miércoles, 24 de noviembre de 2010

Invenciones



Lo que queda es un mundo articulado como un monigote de papel de periódico. Un mundo en salazón, un mundo manido como un objeto de madera tocado y guardado muchas veces en un cajón. Un mundo más cercano.


Un mundo especial, a tu medida, algo evasivo, como un regalo que también puedes colorear y envolver en papel de fiesta en una caja de cartón grande, amplia. Un regalo de esos que se amontonan unos sobre otros, que al agitar suenan. 


Un mundo lleno de objetos, de trozos, de mirillas, de invenciones, de libros, de filigranas, de mesas de estudio y ventanas a la calle, pero sin ruido. 


Un mundo con luz, con rellanos, con madres. Un mundo que puedes llevar como un zurrón, que huele a campo y polen. Un mundo donde lo ves todo y que te deja tener un horizonte al que asomarte. 


Un abarcar lo inabarcable, como con un cubo de metal en el agua. Un mundo donde hay palabras que son cosas, que son tú. 

martes, 23 de noviembre de 2010

Trabajando



Estoy trabajando en LAC, mi película, y espero ponerme a tono y poco a poco, a lo largo de los meses, recuperar la confianza en mí misma y volver, volver, volver a mi personalidad perdida. 


Quiero ser libre, pero no quiero hacerlo a costa de insuflarme, hincharme como un pavo real y perder la perspectiva de la realidad o de mi vulnerable yo interno. Tal vez ahora sea posible crecer con lo uno y sin lo otro. Quiero ser independiente de los efectos de esta enfermedad; no deseo ni la caída ni el fulgurante ascenso. 


He confundido muchas veces la pasión con la razón. Pero la pasión estaba cargada de nitroglicerina.  

jueves, 18 de noviembre de 2010

Primeras sensaciones reveladas



Restándole razones y manteniéndome suspendida en el aire, esperando que un aspa de cambio de rumbo, de situación revele sus intenciones y resida en mí. Surcando la ribera de lo posible y sabiendo lo que significa. 


Recabando informaciones, cédulas de compromiso, placebos naturales. Con tolerancia hacia mí misma, simbólicamente, reduciendo a un mínimo el acuartelamiento de las excusas y las actividades de la periferia. 


Rodeando la síntesis, el imperfecto, las realidades, sintiendo todo el peso específico pendular en mi cuerpo, que contiene tanto el envoltorio como el porvenir. Visibilizando remisiones posibles, encuentros cruzados, influencias mínimas en otras vidas. 


Pensando en la estructura de la familia, la fragilidad de la generación anterior a la tuya y su no tan lejana pérdida. Tu lugar en este mundo y los repuntes de los límites anteriormente marcados, la relevancia de tus pensamientos. Cristalizando los anhelos interiorizados de las vidas y sus espliegos. 


Enfrentándote con imágenes, intentando zafarte del embrutecimiento de sus formas, rebuscando desesperadamente en tus recursos, intentando engancharte con su ritmo ahora reducido para situarte, para enmarcarte, para vincularte o gestionar una separación mutua. 

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Real snow flakes


Repetimos. Es como cruzar un camino de amianto congelado. El aliento se condensa en prismas poliédricos de racimos emanando incienso incierto. Reprimes el sabor duradero de la adrenalina industrial. Renuevas a cada minuto la promesa de paraíso. 

lunes, 15 de noviembre de 2010

Lugares comunes



Retomas las intenciones a mil revoluciones por minuto encendiendo con hábitos mínimos los cientos de luces de candelas. Pasar el tiempo no es extorsionante. Ver pasar el tiempo es sufrir una herida. 


Te gustaría entregar tus armas y hacer un trueque, pero te encuentras indecisa. Albergas un dolor escueto en un costado, y decides alojar en él tus disidencias. Esperas que esto constituya un esfuerzo contra la incredulidad y la falta de fe que te invade. Defiendes las cargas contra tus elefantes blancos y te desvinculas con los restos del naufragio. 


Esperas las réplicas con los dientes como empalizadas, rezumando sensaciones mixtas en turbulencias. 


Hay miradas que hacen más que mirar porque tú las recorres como el fijador químico de un daguerrotipo. Has creado un bosque animado que buscan retinas complacientes a pesar de la falta del paisaje. A veces pruebas cosas y resulta que se te borra la cinta magnética y te enfrentas cada día con el mismo reto.


Los lugares comunes se encuentran en los baches que se superan.

Brea



Me calzo una silla giratoria y detesto las formas impuestas, las imágenes fáciles de olvidar. 


Tienes que ser posible capturar en líneas trasversales lo que circula, todo lo que se transita dentro de un sueño tramitado por el estupor. Mientras tanto la pez te embadurna la boca del estómago como a la madera de los barcos. 

Pasión



Finalmente me encuentro cara a cara con la depresión, y, como siempre, me deja sin coartada. Ya muchas veces he partido de que todo es factible y que puedes recoger un muñeco roto y compensar sus múltiples pérdidas. 


Añoro las tardes ancladas y rechazo el frío. Quiero espacios amplios, noches largas, veladas sin sueño. Quiero conquistar mi propio espacio, olvidarme de las cosas prácticas, de los aludes de objetos, de los exteriores. 


Quiero seguir escribiendo y encontrarme con suficiente suministro de papel. Quiero escribir sin vacilación, sin interrupciones, durante horas seguidas y noches seguidas. Hasta que consiga acallar los lamentos del cuerpo y relegue sus opacidades. Tal vez lo que tenga que conquistar son las distancias cortas y competir con el vacío. 


Poder vivir en inviernos verdaderos donde se trituran las nieves y las sombras al cerrar las puertas de los museos. El mundo exterior en un tormento cuando no te sirves de él como un descanso, como la interpretación de tu trabajo. El trabajo pendiente ya ha caducado y sin embargo me sigo relegando a la tiranía de finalizarlo. 


Cuando la frase y la metáfora se pierden con la descarga de un látigo inmerecido hay que purgar el lenguaje del interior de su magma, del ciclo de maduración de la pulpa. Si los últimos escritos no me encauzan ni me plasman debo permitir el revivirme y el revisarme. Airear todos los pensamientos, incluso los plastificados, los ciegos, los transitorios antes de agarrar las esporas aerobias. 


Es un peregrinaje dentro de la cabeza para rebuscar el ritmo del tiempo, con pocas concesiones al cuerpo. Y esperar el oxígeno mientras se inhala queroseno. Es la única forma de rellenar el vacío y las noches en vela, de recomponer el mapa para luego retirar las circunscripciones. 


Es lo mínimo a lo que debes entregarte con pasión. 

Minotauros

He de pulverizar las nubes de grajos, los pensamientos que anidan en mi mente y que sueltan quejidos y distorsiones mentales. 

Mi cuerpo no reacciona y me resulta difícil exigirle ciertos gravámenes. Me gustaría levantarme con el frescor de sábanas blancas recién lavadas, henchidas por el viento. Fuerte, motivada, valiente, todo perfecto, capaz de enfrentarme a cualquier prueba. 

Es una fuerte lucha contra la confusión. 

Imposibles



Desde aquí buceo hacia mi estación de destino. 


No es posible quedarme con estas recidivas de estupor. Antes a lo mejor me movía la ira a la acción. Ahora ni siquiera es por obligación. Mi movimiento no es el armonizarme en el momento adecuado, que no controlo ya. Es el ponerse en marcha empinada y costosa, y después ser embestida por un paso en falso del ritmo cadencioso de mi imposibilidad. 

Creencias



Te quieres autoconvencer de que todavía existe un trasfondo, un cajón, un escondite de convicción enérgica e impulsos inseparables, innatos a tu personalidad. 


Pero ahora hay, parece, un gran dedo que los difumina como los trazos embarrados de carboncillo sobre papel. 


Tu voluntad férrea de antaño ha perdido fuerza, y yace suspendida en la atmósfera lejana, como un espíritu nonato. 


Lo bueno que tiene un cuaderno es que los espacios en blanco se sitúan hacia adelante y nadie puede decirte a ciencia cierta que tu mundo es limitado y que nunca más harás ciertas cosas, o que no tendrás grandes experiencias, que la voluntad silenciosa no remontará. 


Esa fuerza de voluntad necesita alegatos fuertes y convincentes. O tal vez tan sólo una mecha para resucitar. Su ausencia me mueve a recordar cómo era anteriormente. Por lo menos no se trata de arrancar espiguillas entroncadas para liberarla. Ahora me pierdo en los preliminares, que me producen una salivación profunda, inesperada. 

Búsquedas y resultados permutables


Mis paisajes interiores son imágenes de papel de calco con pátinas troqueladas y brillos generados en la noche.La complicación de su relieve se resuelve interpretando los indicios de su funcionamiento.

Un croquis de las caídas masivas del nivel de azúcar en el caudal sanguíneo de mi cuerpo. Estupor, torpeza, confusión. La vida es un sueño desbaratado en vivo y en directo.

Quiero memorizar con la memoria cinceles, imprentas, trozos de acero que en algún momento fueron piezas, ensamblajes, hierros, objetos indescifrables.
Y se escribe mejor de noche.

Emblemas inacabados



De paquetes de datos consecutivos, ordenados e inminentes. 

Transcurro algo reducida y encerrada, pero aún mantengo el rastro de mis vísperas. Busco las coordenadas exactas de la cartografía de mi llamada a la acción. 

A diferencia de otras personas, yo a veces sólo puedo seguir mis pulsiones rutinarias conjugadas en un plan de ataque premeditado. Me mantengo en la retaguardia, entre bastidores (oscuros y tenebrosos a veces) rastreando mis cosmologías, reencuentros y velcros extraviados.

No reflexiono sólo con el razonamiento pues éste cada vez me falla más sin la absorción esencial de la intuición. Así que me dedico a afinar ésta, huyo y me escondo de plastificados planarios, busco luces internas y tenues de luciérnagas, y arrullos de tréboles que se esconden detrás de la falda de los brotes tectónicos y sus rebordes afilados de roca. 

Es difícil localizar el estampado febril de las sombras, porque son manchas sobre negro. Estos tréboles son reales y no imaginarios. Son metáforas sonrientes de los rocamboles de las fantasías que se negocian durante mis días. Son criaturas que generan las chispas de rocío y que calientan los vapores fríos de la madrugada como carromatos musicales diminutos, flotando como globos aerostáticos. 

Intensidades



Prosiguen los circuitos correderos que persiguen verdades absolutas, las rinconeras donde se acumulan cuarzos de verdades inéditas, respuestas a cuestiones del alma, inversiones del pasado, piedras semi-preciosas reveladas entre las grietas de los movimientos sísmicos. 


Crecen las dudas, las certezas sobre esas dudas, las pérdidas tras esas inversiones de fe. No es sencillo escabullirse a la realidad. Todo esto está gobernado por los alfiles decadentes de la neurología y los peones neurotransmisores. 


Es una lucha constante por el ser activo frente al reducido, por una presencia corporal de tu consciencia interna, de tus eslabones interrumpidos. 


Gastas demasiado tiempo estabilizándote, dejándote llevar por las metodologías sociales y logísticas del día a día, y al mismo tiempo rechazando las convenciones, las imposiciones externas a tus pensamientos tangenciales, las interrupciones y avasallamientos de los que se te antojan sinsentidos, y que siempre lo serán mientras tu esencia no prevalezca. Es un inconformismo que se sustenta en el análisis agotador que desperdicia tu tiempo y tu desgasta tu energía vital. 


Te gustaría encontrar otro modo, aunque antes lo tenías servido en el plato de otra sociedad, otro país. Pero ya no estás en Londres, ya no te rodea la efervescencia creativa sino las imposiciones de una sociedad que es conformista sin saberlo, que se entronca en el esqueleto histórico de una razón jalonada de anquilosamientos, de dejes improductivos, de sometimientos. Para salir adelante y desmarcarse es necesario caminar sobre los márgenes sin marginarte, rebelarte sin cansarte, trabajar a destajo para olvidarte del ruido, de las imágenes, de la fuerza bestial que intenta hacerte pasar por el aro. 


Necesitas toda una vida  pasada por aquí para entenderlo y liberarte tal vez sin esfuerzo. Es posible, pero para eso debes encontrar tu sitio. Un sitio que está mucho más cercano de lo que parece, un sitio a tu lado, para llevarte siempre contigo, para no desvincularte con tu yo, para ser fiel a tu esencia, para no contaminarte con los empellones tóxicos de una sociedad anclada en un pasado polvoriento. 


Es como salir  de una ciénaga, preparada para un baño en un lago de aguas cristalinas serenas y renovadas. La sensación puede venirte a ráfagas o de inmediato. Pero yo siento que acarreo unas cadenas de acero de las que en el fondo me zafo como una ilusionista pero sin salir de la cárcel. 


No quiero sentir en mi piel los reduccionismos de la sociedad en la que vivo como un sello ardiente que me quema y cataloga. 


En el fondo todo es más sencillo de lo que parece, y antes solía lograrlo con cierta naturalidad. Vivía en ese espacio donde todo lo creativo tenía sentido y conformaba y solapaba mi vida. Es un estado indiferente a tus limitaciones, un sentir luminoso pero que sin embargo no ciega con su luz. A veces es plenitud plexo solar, emborrachada, iluminada y contagiosa. Otras es impertinente, impetuosa. Reside en la suspensión en el momento, en el segundo, en el polvo brillante que viaja en el aire, entre líneas, en ensoñamientos de la razón, en emociones innatas que alimentan la pasión por vivir en tu cuerpo y con tu historia personal. 


Echas mano de aquello que de otra forma no sería más que una avalancha de cachivaches inservibles y entrometidos, de la información acumulada, de la inmensidad de tus bifurcaciones y encuentros. No es un hecho externo únicamente, pero sigue tu propio criterio y no se rinde al sentir público, a menos que quiera compartirlo. 

Hábitos

Y sin embargo prosigue esta sinfonía imperfecta y desafinada. El desorden de trastos, cacharros y artilugios articulados con la memoria de debatir tu vida en otro lugares, de seguirle el ritmo a otros espacios, otros sueños y otras proyecciones. 


Todo aquello se mantiene sellado como una cápsula herméticamente cerrada y enterrada bajo el suelo, con la perspectiva de encontrarse quizás en el futuro y admirarse por las décadas venideras de mi vida. No sé. 


Me gustaría que todo tuviera algún sentido pero en el fondo tal vez esto es una gesta imposible. Quizás todo lo que haces, a pesar de la cronología del calendario, no es más que unos encontronazos con eventos, personas y fases biológicas que no se pueden analizar con una lógica cartesiana. A pesar de mi tremenda voluntad para conseguir cosas, el ideal de una vida encajonada es sus etapas alineadas es una fantasía, es como querer estirar o replegar el tiempo como un acordeón, sin darse cuenta de que no es más que una realidad, al parecer, astrofísica. 


Los hábitos e ilusiones son otra cosa. 

viernes, 12 de noviembre de 2010

Más que hoy

Hoy es un día para dejar pasar los minutos zánganos y adaptarse a su silueta. No es momento para forcejeos, reclamaciones, pataletas. Somos un trozo del puzzle de la humanidad, y supongo que otras personas nos molestan e importunan tanto como tú a ellas. 


Si encuentras tu espacio recorre mentalmente sus líneas invertebradas. 


Las explicaciones las pedirás luego. 

Todo fluye

El todo fluye, la nada que realmente se estanca. Te recuerdas en acción, emprendiendo misiones imposibles con urgencia y convicción. Te preguntas si tu situación personal tiene que ver con el dinamismo bloqueado de los últimos años. Hablar de acciones, un tema serio, analizando el tiempo en clave de acción limitada a la producción audiovisual seguro que es impreciso. 


Tus objetivos están asilvestrados, imberbes, mediatizados tan sólo por el ritmo vital y llano de los acontecimientos presentes y futuros. 

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Buscando a Humbolt




Acepto la inexorabilidad del paso del tiempo y observo sus líneas cotidiales, sus reflujos marítimos. Mientras, los ritmos circamerales y ultradianos me remueven los posos de la conciencia. Las gravitaciones de las masas de mi memoria se terminan evaporando y se enfrían, originando la homeostasis en escasos minutos. 


Las aguas superficiales e intermedias de mi corazón se pliegan de cuando en cuando y sus contrastes desaparecen en las profundidades. Es ese momento cuando aprecio un progresivo aumento de la densidad de mis pensamientos a causa de la presión y el hundimientos de mis (inter)acciones. Y encuentro innumerables razones para el desequilibrio irreverente que (me)creo. 


Turbidez que atribuyo a desplomes y deslizamientos de materiales a lo largo de las pendientes en el transcurso de mi vida. Fueron provocaciones sísmicas, agitaciones de los sentimientos que ahora olvido. 


Hundimientos, ascensos, (contra)dicciones, vibraciones y múltiples posibilidades. Se cuadran ambas fuerzas opuestas y se reviven entre sí. Mareas diurnas, mixtas, semidiurnas, retrasos al día de cincuenta minutos perfectos que luego se encarrilan con la exactitud de un cronómetro. 


Acoplamientos internos, aplicaciones erradas, predicciones, disipación, ecologías sistémicas y variaciones de las fuerzas de la marea que sincronizan las amplitudes del ciclo (y el cielo puede esperar). La pleamar dice sí a la entrada en los estuarios. Las olas rompen contra los acerrifes. La circulación de las aguas es más lenta que el aire que se deja escuchar escudado en el rememorar. ¿Dónde está Humbolt y su inefabilidad del raciocinio? En el mío hay sinapsis estrechas, tortuosas, rápidas y volubles. 


Piensas, te remontas. El Hemisferio sur se relativiza con los vientos del oeste, que a su vez entonan índicos saludos y emociones azures. El Pacífico rota con la tierra hacia el Caribe mediando la acquiesciencia de las corrientes antárticas. Los movimientos de compensación me llevna a las aguas cálidas de Kurosivo y sus corrientes automáticas de la consciencia (mi querida Virginia). Apuntalan Brasil y las Agulhas. Me conformo por ahora con palimpsestos de Kurosawa inscritos en la palma de mi mano. No siempre quieres lo mejor; a veces compensa que el cuerpo aguante. 


La irradiación y conducción de estos hálitos de voz pensante hacia la atmósfera y que llegan alcanzar los -2ºC propulsarán la sanilidad de mis impulsos medios. Aquellos que se pierden entre los razonamientos motrices de mi cuerpo en rama. 

Si no hago caso a mi teléfono ...

Impresiones diletantes

Se perfila la reproducción de fonemas sin precisión alguna. Estás prestando atención a los desfases del ánimo, a las inclemencias tempestuosas del vertido industrioso de tus neuronas. 

Calculas certeramente la consecución lógica de esas reacciones en cadena que ya puedes predecir. Hay ciertas cosas que sólo puedes hacer después de un café, de una carrera con la bici, de una ducha, de tumbarte y descansar, de encender el Macintosh, de ilusionarte con un acontecimiento futuro. 

Ya has salido de esto antes, y, aunque perpleja, observas los ritmos tectónicos de tu material adulto, y previenes fracasos y caídas. 

Todavía no te explicas por qué te bloqueas y te es tan difícil empezar, por qué te interrumpen las distracciones puntuales, las urgencias de otras personas que te piden que acudas en su auxilio. 

Parece que la vuelta a ti es una gesta, un enganche que te quiebra las muñecas al intentar recolocarlo en una pulsación interrumpida como un soplo cardíaco. 

Son los sobrevenires que hacen que los años se descerrajen. 

Márgenes fluviales


Las palabras no ventriculares se solidifican en acero fundido sin vertirse en un molde. Durante semanas sin escribir te sitúas en los márgenes de ti misma, en la paulatina sumisión a las conversaciones interiores, apenas musitadas; a la música que hace de arancel embrionario en las comisuras septentrionales. 



Las viscosas intimidades y su sempiterna aspiración a la perífrasis resuenan en una batalla librada en astuta connivencia con la belleza, la sabiduría intuitiva, legible, inmensa, reencontrada en los estuarios fluviales y recovecos circunyacentes. Es un paraíso verdadero, cuadrado pero no cuadriculado, invertido en la niebla en su imagen gemela y borrascosa. 

Tengo que dormir

No quiero que este blog sea sólo sobre preciosismo literario, porque si no al final no escribo como antes: todos los días, cuando me apetece, sin marismas mentales ni agobios. 

Así que voy a volver al espíritu de escribir para mí porque sé que así volveré a tener palabras saliendo de mis dedos constantemente. 

Llevo varios días con unos dolores de estómago rarísimos. Y los huevos me están sentando mal. Es raro. 

Me voy a la cama, más tarde de lo que había pensado, pero me he liado a leer sobre equipamiento para la bici y demás cosas sexys.

No me termino de quitar este resfriado. Pfffff. 

Mi niña tiene mal la manita y me gustaría estar con ella aunque hoy he decidido estar en casa para levantarme aquí y cogerle el pulso a mi vida. 

Me voy a dormir con esta sensación de mareo estomacal. 

jueves, 4 de noviembre de 2010

Preferencias internas

Por donde pasean los sentidos, donde se intercalan y se anegan. En escena, atribuladas, por deferencia al paso de las nubes espaciadas.

Me muevo en ansia acumulativa El mar.