domingo, 7 de septiembre de 2014

Options


I'm here, forcing myself to write for an entire hour. Not worrying for the speed of light, or the scent of lost opportunity, nor the strangeness. I'm just here: showing up, owning up. Enquiring for words with meaning and with trace, and wondering what life throws at me this time. 

Some sentences sound as if spelled out in grace. Some others are awkward from the minute they launch, and break mid way. Some feel that are not sustained by any strand of imagination, by the literary tradition, that just stop short of the void where their owner pivots. Some are not worth the utterance. 

But the writing must go on, like breathing, like existing, for better or worse. The distance between the back end of the page, of the screen seems larger that life sometimes, but I just have to keep at it, regardless of the questioning that met no answers and just fell unto oblivion back there, where the page dies in. 

These are matters that don't belong to the world, just to the writer. They are not pretty, they are not universal, they are not insane enough to inspire nor to repel, but I've sworn not to leave the page, so I'll keep standing here, as some sort of penitence, perhaps, but with faith as my ally. I could easily hit full stop, but that's just not my style when I have been fighting so hard to be here, to earn a place in front of the page. No, I won't quit now nor never. 

I remember when I had many things to say, when the verbosity swarmed the space between lines, when I could find all those hidden places and anchor myself. Today and for months now that's not happening, but it won't deter me, it won't take away my place, what's mine. I will try harder and work harder, even if I have to teach myself what to do. 

I am ready to flow, I'm not empty, I haven't stopped. I'm just in a state of expectancy, in a realm of figuring out rather than writing it up. And I can't afford to hate it, it's just not an option, imagine that. This is my job, this is my calling, this is myself, and I am looking at her and longing for me the same as usual. I feel that it's been a while, that I've been banished from myself for a long time and that now it all feels different, kind of emptier; I hear the echo, I miss the furniture, I don't recognise the space, it feels almost like moving in somewhere else. 

This is the place I gravitate around and yet I feel so distant from it. But it's an space infinite, it's the ultimate swan's song, there is not end to the silence and no end to the jubilant joy when joy is out. You know that the sentence starting, the cursor blinking, the typewriter carriage hitting a new line can always be the beginning of something great, of a great dance or a symphony, or a small song or a journey. It's like walking and counting your steps, you could be going anywhere as long as you don't stop. 

Yes, writing is like breathing, like looking in, like pursuing your curiosity; and each day you learn a new way that writing is what it is, and you are who you are as long as you keep writing. So don't stop. 

You can wait, you can backtrack and pause, you can collect your thoughts, your speed, your flesh and blood and go on again, always moving forward, always moving, always sensing, always feeling. Never stopping. It's not an option. 

sábado, 4 de enero de 2014

Unplugged

Lost the connection ...

jueves, 26 de diciembre de 2013

La montaña mágica


En la oquedad de la oscuridad a veces se encuentra la efervescencia de la paz interior. Los pequeños sonidos se agrupan para darle forma a tu respiración, las impresiones del día sobre tu cuerpo se repliegan sobre sí mismas. Las formas encaramadas a la luz mínima representan el paisaje nocturno. Es fácil hallar resplandores escondidos.

martes, 17 de diciembre de 2013

I Know That You Know That I Know That You Know



viernes, 13 de diciembre de 2013

some words I know


New typewriter


martes, 19 de noviembre de 2013

Mechanical


Machine parts are like words in a poem. They fit right in, they swing and rotate, they backtrack, they chuckle and slide and brake. 

viernes, 30 de agosto de 2013

Espina dorsal


Por la mañana escribes mejor. Te enfrentas (porque es un cara a cara) con las palabras y los abstractos que emanan de tu mente, y aceptas las invenciones que se te ocurren. Algunas frases no transportan las resonancias que te gustaría inyectar en el texto, y algunos segundos pendulan entre los tiempos muertos y las proyecciones a medio camino entre la pantalla y tus ojos de vista cansada. 

Hoy quieres decir la palabra cierta, y buscas la frase completa, aunque no tenga significado. Por las mañanas escribes mejor porque no tienes nada que decir apenas sobre el día que empuja y mueve los hilos de la vida de otra gente en la calle, pero que a ti no te sabe a nada todavía más que a café y a un desayuno calórico forzado.  

De repente se acaba agosto, un mes de promesas y manojos. Un mes que ha durado casi más en el corazón que el verano entero. Esta noche no he dormido bien, el estómago me ha tenido en cuarentena. Luego la mañana ha empezado con la firmeza de mi aliento de café pulverizado en el ambiente como por un aerosol, pero mi cabeza es como una meseta expatriada, plana y ancha donde el polvo se ha asentado en un seno caliente.

Entiendo que se pueda escribir por la mañana porque estás flotando en el tiempo recién medido, y si te resguardas en uno de sus pliegues la sombra te ayuda a ver el interior de tu mente. Los ojos los tienes abiertos pero alejados de lo que ven enfrente suyo. Es como si vivieras en un principio sin principio, en unas horas que se miran al espejo perplejas de ser horas, de durar sesenta minutos.

Y la fecundidad de la mente, el paisaje, el terreno se encuentran mucho más a mano. Escribir es más fácil porque no exige una atención profunda, el centrarte, el ignorar lo que hay a tu alrededor, porque todavía no te has despertado a lo que te rodea, y si sigues escribiendo continúas sin ser demasiado consciente de ese circo que tan a menudo comienza a montar su carpa justo a cinco metros de distancia de tu propio lodazal.

sábado, 17 de agosto de 2013

Noches que cuentan



Me preparo para salir. Primero me muevo, luego me detengo. (Pre)sentir. 

martes, 13 de agosto de 2013

Buques anfibios


Hoy me duelen los ojos, y no sé si es porque he contemplado mucho o porque he convertido mi vista en una lupa para observar los objetos y las palabras de una manera cubista. Tengo un dolor de cabeza que emana del dolor de ojos, como si en mi cabeza estas ideas destiladas que he visto se hubieran convertido en bolas de billar y hayan rebotado por todas las esquinas hasta empujar la negra. 

En realidad estoy pendiente de saber qué es lo que significa lo que he visto, la trascendencia que tiene. Estoy sometiendo a mi cerebro eléctrico al consumo diario de miles de palabras, y todas las intento asimilar. Todos esos significados se convierten en energía en el juego de canicas cósmico de mis neuronas, y no sé cuál será el resultado. Las palabras van derechas al desván del subconsciente, y la verdad es que hoy no siento que tengo acceso a ellas. 

Voy a irme a la cama a descansar o tal vez a retomar esa conversación conmigo misma y el mundo exterior colapsado en mi memoria. 

martes, 6 de agosto de 2013


Agosto errabundo

Seguimos intentando la revolución inteligente de las tundras en verano.

Luego el siguiente paso sería hablar de la realidad, que es lo más extraño que hay, y yo hoy me encuentro en una realidad paralela. Me estoy situando en un plano prendido al presente para poder operar con mayor libertad. Es un sitio interesante para la observación.

He estado explorando otros sitios y otros semblantes. En estas vidas se reúnen los cuatro tiempos de un compás. Es llevadero, es absoluto, es contundente, es impredecible. Tal vez dé confort la retahíla de incompatibilidades surgidas al ritmo, alrededor, impresionantemente.

lunes, 29 de julio de 2013

Ideas


No provienen de esta ansia, ni se turnan en hileras. Provienen de cientos de momentos diferentes, como la ingravidez de la espuma. Es como querer emular la dimensionalidad virtual de las tundras en verano. 

viernes, 26 de julio de 2013

Déjà vú


Continúo mi trabajo, aunque algo aturdida. Estoy volviendo al ritmo usual en el que volver a aprender a combinar la lectura, la escritura, la comunicación externa y mi trabajo artístico en justa medida. Sí, es un poco complicado. 

Siempre que trabajo en mis proyectos me canso, y como consecuencia de esto me acelero. Es como si tuviera que poner filtros en todas mis actividades para sincronizar sus ritmos, porque todos van a ritmos diferentes formando isobaras y líneas tangenciales, y cada tipo de actividad me provoca una marea del subconsciente internamente, entre bambalinas, a la que luego he de darle cabida. Y así cada una se sumerge debajo de la otra, y crea nuevas mareas y hasta pequeños tsunamis. 

Es posible que fuese  

Lo ideal sería involucrarme pronto en un proyecto que integre todos mis intereses y líneas vivenciales y de trabajo. Esto sería posible, y tal vez no lo haya intentado nunca. Tal vez el enamorarme ha aspirado a esto. Espera, estoy sintiendo un déjà vú tremendo. Creo que he escrito esto en algún otro momento ...

miércoles, 24 de julio de 2013

Culminaciones

Se acumulan en mi mente frases desbandadas como esas bolsas de la compra que guardo en la cocina, todas apretadas las unas contra las otras formando puzzles tridimensionales con el absurdo, el absurdo al que encontrarle sentido y destino.
 

Los dos objetos irreconocibles

Quiero llegar al conocimiento por diversos medios, no todos a mi alcance. Pero hay una ruta directa e instantánea, y es la inmersión escenificada, la falta de aire sin pretextos, la mediación de tu lateralidad y la salida inesperada que sin embargo encaja perfectamente.

No quiero rebuscar en la terminología pero la simple exposición a la cuestión sin definir, al intermedio, a la desnudez expresa y los cabos cortados. Para marcar tu ruta es suficiente integrarte y situarte en el lugar adecuado donde suceden verdaderas maravillas.

En el fondo es como sentarte en el camino y esperar sin la capacidad de dudar nunca, sin impaciencia ni prisa. Porque es ahí donde debes estar, donde construirás tu casa y te resguardarás en su sombra, verás las plantas del prado crecer y forjarás tus raíces; ahí, sin mover un dedo en realidad.

Esperas y te lo vas planteando, tu oído se hace cada vez más fino, tus manos más fuertes y capaces, tu cuerpo flexible, tus movimientos precisos. Comienzas a crear tu propio calendario mientras ves cómo la noche gira y seduce al día, y apuntas detenidamente los detalles del cambio de estación. Convives con los climas y recoges las diminutas cosechas que crecen a tus pies mientras el caucho de tus sandalias se hace a tu huella.

Al rozar tu propia piel recorres senderos, retomas ubicaciones, imaginas rectas y curvas y recodos. Al apresar tus palmas recobras la sensación prensil y reflexionas sobre la horizontalidad del aire y la verticalidad del espacio intermedio, y en su conjunto reproduces fácilmente en tu mente la tridimensionalidad del paisaje, de las formas, de las ideas, de los planos temporales, de las ubicaciones.

Sabes que los sabores no son absolutos, que no pretenden capturar tu sentido del gusto, tan sólo evocar momentos y lugares y expectativas e instantes.

No quieres emprender la búsqueda, sería inútil, sería desaconsejable, sería dejarte vencer por la inercia, sería desinformarte, convertirte en un objetivo sin cabeza, ni cuerpo, ni historia, ni recorridos.

Puedes explicarte y explicarlo, pero siempre parecerá poco atractivo o una quimera o una opinión más, y ni siquiera es eso. No es una decisión es una actitud, un reconocimiento a la veracidad de aquello que has contemplado, vivido y sufrido. No pensabas encontrarlo tan rápido. Didn't think you'll find it at all, in fact.
 

lunes, 15 de julio de 2013

The elephant in the room

Tengo una hora para trabajar en mi escritura. Entiendo por qué la mañana es un buen momento para desplegar las alas del subconsciente. Cuando inicias el día parece que preparas el comienzo de algo, de un abstracto, ni siquiera es necesario definirlo, pero el ciclo vital te lo pone bien claro, y eso es suficiente para que fluyan las palabras desde el principio de la curva con la excusa de una narración por venir.

La narración en sí tiene forma, es una elipsis, un interrogante, un cursor intermitente, una ocasión perdida o ganada. Si te permites avanzar sin pedir permiso, sin rogar, sin miedo, sin ceder a la presión de darle a la tecla de retroceder, esa inocencia de las horas tempranas será la mecha que te haga situarte en un espacio de creación, un lecho para el descubrimiento.

Lo que noto ahora que tengo el ánimo afectado por un valor descendiente es que me planteo mi vida, me hago preguntas, reproches, experimento un tapón en el progreso de mi futuro, echo de menos desesperadamente un plan que funcione. Pero la vida es como narración, un fluir constante whether you like it or not. En ella la calidad ni siquiera es lo que importa, es simplemente un avanzar por los minutos, un devanarse por los espacios del tiempo, un trepar por las inconsistencias del presente, un allanar el camino, un camino que no es menos camino por tener fin.
 

domingo, 2 de junio de 2013

La frase que me diga lo que tengo que hacer. 

sábado, 4 de mayo de 2013

Endurance and style

Just like quickening sand. A grand entrance into dry skin. Reverie. Exiting the chase towards regular intention and action. 

It has no meaning if it doesn't regenerate amongst reruns of speedy returns. 

Writer lookup: cedars (wavering)

Prestar palabras (sin denominación)


Hidden from view. 

jueves, 25 de abril de 2013

text

Before you go and tell everyone about it, write it on an envelope.