Así es cómo me siento hoy ...
jueves, 12 de abril de 2012
This is how I feel today
Así es cómo me siento hoy ...
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miércoles, 10 de noviembre de 2010
Si no hago caso a mi teléfono ...
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domingo, 13 de diciembre de 2009
Resistencias nulas
Encuadres anónimos y resguardos inclinados, doblados por en medio. Te devuelven pensamientos, relaciones y rododendros. Recogen arcos iris en espátulas y los retiran de nuevo.
Noches de verano circunvaladas con tapices de mil y una noches y mantos de estrellas. Recoges mis sonrisas como pepitas de oro caídas sobre el agua, como una lluvia trepidante de repeticiones súbitas. Tu piel se arrebola en colores marrones, tus ojos profundos se cierran como anillos sobre mis indecisiones. Te escucho y presiento que esta hora será larga, y estos minutos serán largos, y otras tristezas que eran largas se acortan como papel celofán.
Las causas legítimas del dolor se encogen y resisten hasta el más fuerte empellón de la fuerza del mundo. Mi cuerpo es un simple estandarte casi baldío de energía y bravura. Detengo hábiles armas autodestructivas.
Lanzo bumeranes que intuitivamente fallan el blanco pero explosionan cerca de mis oídos y me ensordecen. Confundo la luna con una luz de farola emblanquecida. Un picor tardío mordisquea mi muslo. La noche adormece la ira de cerebro.
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miércoles, 8 de abril de 2009
De Lavapiés a ti en 45 minutos
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martes, 24 de marzo de 2009
La gata y los tejados de zinc
El mundo desde arriba se ve como almidonado, remendado, cierto, deseado por alguien.
Es una visión diametralmente opuesta a la calle que es una gran araña patas arriba, con sus avenidas sudorosas y sus luces desperdigadas como canicas refulgentes.
En los nervios de la noche se enhebran las ilusiones diurnamente renegadas, y se reconstruyen en sus húmedos reflejos de su azul de tinta china. El aire de la noche es de derrota embriagada, y en sus tejados se prenden las teas de las pasiones fatuas.
Cada ventana iluminada es como un fuego efervescente que limpia la noche de brumas.
La orientación nocturna se basa en apreciar volúmenes, vibrar con las frecuencias de las densidades, calcular distancias. La noche aprecia la velocidad hasta en los movimientos desmontados. Los tejados son el recorrido de su cartografía corporal.
Asomarse a los tejados es ver la noche desde arriba. Y da vértigo poder llorar con tanta inocencia.
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domingo, 15 de febrero de 2009
Rompeolas
Olas precintadas de rumores salados, salpicaderos de sodio y fuerza de acero. Sellas el aire con tu estruendo de cajas precintadas, moléculas impuras, miradores disolutos, enramados minados, candorosos engranajes, encerronas hermanadas y cientos de lechuzas graznando en la noche iluminada por libros volantes y fulgentes con la sabiduría de Minerva.
Cinceles estirados y sublimes, principados descalzos, vislumbrados en rendijas lisas, partículas diminutas encaramadas al aire, bandadas de líneas retorcidas que te asaltan el sueño debajo de la carne, encima de tu colcha, mordiéndote la piel apenas descansada.
Pesadillas circulares y rápidas, escasamente parapetadas tras los rompeolas. Me asustan con su fuerza bruta, ingente, nada acomodaticia. Son muertes en vida, imágenes turbias recelosas, inseguras y desconfiadas. Se reducen a miedos mínimos y abortados en plena gestación. Son como inoperantes llagas del subconsciente, ínsulas mínimas sin fronteras, inútiles sentimientos que no fecundaron. Emociones de colores revueltos y sensaciones inmediatas y falsas, un malestar agobiante que no cesa.
Tengo miedo de que me empujen y caiga para enquistarme en la roca, y que me queme la espuma del mar hasta disgregarme como la arena en la que yazco.
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domingo, 25 de enero de 2009
..
Un día ...
No sé cuándo ...
Un día
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sábado, 24 de enero de 2009
Anáforas y Zeugmas
Epíforas de lágrimas,
perífrasis vividas,
crisálidas henchidas.
Protónicas heridas,
carencias presabidas,
milenarias huidas.
Maréagrofos prensados,
pletóricos plisados,
correrazones claros.
Miríadas mentiras,
mesiánicas salidas,
marinas mesalinas.
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viernes, 23 de enero de 2009
Vuelas
Vuelas y renuevas principio y fines, retos álgidos y sudores maltrechos. Vuelas y amplías las señales que te replicaron al instante con tonos leves, pero seguros, aunque circunstanciales.
Vuelas y armada sin rumbo trasiegas las crestas de las olas, no es que reniegues, es que no vislumbras el amplio tejer de entre los espacios colindantes, las hadas cigüeña, los bríos audaces, las meriendas de madrugada y los sinsabores ciegos.
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miércoles, 14 de enero de 2009
The dressing station
Supuestos antagonismos, secuencias liberadas, preciosas ataduras que sin embargo reduje a sus fueros internos. Yo sé que puedo rondar tu círculo de influencias y prosperar en el recogimiento. Si me tendieras una mano podríamos salir de ésta. Quiero simplificar la concurrente atmósfera terrestre para sublimar mi deseo hacia ti.
Eres tanto y yo tan poco. Eros te sobrepone y los destellos me ciegan, pero las brasas me mantienen cómoda y serena, y mi sangre fluye como la tinta sobre el papel, en inciertas misivas que rondan las milésimas enteras, precarias, presentes.
Entro en una fase de mi deseo hacia ti. Circunvalando el enamoramiento para observarte desde lejos y que tú me tengas en tu radio de acción. Me gustaría llamarte por diminutivos, arquetipos de letras, puzles de corazones solitarios; atraerte a mí por medio de múltiples reacciones en cadena.
Eres un rayo de sol prendido en mis enojos, simple y furioso como un cascabel encendido y apasionado. No vuelvo la vista atrás porque si lo hiciera mi cuerpo, un estandarte de sal lechosa, no podría volver a imaginarte a ciegas, vislumbrarte entre tus fugas, acomodarte en tus silencios átonos.
Quiero consolidarte con un lazo de picos equidistantes en tus caderas balanceadas, libres, giratorias y perfiladas en el aire como en una peonza de carne ardiente. Siento el temor de perderte devorar mi alma sin apenas haberte conocido. Y también el pánico escénico de tener que presentarme ante ti desnuda y convaleciente, sin coartadas, como una semilla sin abrir, con vergüenza y prisa por saber más de ti.
Y al fin ni siquiera poder narrar mi deseo ferviente, ni convertirlo en aureolas de significados comprensibles, ni sables en alto, ni transiciones. Porque sigo notando el elefante rosa presionando mi tórax bestialmente; descargando su pesado semen como un charco de metal de cromo solidificado, permeando la piel suspendida justo por encima del miocardio como el techo de un hospital de campaña que se hunde. Y provocando una tormenta de confusión y preocupación maldita.
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sábado, 10 de enero de 2009
La Nuit
Quiero recomponerme y no deseo saber más de lo que debiera.
Los desvanecimientos son como las tribus de pájaros que emigran durante el otoño. Separan el cuajo de las margaritas, las ponzoñas de los saludos del agua, los pasos pasados de los pesos pesados.
Retrotraerse al fruncido guiño de los días que ya transcurrieron y en los que tropezarse con pensamientos ocultos desvelados en la penumbra del silencio y entre frase y frase. Rumores y rugidos sonoros por doquier de aquéllos que silencian el alma aletargada. Aletas de tiburón con reproches como arengas y arrepentimientos como fusiles arrebatados.
Simientes de las lengüetas del camino. Cantos polvorientos que se cimientan en el olvido y el rechazo. Termitas vivientes, paisajes sonoros, condolencias, muertes de papel, sabores irreconocibles. Es un sinsabor de vivencias saladas en cubiletes pegajosos rellenos de dados y fieltros verdes.
Mi memoria es como la de los peces y no dura más de tres segundos con cuarenta y nueve. No hay límite en las ponencias filosóficas de la polución callejera, ni procesos inacabados en las obras de Madrid. Más bien vidas derrotadas, avances minúsculos; más bien retrotracciones y volteretas animadas como molinillos de juguete hechos de plásticos traslúcidos.
Camina o revienta, revolotea en tus creaciones inmediatas y frugales. Renuncia al alimento, al sustento, a la expresión oral y sus fijaciones ergonómicas y embriónicas. Se desinflarán las amarguras, las visiones proféticas, las futuras felicitaciones que nunca se enviarán.
Cuando se ven los restos de periódico arrastrándose por el suelo por las tormentas voladoras y solapadas sobreviene un ánimo encogido, un vaivén frustrado. Este ánimo desvaído e impresionante se desfonda por la desesperanza en su abatimiento. Los músculos se atrofian, la huida se apremia, la cobardía sobrecoge, la desorientación sobrevuela las capas del aire como un ave rapaz soliviantada por el coraje del pánico protector.
Las oscuridades se arremolinan en género y no se siente el bombeo cardíaco. Nada ni nadie comprende y se convierte el alma en pena mientras se escuchan las aullidos de los desvaríos de la felicidad. Las livianas esperanzas apenas se convierten en hojas de arce cándidas y geométricas. Lo más barato es un ladrido quebrado de perro.
Pero no me desanimo, porque las huestes de pensamientos exudan su bilis y yo no tengo nada que ver en este asunto. La costumbre me permite revelar los temores de la noche sin empapar la cama de humedades ni apneas.
La colcha sigue a lo suyo y persigue convertirse en un manto estrellado como una tienda de campaña infantil y así permitirme dormir sin temblores. Es como si la tirita de aristogatos me cubriera también el agujero horadado del corazón.
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La Nuit (English)
I'd like to reconstruct myself and I don't want to know more that I should.
Fainting fits are like the bird tribes that migrate in autumn. They separate the cheese rennet from the marguerites, the poison from the water waving hello, the past steps from the heavy weights.
Getting back to the grunting wink of the evolving days that went by, those into which you collide and end up crashing into their hidden thoughts, the ones revealed in the twilight of silence, in between sentences. Tremors and small noises everywhere, yes, those that silence you hang over soul. Shark fins that carry complaints brunt as harangues and regrets as sharp as subtracted guns.
Seeds and their pieces on the road. Dusty stones that sustain the foundations of rejection. Living termites, soundscapes, condolences, paper deaths, unrecognisable flavours. It's a parade of salty existences placed in sticky beach toys filled with dice and green felt.
My memory is the same as fish memory and it doesn't last more than three seconds and forty nine. There's no limit to the philosophical panels of street pollution, tiny approaches; I should say, to be precise: paced returns and animated jumps like translucency into a toy.
My duvet keeps on going as usual; it intends to become a starry cover, like a children's tent so that I can sleep without tremors. It's as if the aristocats' band aid is also protecting my pierced heart.
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V. Mi vida sin mí. Vuelta a Madrid, julio 2008
No os alertéis, que esto fue en julio del año pasado :-) Pero hoy me ha gustado recordarlo ...
Tristeza cobarde.
Cobarde porque me apresa, me secuestra y me maldice.
Me atraviesa, me abrasa y me destroza.
Me vuelve inservible y en el fondo me detesta. La cura se me antoja sencilla: una pócima dulce de amor; amor anhelante, anhelado y sincero. Amor que perdona y enmudece las sombras, reconforta ante los mordiscos de la gélida melancolía. Amor que consuela al ángel caído, amor que no se confunde, que espera, subyace, se transmite y se propaga. Amor que sabe detener tormentas de hielo y estalactitas hirientes en el corazón, que calienta el apresar de la muerte que parece besarme con su tristeza cobarde para convertirme en algo que ondea al viento inane, fácil presa de su espuria y fuerza inmortal. La muerte, la dama de negro que se empeña en silenciar mi vida, en acallar el suave, roto e inaudible latir de mis anhelos.
Tristeza cobarde que me atraviesa y me desangra, me contiene y me mantiene prisionera entre sus garras venenosas e inalterables.
Herida de muerte, acallada en vida presiento ese dulce amor que descifre el hechizo y renueve el verdor malaquita de la esperanza en mi exiguo cuerpo, hasta permitir una bocanada de aire fresco y revelador.
Un gramo de amor inconmensurable e incondicional, una lágrima que se abra paso entre los espinos de la escarcha y me permita liberarme temporalmente de las tormentas lúgubres de nieve límbica y desnaturalizada que empapan mi capacidad de acariciar, de sonreír, de soñar un mañana mejor.
Dulce sueño de amor trasnochado, silvestre, acertado, suave, mullido y reconfortante. Una palabra amable que deslice las pareces de mi prisión, del jalear hilarante de sus yermas poleas. Un suave murmurar que diga: "¡Adelante! ¡Ánimo!". Un te quiero dichoso que no busca nada a cambio, tan sólo la incondicional promesa de felicidad fiel.
Secretos del corazón, que sólo se conocen cuando tres siglos de soledad rejuvenecen con la llamada suave y delicada de quien te rescata, tan sólo al sentirse cerca.
Tristeza cobarde que me amordaza, me asesina, me tortura y me acuchilla. Tengo el alma herida por cien mil navajazos pasados, presentes y futuros. Me escuecen los cortes como golpes monstruosos de aristas de cristal de cuarzo amargado.
Esta tristeza cobarde me arrebata la salvia misma del vivir y el deseo, y me absorbe todo el gozo hasta que ya mi sangre no cruce mis venas. Tengo hiel recorriendo los canales de mi cuerpo y ácido efervescente rebajándome a la existencia de un temblor.
Tristeza cobarde. Tristeza cobarde. Tristeza cobarde. Tristeza cobarde. Tristeza cobarde. Tristeza cobarde.
Me arrancas de mí, me impides respirar a fondo, renovar mis votos y mis instantes de paz, no me das tregua, me escondes los destrozos, me machacas, me vacías, me desollas, me atenazas, me estrangulas, me ahogas, me pegas, me lastimas, me cortas, me clavas, me asesinas. TRISTEZA COBARDE, TRISTEZA COBARDE.
Eres una miserable, te escondes como una maldita plaga, me inundas como una metástasis y confías en poseerme por el resto de mis días, aniquilando los tallos de vida y los brotes verdes que pudieran encontrar una impronta dentro de mí. Voy a llorar cientos de lágrimas, miles, millones hasta que elabore mi llanto catalismos de sodio que obturen la pena.
Tristeza cobarde que se ceba en los desvelos, el desconsuelo y los deseosos nidos vacíos. Hábil escamoteador de sueños, perversa dueña y señora de la invalidez.
Tristeza cobarde que te escondes en los pliegues de mi desconsuelo y que brotas como un virus mortal que aborta mi luz y el recorrido de oxígeno por mis venas.
Renuncio a vivirte así, quiero escaparme, quiero huir de tu presencia, hundirte y desmontarte del jinete apocalíptico.
Tristeza cobarde, quiero hallar solución; me fuerzas a sentirme tu sierva, tu esclava endemoniada. Me siento sola, inservible, inmoral, detestable, insegura, inútil, muerta. Me has quitado mis intereses, mis ilusiones, mis ganas. Me obligas a rendirme, a aislarme, a perderme, a prenderme fuego. Entraste por la fuerza en mi hogar y vaciaste con tu fuego abrasador la luz, la riqueza, las formas y ahora entro en él para que me absorba la oscuridad.
Repuestas tiendes como hilos de araña nocturnas y apáticas. En resumidas cuentas un desbaratado reajuste de cuentas con la realidad soñada. Orquesta septentrional, claros de luna, dolores encontrados, maldad forjada entre las rejas de tu cobardía.
Llamas de valor apagadas por la lluvia persistente, eres un anteayer y hoy ya no tienes ganas. Apenas un perfil inaudito, desdibujado, pensando entre aviesos descalabros. Repites el mantra de un destino entre inmutables innegables imágenes tridimensionales, un San Jorge atravesado por lanzas traidoras.
Saber cuánto queda es casi tan difícil como jurar en arameo. Las hormigas del tiempo se reúnen sus cientos de suspiros trasnochados, vueltas impecables de acompañante de baile, dedos sensibles de pianista, inmemorables abrazos, suspiros en el aire y lanzas de seriegrafías tornadas en orondas sierpes magnetizadas.
Preferimos todo el silencio empapado de las Flores del Corán; es más sencillo que contar con los dedos las horas que se ciernen. No es suficiente con contar el dinero y separa la simiente del céntimo y del centavo articulado en sendos disparates existenciales.
Repetida inconsciente, bárbara y sádica tristeza cobarde y tus ejércitos. No estimo interesante su lugarteniente ni el cruel almirante de una armada esquelética. Ha huido prácticamente todo el mundo en busca de tierras más fértiles y protegidas. No puedo abrir la ventana sin que me invada el humo del tabaco dotado con arsénico que exhalan mis vecinos, siempre horadando mi malestar. Enrabietada y ensangrentada, deslucida y acalorada por un preciado sinsabor, errante y prácticamente cegada por su nívea blancura.
Eres tan torpe como tu hermana solitaria y distante, no surge fácil la necesidad de dejarte en prenda mi aorta. Es simple, está vacía, no alimenta tu codicia en un despilfarro de vacuidad y no quiere decirte nada. no cura las heridas, no surge entre tus bambalinas, forma parte de una simple vida normal, mi simple vida normal, y entre tanto se entretiene con los restos de la boca, y presiente las próximas ataduras.
Tristezas cobardes. Rampantes ecos y descansos que quieren recorrer las plantas de tergiversadas noticias ciudadanas de dudoso interés. Están grandilocuentes, se sienten imponentes ante sus palabras vacías y son lazos bisiestos de dudosa vistosidad por su vacío en ciernes.
Recorro los meridianos del placer y albergo dudas maliciosas en tanto en cuanto no arruinen la velada del señor embajador; tome una parte, se la entrego en mano, cuando quiera el andino duque le estornudará encima. No, por favor, no transmute el conocimiento del tiempo, el tiempo es irremediablemente oro, para que nadie estimule el crecimiento cero por encima de los límites desafiantes.
Es fundamental inquirir el significado del terraplén y sufro con varias variedades de cuadros y esplendores, siempre y cuando lluevan cenizas en las canastillas. Nadie quiere encontrarse fuera de una posible malversación de síncopes y notas adiestradas en fiasco. Es fundamental que entre tanto caiga la tierra y se organice suntuosamente en un carrito de bebé con hielos. Es suficiente recomponer el lirismo reconcentrado para no servir de nada al expectante público rapaz y trapichero.
Es como una ventosidad tan grande como una comarca; amiga, no vaya a ser que nos lo están contando y nadie cuida la compostura. No sé lo que estoy escribiendo; todo empezó con el pánico de que se trivializara la tinta. Luces y trabajo. El lugar de hoy era un nicho de sueños sexuados atrapados en cubiertas inalcanzables que resisten.
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miércoles, 7 de enero de 2009
Blank book
Me abro como un libro abierto y precinto mi mesa. No se tarda casi nada. Zafarrancho de combate, estáis todo el mundo invitado. Repito latencias varias para el gozo en compañía. Sabría de qué estoy hablando si tuviera consciencia, pero no sé dónde encontrarla. Me pesa el saber y prefiero el latido del fonendos para acabar con la rabia que llevo dentro.
Mírala, mírala, mírala pasar pero no creas que es un resquicio del naufragio; no, no, es más bien un vibrar turquesa y malva resplandecidos, que quiero albergar para siempre, conmigo.
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martes, 6 de enero de 2009
Hielo, cubitos de hielo

Hoy es un día que empezó cálido, esperanzador, lleno de ideas guays y de repente se ha convertido en purititos cubitos de hielo. ¿Qué demonios ha pasado?
¿Será que la emoción y desconcierto de las larguíiiiiiiiisimas Navidades ha dejado desiertas las calles y los corazones? Yo tengo claro mi problema. Me he pasado la tarde con mi padre y sus interminables preguntas malhumoradas (repite la misma cosa aproximadamente 25 veces la hora) y me he quedado aplanada. Además, ya van dos reproductores divx que se van a la porra estas Navidades, joer, y yo que quería ponerle a mi madre tres películas para que derivara de la situación familiar.
En fin. Me encantaría una descarga de dopamina o similar. Es uno de esos momentos raros en los que ves doble, tienes hambre y te sientes acabada. Además Marcel Proust se ha pasado un par de horas de mi vida hablando de la iglesia y el campanario de Combray, y no me gustan nada ni las iglesias ni los campanarios, me agobia todo lo eclesiástico, lo litúrgico, y ha coadyuvado a deprimirme.
Creo que no tengo ninguna comedia que echarme a la boca, arggggggggghhhhh. Ayer fue un día muy especial y la mañana de hoy también, menudo cambio de disco. ¿Me quedará alguna película de Fanny Ardant?
Son días en los que pasas unas horas explorándote para ver qué es lo que te pasa y te resistes a comerte algo salado y saciante para que el sodio te devolviese la frescura, porque quieres que pase de forma natural, la frescura. Y mientras tanto las ondulaciones de la serotonina crean isóstatas e isobaras y tú estás pensando y preocupándote y te imaginas que todo lo que hagas daría lo mismo, porque no iba a mejorar el día así. Pero tampoco te resignas a irte a dormir porque eso sería haber dejado el día en blanco y eso no te satisface; no te lo pones muy fácil.
Sabes que la gente se fuma un porro y, si no les da bajón, se van luego al sofá o a dormir, y se tragan todo con una medio sonrisa. Piensas que otras personas se toman un trago o fuman más de la cuenta o arrasan la nevera o llaman a todo Cristo viviente, pero tú te quedas pensando que encima debes ser más idiota que los demás.
Y no dejas que la mente tenga su barbecho en solitario porque pensamos que siempre hay que ilusionarse, y vivir a tope, ser úber todo, y a lo mejor, sin necesidad de espiarte, mañana has descansado esa cabecita loca y todo vuelve a estar en su sitio, como estaba, hasta tus pensamientos.
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lunes, 5 de enero de 2009
Excitación cardíaca
Cuando leo me dejo muchas cosas para luego - por ejemplo: vestir mi lectura con la reflexión. Leo rápido, me zambullo en las palabras como si fueran un magma, un maná, un soma, pero debiera degustarlas sin miedo a perderme la próxima página, el final del libro, la posesión de 600 hojas entre pecho y espalda.
Tal vez, lo que se lee es frágil y móvil, como la vida. Las páginas se suceden tan rápidamente como los segundos, pero gracias a la escritura sí hay vuelta atrás. La hay tanto para la lectura que utilizas para revelarte y reinventarte tus días pasados, como para la vida en futuro, que gracias a la escritura se vuelve tridimensional y cubista. Las sombras se convierten en ecos al igual que los perfiles, ideas y sensaciones encarnadas en mi piel sedienta.
El dolor físico en su recuerdo se resuelve en páginas de palabras quebradas, sólidas, metálicas, que sondean al mismo tiempo la pureza de la ternura hacia las cosas que sufren, como los libros, por ejemplo. Como soy hija de cardiólogo a las páginas de un libro les investigo el ventrículo (derecho) y la aurícula (derecha), pero como me gustan menos las caras derechas, a veces volteo las páginas hacia su izquierda para leer en retroceso como un libro en árabe.
"El músculo cardíaco es miogénico. Esto quiere decir que, a diferencia del músculo esquelético, que necesita de un estímulo consciente o reflejo, el músculo cardíaco se excita a sí mismo"
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sábado, 3 de enero de 2009
El unicornio ya no está
Expiaciones bellas y rebeldías sanas.
Pretender que las subsidiarias escamas del día se entremezclen y clamen compensación por las vitriólicas imposiciones de los dulces trasiegos, de los pases continuos de horas, es irrelevante. Como también lo son los territorios morales, las existencias morales, las subversiones inútiles, las mentes encalladas, los inciertos valses en las cimas de los acantilados.
Todo es tenue y traslúcido, pero imberbe y trasversal como los centauros simples y las huidas premeditadas, los viajes con bolsas de cuero, las rocolas de arcadia, las almenas históricas, los rostros helados, las influencias bíblicas florales, los aromas impenitentes sin esfuerzo, la primavera en capullo y el invierno cenital, el que no sabe a fresa ácida, el que permuta su nieve por cubitos de hielo equidistantes para que no le duela la distancia entre estaciones de tren, o entre barrios sepultados o escalafones lisos o rondas nocturnas, todas ellas milenarias e inacabables como los virus otoñales o los santos griales, sin desdenes, con ímpetus desvanecidos, apenas legibles y en forma de vaina de guisante con nombres científicos en latín y cursiva y pretéritos en griego.
Todo ello aderezado por la vida terrestre.
Y mañana suplicaremos a los truenos de conciencia desgreñada un cambio de luces para que los vínculos del agua se vuelvan evanescentes y nos cieguen de dicha.
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miércoles, 17 de diciembre de 2008
Seducir
La seducción, esa gran mentira. Es un bumerán caprichoso y didascálico que aproximadamente tras cuatro meses adosado en una relación hará efectivo su maleficio, su tontería superlativa, la falta de honestidad que lo dinamizaba.
Yo no quiero seducir, yo quiero encontrar sin buscar, adentrarme sin invadir, presentarme sin artificios, como se presenta la lluvia sin llamar en primavera. Como una tormenta de ideas que te asalta de repente porque en realidad, prefiero que me imagines.
Quiero que me llames en silencio y yo adelantarme.
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lunes, 15 de diciembre de 2008
Perfil Ssplash
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Madrid, invierno, 2008
Madrid recoge, revuela y aprisiona. Tanto ilusiones como hiedras, no discrimina. Pero si miras directamente a su punto ciego, si te mantienes en ti, si la miras a ella entonces te arrebola, te revoluciona y te sana.
Hay que mirarla planeando, oblicuamente o de frente (pero con valentía). Es un pueblo manso y torpe con tentáculos de serpentinas. Cada barrio debiera ser el tuyo para apreciar las narraciones que se imantan en la película de lluvia de sus charcos.
En Madrid hay que tener un rinconcito para que el resto de la ciudad no te ruja (y enrocarte en él periódicamente).
Ya no me asustan los calamares en la menor ni las cabezas de cerdo crudas y hechizadas de la Plaza Mayor. Lo que pasa con la Plaza Mayor es que es tierra de saltimbanquis y de juguetes baratos en Navidad. Sus noches estrelladas y abiertas y sus balcones flotantes te recuerdan a Venecia en fiestas. Pero todo eso es un espejismo creado por el espíritu de Lope de Vega.
El metro es vida cuando finalmente llegas, y refugio cuando vuelves. Sin los nombres de las paradas no tendrías identidades urbanas. La línea azul es mágica.
Y tienes razón: lo mejor de Madrid son los paraguas.
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