Estaba haciendo el café y me di cuenta de que cuando estás con alguien compartes algo tan sencillo como el momento en el que café sube en la cafetera y tienes que quitar el fuego. La sencillez de sentimientos es lo único que me importa. La tranquilidad de un silencio compartido, aunque las voces lo articulen. Y esta noche he sentido la angustia y el cuchillo al darme cuenta de que nunca volveré a recoger la mano de mi padre en mi regazo. Su mirada color miel, su vulnerabilidad, todos esos sentimientos que sólo pude expresar con gestos, sin habla, con presencia.
Pero yo recojo esa presencia en mi recuerdo, y puedo caminar durante horas sintiendo el calor templado, la revelación de lo que compartimos en la cama del hospital.
Él es el silbido de mi cafetera que rompe el silencio del aire en el recogimiento de la soledad.


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