Acepto la inexorabilidad del paso del tiempo y observo sus líneas cotidiales, sus reflujos marítimos. Mientras, los ritmos circamerales y ultradianos me remueven los posos de la conciencia. Las gravitaciones de las masas de mi memoria se terminan evaporando y se enfrían, originando la homeostasis en escasos minutos.
Las aguas superficiales e intermedias de mi corazón se pliegan de cuando en cuando y sus contrastes desaparecen en las profundidades. Es ese momento cuando aprecio un progresivo aumento de la densidad de mis pensamientos a causa de la presión y el hundimientos de mis (inter)acciones. Y encuentro innumerables razones para el desequilibrio irreverente que (me)creo.
Turbidez que atribuyo a desplomes y deslizamientos de materiales a lo largo de las pendientes en el transcurso de mi vida. Fueron provocaciones sísmicas, agitaciones de los sentimientos que ahora olvido.
Hundimientos, ascensos, (contra)dicciones, vibraciones y múltiples posibilidades. Se cuadran ambas fuerzas opuestas y se reviven entre sí. Mareas diurnas, mixtas, semidiurnas, retrasos al día de cincuenta minutos perfectos que luego se encarrilan con la exactitud de un cronómetro.
Acoplamientos internos, aplicaciones erradas, predicciones, disipación, ecologías sistémicas y variaciones de las fuerzas de la marea que sincronizan las amplitudes del ciclo (y el cielo puede esperar). La pleamar dice sí a la entrada en los estuarios. Las olas rompen contra los acerrifes. La circulación de las aguas es más lenta que el aire que se deja escuchar escudado en el rememorar. ¿Dónde está Humbolt y su inefabilidad del raciocinio? En el mío hay sinapsis estrechas, tortuosas, rápidas y volubles.
Piensas, te remontas. El Hemisferio sur se relativiza con los vientos del oeste, que a su vez entonan índicos saludos y emociones azures. El Pacífico rota con la tierra hacia el Caribe mediando la acquiesciencia de las corrientes antárticas. Los movimientos de compensación me llevna a las aguas cálidas de Kurosivo y sus corrientes automáticas de la consciencia (mi querida Virginia). Apuntalan Brasil y las Agulhas. Me conformo por ahora con palimpsestos de Kurosawa inscritos en la palma de mi mano. No siempre quieres lo mejor; a veces compensa que el cuerpo aguante.
La irradiación y conducción de estos hálitos de voz pensante hacia la atmósfera y que llegan alcanzar los -2ºC propulsarán la sanilidad de mis impulsos medios. Aquellos que se pierden entre los razonamientos motrices de mi cuerpo en rama.


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