Se acerca septiembre, un mes de acción, resolutivo, expectante.
Intento acercarme a las sensaciones que me embargan, y decido solucionar temas pendientes y embarcarme en otros proyectos que alimenten mi afán de superación. Hoy he tenido una conversación importante con mi madre en la que le he hecho ver que lo que puede hacer para sentirse mejor en su vida, dejando a un lado los problemas y graves responsabilidades que tiene, es tener una lista de cosas pequeñas que sólo tengan interés para ella misma, aunque tal vez no signifiquen demasiado para otras personas. Cosas que al realizarlas le hicieran sentirse mejor.
Le hablé de que los libros que estoy leyendo ahora, aunque esto no tenga ninguna trascendencia para otras personas, son los más bonitos y enriquecedores de toda mi vida. Y mis pequeños proyectos (de los que he recortado el gran plan de conquistar el mundo y hacerle admirarme y reconocerme) son los que consiguen revelar verdades diáfanas, haciéndome ver quién soy realmente y de lo que soy capaz.
Se trata de reconocer que lo que mejor nos hace sentir y lo que realmente nos permite acumular momentos de felicidad son las pequeñeces.

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