sábado, 23 de febrero de 2019

Silencio, escucha, cuidados, conexión y espacio


Me doy cuenta de que la introspección es fundamental y que también puede no ser un esfuerzo, especialmente si es honesta, directa y si se inspira en las experiencias de otras personas. Escribir y leer. 

Y para anclarme en el momento presente, voy a reflexionar cómo me siento ahora mismo. Pues bien, tengo algo de sueño, pero no sé si voy a poder dormirme. Quiero hacerle caso a A. cuando me dice que tengo que incluir los cuidados en lo que considero urgente en mi vida, y examinar mis actitudes compulsivas. Y no debo olvidarme tampoco de la idea del espacio que se abre cuando se observa, especialmente dentro del silencio, aunque circulen ideas que parece que quieren hacerse paso y exponerse al mundo (me he dado cuenta de que esto no siempre es necesario ni conveniente). O sea, que cuidados, silencio y escucha, conexión, espacio. Esos son los pilares fundamentales en los que debo apoyarme. Espero no olvidarme.

¿Y cómo puedo enfrentarme a mi trabajo y mis planes y mi día con este planteamiento? Por ahora frenando el ritmo y concentrándome en no desconectarme. Esta es una nueva idea que A. ha puesto sobre la mesa. 


martes, 8 de enero de 2019

Mi espacio interior



Me queda algo por explorar, y es la forma en que voy a explorar mi mundo interior y la observación de emociones y pensamientos. Estoy leyendo sobre ello, pero no reflexiono lo suficiente. Voy a intentar utilizar este espacio para ello. 


viernes, 2 de septiembre de 2016

Desarreglo


Sigo intentando que la narración de mis horas tenga flexibilidad, que pueda expresar mis sentimientos, la correlación de lo que va pasando. Siento el cuerpo desaseado y la mente desarreglada, y mucho cansancio físico y mental. Pero sé que la única manera de continuar y mantenerme expresada en papel, en dígitos, en términos. 

miércoles, 15 de julio de 2015

Plutón y Caronte


Plutón y Caronte, un planeta doble, dos lunas que comparten oxígeno. Las moléculas substraídas de Plutón se convierten en sólidos en la superficie de Caronte. Se muestran la una a la otra la misma cara desde hace millones de años. 

Somos tú y yo. Yo comparto oxígeno y libertad contigo. 

miércoles, 11 de febrero de 2015

Recuentos


Tengo frío, un frío irredimible, como mi cuerpo, irredento. Me planteo despertarme cuando todavía no me he dormido. La realidad parece una carrera de ráfagas asaltando mis ojos entreabiertos. Me estoy deshaciendo. Todo en pos de fraguarme de nuevo. Voy a partir los días en dos para reencontrarme en las mitades de mis dos pasiones. No me gustan las flores cortadas, me aterra el mirar los tallos al aire, las elongaciones abortadas. Pero mis días son como los aromas, emanan y transcurren, pero no puedes capturarlos fácilmente, y yo tengo la obligación de jalonar y jalear la poesía que se esconde detrás de los instantes nonatos. Primero, la poesía, y después las narraciones. 


martes, 30 de septiembre de 2014

Por partes


No sé qué me pasa, estoy hecha polvo. Estoy cansada. Estoy como si la banda cromática y sonora de mi cabeza hubieran perdido su gama y estuvieran acalladas. Voy a probar a tomar de nuevo vitamina B. 

Creo que estoy un poco enferma, y sólo es eso. Me duelen los oídos y los ojos, no es más que eso, pero me hace sentirme poca cosa, aislada y poco creativa. Aún así he conseguido trabajar un poco, y espero sacar adelante el taller del jueves. No voy a pensar mucho sobre ello, tan sólo preparar los ejercicios y ver qué tal va. 

Voy a volver a mi lectura. Mañana será otro día. 

martes, 9 de septiembre de 2014

Time unborn


Time that doesn't run, time that crumbles into an inscrutable fixed moment that seems to last forever. It reveals sameness of other minutes and seconds, it's framed similar, but it neither fades nor subsides. 

And I position myself verging in those gaps, those instalments of time that hasn't arrived yet, of unuttered sentences at my finger tips, and become a believer. 

domingo, 7 de septiembre de 2014

Options


I'm here, forcing myself to write for an entire hour. Not worrying for the speed of light, or the scent of lost opportunity, nor the strangeness. I'm just here: showing up, owning up. Enquiring for words with meaning and with trace, and wondering what life throws at me this time. 

Some sentences sound as if spelled out in grace. Some others are awkward from the minute they launch, and break mid way. Some feel that are not sustained by any strand of imagination, by the literary tradition, that just stop short of the void where their owner pivots. Some are not worth the utterance. 

But the writing must go on, like breathing, like existing, for better or worse. The distance between the back end of the page, of the screen seems larger that life sometimes, but I just have to keep at it, regardless of the questioning that met no answers and just fell unto oblivion back there, where the page dies in. 

These are matters that don't belong to the world, just to the writer. They are not pretty, they are not universal, they are not insane enough to inspire nor to repel, but I've sworn not to leave the page, so I'll keep standing here, as some sort of penitence, perhaps, but with faith as my ally. I could easily hit full stop, but that's just not my style when I have been fighting so hard to be here, to earn a place in front of the page. No, I won't quit now nor never. 

I remember when I had many things to say, when the verbosity swarmed the space between lines, when I could find all those hidden places and anchor myself. Today and for months now that's not happening, but it won't deter me, it won't take away my place, what's mine. I will try harder and work harder, even if I have to teach myself what to do. 

I am ready to flow, I'm not empty, I haven't stopped. I'm just in a state of expectancy, in a realm of figuring out rather than writing it up. And I can't afford to hate it, it's just not an option, imagine that. This is my job, this is my calling, this is myself, and I am looking at her and longing for me the same as usual. I feel that it's been a while, that I've been banished from myself for a long time and that now it all feels different, kind of emptier; I hear the echo, I miss the furniture, I don't recognise the space, it feels almost like moving in somewhere else. 

This is the place I gravitate around and yet I feel so distant from it. But it's an space infinite, it's the ultimate swan's song, there is not end to the silence and no end to the jubilant joy when joy is out. You know that the sentence starting, the cursor blinking, the typewriter carriage hitting a new line can always be the beginning of something great, of a great dance or a symphony, or a small song or a journey. It's like walking and counting your steps, you could be going anywhere as long as you don't stop. 

Yes, writing is like breathing, like looking in, like pursuing your curiosity; and each day you learn a new way that writing is what it is, and you are who you are as long as you keep writing. So don't stop. 

You can wait, you can backtrack and pause, you can collect your thoughts, your speed, your flesh and blood and go on again, always moving forward, always moving, always sensing, always feeling. Never stopping. It's not an option. 

domingo, 23 de marzo de 2014

Written


Sentences written in response to matters of the heart, and tonight it's raining centaurs.

It’s a brief and shaken world.

sábado, 22 de marzo de 2014

Paseando por librerías suecas


Esta noche he podido sentarme un rato después de un día transcurrido como el vuelo de un meteorito. 

martes, 26 de noviembre de 2013

Rain from inside the car


Si no logro hoy ser creativa con la palabra, intentaré serlo con la mirada. Hay veces que los ojos te bailan y no puedes enfocar correctamente la realidad, ni siquiera tu realidad. Y durante esas horas embrujadas intentas reconocer con ojos enrojecidos esas pistas y rastros que la lluvia todavía no ha borrado. Tienes que ir despacio porque la maleza podría aprisionarte. No debes forzar el ritmo para no desorientarte. Mirar debajo de la ropa posada es una manera. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Sitios


Me levanto, mis manos en la cintura, intentando ajustar las costillas en la caja torácica y estirar el cuello (es un movimiento innato que ejecutas automáticamente en el hospital). Mi rango de vista es una circunferencia interrumpida a la que le falta una sección. No tendría sentido darme la vuelta porque ahí no hay nada, tan solo la pared de la pared donde si siquiera soy consciente de que se arrumba otra habitación con otra familia, otro drama, otro dolor.

Tienes la mirada entrenada para saber lo que falta, lo que está en otro lugar, lo que puede mejorar; todo es cuestión de sitio, de cerrarse y abrirse, de quitar y poner: toallitas húmedas, vasos, botellitas de agua vacía, blisters de medicación, etc. Yo no sé dónde poner mis cosas, porque las necesito a mano, pero parece que todo está incómodo si le quito el hueco a las cosas que lo necesitan, que estarán aquí durante semanas rezumando este aire metálico e intransitable. Tengo miedo de que mi móvil se caiga cuando mi hermano coja el suyo y mueva la mesita inestable, de que alguien se siente en mi bolsa, de que el armario se agite por dentro y despegue del suelo, haga un boquete en el techo y emigre al espacio en una bola de fuego.

Mientras tanto no sé qué hacer con las zapatillas de mi hermano porque no se las pone. Siempre que miro en esa dirección ahí están las zapatillas. Mi prima vino ayer y creía que podía arreglarlo todo. No conoce el ritmo diario, ni que los objetos se han ganado su sitio y lo defienden desafiadamente. Todo se ve muy fácil desde fuera, pero cuando vives en este espacio recuperado de un campo de batalla (la enfermedad) o te adaptas al medio o no perteneces a él. Todas las pretensiones que ella tenía de cambiar las cosas le devolvían un saldo negativo. "¿Te pones las zapatillas?". "No". "¿Te pongo la botella más cerca." "No". "¿No querrías cambiarte de calcetines, andas con ellos por el suelo?". "No, que está bien". "¿Quieres que te ayude a enderezarte?". "No, no ... deja". Mi prima se pregunta cómo se puede vivir así, con la cabeza fuera de la almohada, el cuerpo a través del colchón en posición fetal desdoblada, la mitad de las piernas salidas de la cama; yo también, pero eso es normal. Ella se va apesadumbrada, ni siquiera su visita la reconforta ahora. Yo me voy para oler aire vivo y traérselo a mi hermano mañana en un frasco de bocas frescas y flores magnetizadas de septiembre.

viernes, 30 de agosto de 2013

Las razones

My own brain is to me the most unaccountable of machinery - always buzzing, humming, soaring, roaring diving, and then buried in mud.

Virginia Woolf

La enfermedad de mi hermano es como una enorme manta de humedad que encharca todo. Empapa mi cerebro y hay algo dentro que queda como inerme, indeciso, paralizado entre encrucijadas.

Hoy he tenido un día en el que me he dedicado en brazadas de tiempo muerto a la cuestión filosófica de cómo justificar la ausencia de productividad. Tenía la cabeza atorada, como un jarrón de flores sucio y desarreglado, y mis ideas eran como sus hojas acorchadas y estremecidas. No me daba cuenta de que el talento no consiste en hacer que las horas fluyan con la tarea justa y se acoplen las unas a las otras como en un perfecto puzzle. La verdadera hazaña y medida del ingenio consiste en sobrevivir a nuestra inoperatividad vital cuando la cabeza no rige o no convence o no ilumina. 

A estas horas de la noche continúo entonando la lastimera letanía por un día desaprovechado, la misma que comencé esta mañana. Y ahora necesitaría una llave inglesa mental para retroceder el destino de hoy. Pero no debería quejarme porque he hecho un poco de todo, aunque no haya conseguido todavía la argucia suficiente que me permita dedicar cuatro o cinco horas a la escritura. 

Este mes de agosto ha sido espectacular por su inmensa fruición y revelaciones. Hoy ni siquiera es viernes todavía, y aunque siento que tengo la mesa a medio poner, la verdad es que mi subconsciente se acerca a una solución definitiva. 

Tengo bacilos hospitalarios circulando por mis neuronas y mis leucocitos, no debería pedirle demasiado a la cabeza, y tal vez sí al corazón. 

martes, 27 de agosto de 2013

Lugares comunes


Es increíble cómo es posible reiterar tus rutinas al volver al hospital. Entras en ese pequeño ecosistema mecánico donde te llaman "acompañante", "familiar", y te reducen a una estructura estanca de la que el personal del hospital se blinda. Eres un resorte para lanzarte frases hechas, consignas de su gremio, respuestas enlatadas con las que ignoran tu reacción: "No podemos facilitarle esa información", "tiene que hablar con su médico", "salga de la habitación un momento, por favor", "ahora le atenderá su enfermera", "no sabemos cuándo se le subirá a planta".

Ayer se infiltraron bacilos hospitalarios en mi cuerpo, al llegar a casa lo he notado. Siento una creciente disipación eléctrica en mis músculos,  un enjambre furioso de diminutas moscas de la fruta detrás de la frente, y una nube de esporas malignas escociéndome los senos paranasales. Me he despertado con esa sensación de desorientación tan típica de levantarse incubando algo. 

Por lo demás el día y la madrugada de ayer fueron un acomodo a los tan bien conocidos momentos de déja vù. Ya sabíamos cómo era la persona aséptica de recepción de las urgencias, las salas nombradas por números donde te hacen el primer reconocimiento, lo brillantemente blancas que son, la actividad frenética que se deja entrever desde el fondo donde se tratan las urgencias, los pasillos semioscuros que engullen los box, la camisola prensada y almidonada que hay que ponerse, la bolsa que contiene la ropa con la que entraste, el saber que eres una persona más, una de muchas que en la tarde-noche de hoy tiene que ingresar en el hospital. 

Conocemos bien lo que es esperar en el box donde entra y sale gente constantemente, donde te preguntan lo mismo una y otra vez; la incomodez de las sillas, congelarse con el aire acondicionado de la habitación, la sensación de esperar durante horas y hacer muchas preguntas que siempre quedan en el aire: "Eso se lo tiene que explicar su médico".

Es una sensación que sería familiar si no tuviera la densidad de un tiempo que se vuelve viscoso, que te incorpora a su naturaleza expansiva, que te retiene durante horas y horas sin avanzar. Sé perfectamente que los kikos de la máquina son duros, que las botellas de agua valen 90 céntimos (pero son más baratas que las de la cafetería); que la gente que está en la sala de espera de familiares te invade con sus conversaciones de móvil sobre la persona enferma, cuánto tiempo llevan ahí esperando, quién tiene que organizar el coche, la casa, los relevos. 

Cuando no sabes dónde mirar se te queda la vista magnetizada a las bolsas de sueros, como si con cada pestañeo cayera una gota más. Cuando te duele el cuerpo de cuadricularlo en la incómoda silla de acompañantes, te levantas y recorres el cuadrilátero obtuso de la habitación para luego concentrar tus músculos y tus huesos de nuevo al espacio inflexible de la silla. 

Es como recorrer el espacio y el tiempo en una correa mecánica que te ha vuelto a llevar al mismo sitio.

sábado, 24 de agosto de 2013

Pequeñeces


Se acerca septiembre, un mes de acción, resolutivo, expectante.

Intento acercarme a las sensaciones que me embargan, y decido solucionar temas pendientes y embarcarme en otros proyectos que alimenten mi afán de superación. Hoy he tenido una conversación importante con mi madre en la que le he hecho ver que lo que puede hacer para sentirse mejor en su vida, dejando a un lado los problemas y graves responsabilidades que tiene, es tener una lista de cosas pequeñas que sólo tengan interés para ella misma, aunque tal vez no signifiquen demasiado para otras personas. Cosas que al realizarlas le hicieran sentirse mejor.

Le hablé de que los libros que estoy leyendo ahora, aunque esto no tenga ninguna trascendencia para otras personas, son los más bonitos y enriquecedores de toda mi vida. Y mis pequeños proyectos (de los que he recortado el gran plan de conquistar el mundo y hacerle admirarme y reconocerme) son los que consiguen revelar verdades diáfanas, haciéndome ver quién soy realmente y de lo que soy capaz.

Se trata de reconocer que lo que mejor nos hace sentir y lo que realmente nos permite acumular momentos de felicidad son las pequeñeces.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Indianápolis


Antes de bajarme de la cama, pensé: "Esto no va". Luego intenté recordar que cuando me siento así, a menudo el día simplemente remonta, y el mal despertar me parece algo anecdótico, remoto. 

A medida que iban pasando las horas me daba cuenta de todas las equivocaciones que se habían acumulado en este día, y cómo me estaban haciendo pagar por ello. Aún así, he continuado probando esto y lo otro, porque muchas veces sólo necesito mantenerme ocupada y que me salgan los proyectos para evitar esa sensación de vacío y derrota. 

Después me di cuenta de que no tenía comida hecha, y que tampoco podía picar nada. El día estaba bastante roto y no iba a ponerme a cocinar para presenciar cómo se me escapaban las horas como lagartijas delante mío sin haber podido solucionar lo que estaba pasando. Pero el hambre siempre me pone de mal humor y me causa una sensación de ahogo en el pecho. Por supuesto quise salir adelante con un café, qué prisa tenía, y la cafeína simplemente me reforzaba el hambre y me aceleraba sin que las cosas que estaba haciendo tan rápidamente se solucionaran antes o mejor. 

Es más, empecé a sentir que perdía cierta coherencia, aunque la coherencia si no se deja coger la persigo raudamente, con convicción, y la prendo a la pared para que me siga permitiendo llevar a cabo el plan del día, o por lo menos agarrar las situaciones y solucionarlas, y que luego parezca que el día estaba bien planeado.

Comenzaron a salir las cosas, pero aún así no terminaba de estar convencida, además me había entrado la paranoia debido a varios factores y no pude disfrutar del todo lo que estaba haciendo. 

El día se me escapaba entre los dedos, y no terminaba de entender por qué no conseguía tener esa sensación de miedo ordenado, de saber que aunque lo has hecho todo mal o lo has preparado nefastamente todavía es posible recuperar la sensación de valía, de ilusión, de fortaleza. 

Me ha estado picando la cabeza todo el día, y tengo las uñas demasiado largas. La piel también me picaba por el calor y me la rasgaba con las uñas, cosa que no estoy acostumbrada porque las uñas siempre me las corto, y no es lo mismo rascarte de una manera o de otra, la piel no la sigues igual con las uñas que con las yemas. 

Mi lengua tenía un sabor raro, salado, y he estado exprimiendo saliva con ella y los dientes de forma constante, automática, como hacemos en mi familia. Me he estado frotando las cejas y el comienzo del pelo en la frente hasta que me ha entrado dolor de cabeza. Me he pasado todo el día mirando a las pantallas con los ojos apretados, escépticos, achicados; las cejas arrejuntadas y fruncidas, acercándome cada vez más al monitor y sufriendo fotofobia.

El teléfono ha sonado muchas veces; las cosas se han complicado, luego se han arreglado. Sólo he pasado lo justo al teléfono. 

Tuve que irme de casa y salir de mi propio espacio mental, pero donde fui no me calmó lo más mínimo, es más, salí algo cabizbaja y culpable de haber querido huir. Para entonces ya eran las doce de la noche, y parece mentira que sólo fuera hace dos horas. Porque en estas últimas dos horas parece como que poco a poco las cosas recuperaran su rumbo, aunque siga sin tener suficiente comida en la nevera, o mañana pueda ser un día de excesivo calor y ruido. Por ejemplo: se me ha estropeado uno de los ordenadores, como es natural, y estoy arreglándolo ahora mismo con una utilidad de software que espero funcione, aunque no estoy segura. 

Pero el tiempo que no le he podido otorgar a las cosas que me hubieran calmado esta mañana lo estoy utilizando ahora en esas mismas cosas, y me pregunto por qué no me he organizado desde ese despertar malhumorado de esta misma manera, y si mañana volveré a cometer el error de empezar la casa por el tejado por eso de que a veces te gustaría vivir en el tejado. 

domingo, 4 de agosto de 2013

Redenciones

Tengo una valija embalada de sueños sin cumplir. Una lista escrita con letra escarchada y tinta deshecha, un volcán que ha desaparecido sin dejar rastro, sin estela de cenizas, sin embargos en el alma ni pétalos iridescentes colgando del aire. Sueño con cosas simples que pueda encontrar en una arcón olvidado, en el umbral de un pasillo, o unas mentiras sin dueña. Quiero una bebida de líquido enfrascado en hielo, de fruta transportada en bandejas de mimbre en flor, y raudos deseos de libertad. Son las promesas del alma que viven para  siempre, que me recuerdan las tonalidades de un pasado dichoso que lucha por volver.

Me encuentro en una habitación cuajada con las hileras de luces entre los tablones de la persiana. Muy pronto rendirá el sol sus últimos y vibrantes reflejos, es la hora bruja del tocador de una madre, del amor florecido, de las sábanas incendiadas. En breve me entregaré al principio de las cosas importantes que comienzan con un paso al frente de un camino. 

miércoles, 3 de julio de 2013

Huellas


No es como quieres que sea sino como es ... Sigue tus {propias} huellas ...

viernes, 31 de mayo de 2013

Lejos

Mañana es un día para encontrar los puntos de apoyo. El sueño de esta noche sirve como vacuna, y me quiero inmunizar contra todos los males. 

jueves, 30 de mayo de 2013

Crisálida

Tras una noche completamente en vela, el día ha transcurrido como si no fuese real, como si los minutos estuvieran hechos de vapor de agua y todo fuese veladamente onírico, imaginado. Una historia mal contada que quieres apresurarte a enmendar, pero ya no puedes, es demasiado tarde. Es como estar instalada en una dimensión que se encuentra en la periferia de la realidad, aunque es más real y mordiente que la vida misma.

He tenido momentos para pensar en cosas muy serias, para plantearme la dureza de la situación, lo que va a suceder, y tratar de imaginar cómo, cuándo pasará, qué haré, cuáles son mis responsabilidades. Y luego ha habido momentos en los que estaba situada fuera de los acontecimientos y observaba al tiempo mismo, veía cómo transcurría el día desde el exterior, cómo el discurrir de los minutos y las horas parece un juego de magia a merced del gran prestidigitador del destino. Estoy observándome de forma meticulosa porque quiero controlar mis emociones, no puedo dejar que se conviertan en una marea que me arrase, y porque quiero localizar ese lugar de calma y serenidad que encontré cuando se estaba muriendo mi padre. La situación ahora es bien distinta, pero esa fuerza que radicó en mí sin que yo supiera de dónde había salido existe en alguna parte, y creo que volverá, que yo lograré situarme allí de nuevo.