estoy en mi casa no molesto a nadie. Sois vosotros/as quienes me llamáis constantemente para estar conmigo. A veces me pregunto por qué. 

El infierno son los demás. No sé, pero se los lleva dentro. Tiene que haber una manera más fácil de dejar claro a los demás (gente cercana, claro) que te dejen tranquila, que te hablen de forma tranquila, que te traten con tranquilidad, con respeto, con amabilidad. Hay muchas cosas en juego. Pero lo siento, yo ya no me voy a sentir la mala. 

viernes, 10 de mayo de 2013

Pen


Mañana volveré a cambiar los subrayados rojos. 

sábado, 27 de abril de 2013

Presencia


Estaba haciendo el café y me di cuenta de que cuando estás con alguien compartes algo tan sencillo como el momento en el que café sube en la cafetera y tienes que quitar el fuego. La sencillez de sentimientos es lo único que me importa. La tranquilidad de un silencio compartido, aunque las voces lo articulen. Y esta noche he sentido la angustia y el cuchillo al darme cuenta de que nunca volveré a recoger la mano de mi padre en mi regazo. Su mirada color miel, su vulnerabilidad, todos esos sentimientos que sólo pude expresar con gestos, sin habla, con presencia. 

Pero yo recojo esa presencia en mi recuerdo, y puedo caminar durante horas sintiendo el calor templado, la revelación de lo que compartimos en la cama del hospital. 

Él es el silbido de mi cafetera que rompe el silencio del aire en el recogimiento de la soledad.