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Retomas las intenciones a mil revoluciones por minuto encendiendo con hábitos mínimos los cientos de luces de candelas. Pasar el tiempo no es extorsionante. Ver pasar el tiempo es sufrir una herida.
Te gustaría entregar tus armas y hacer un trueque, pero te encuentras indecisa. Albergas un dolor escueto en un costado, y decides alojar en él tus disidencias. Esperas que esto constituya un esfuerzo contra la incredulidad y la falta de fe que te invade. Defiendes las cargas contra tus elefantes blancos y te desvinculas con los restos del naufragio.
Esperas las réplicas con los dientes como empalizadas, rezumando sensaciones mixtas en turbulencias.
Hay miradas que hacen más que mirar porque tú las recorres como el fijador químico de un daguerrotipo. Has creado un bosque animado que buscan retinas complacientes a pesar de la falta del paisaje. A veces pruebas cosas y resulta que se te borra la cinta magnética y te enfrentas cada día con el mismo reto.
Los lugares comunes se encuentran en los baches que se superan.
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