Quiero escribir y no esconder más mis sentimientos, que otras personas me lean y me revisen, pero creo que no voy a hacerlo. Continuaré aquí, en la retaguardia, sabiendo que existo y que me manifiesto, sin miedo y sin reparos.
Por algún motivo ahora no logro volver a mi estado anterior. Hace una semana dormitaba y ahora estoy más despierta, pero antes era más feliz tal vez. No sé. Ahora estoy sufriendo más y no me gusta, no sé cómo calmarme, o sí sé, pero no domino la técnica. No domino la técnica del sufrir ni la técnica de calmarme. Sufrir no tiene nada de malo. Es normal. Sufro como una obligación cuando debería simplemente sufrir como un requerimiento.
En estos últimos días hay muchísimo ruido alrededor. Parece imposible encontrar un momento de tranquilidad. No sé por qué me siento así, tan alterada, como si mi espacio hubiese sido invadido por una plaga. Y esta vez no veo claro cómo resguardarme, porque la plaga ha encontrado todos mis escondites y me ha perseguido en ellos.
En la calle se desgañita el temblor estertóreo de una taladradora. En la calle crepita un calor imposible que penetra en todos los rincones. Hay ruido dentro y ruido fuera. Ojalá estuviera fuera de aquí, pero realmente fuera, no sólo físicamente sino espiritualmente. Quiero vivir otro destino, pero, espera, el destino que quiero es el que estoy viviendo. Realmente éste es el destino que quiero y no otro. Creo que lo que quiero no es marcharme sino descansar, que me permitan vivir en mí, que me permita vivir en ellos, y eso no lo voy a conseguir marchándome de aquí.
Sería tan fácil si lo entendiera. Creo que tengo un poco de jaleo mental. Ahora se están cambiando todos los esquemas, y de ahí la confusión.


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