He abierto mi corazón pensando que tenía suficiente espacio para estar cerca de ti sin desearte, y he quedado prendada y dependiente de que me hagas caso. Estoy decepcionada conmigo misma, y sé que tengo que retirarme a esta decepción y observarla sin enjuiciarla, sin sentirme débil o inútil, pero me resulta difícil debido a la desilusión de sufrir por amor otra vez.
Esta vez me ha sorprendido, porque creí que estaba preparada, que no buscaba a nada ni a nadie, que todo iba como yo quería, que tenía cierto control, y me doy cuenta de que tengo que aprender mucho todavía, y de que estoy más sola de lo que pensaba, porque cuando has aparecido tú, de repente me recuerdas a todas esas cosas que quiero hacer y que ahora me duele no poder hacer contigo.
También me siento que he metido la pata asediándote, rodeándote con mi marea densa y asfixiante, cuando tú eres un pájaro libre que no busca reposar en mi nido. Ahora me doy cuenta de que sufro mal de amores, y me siento muy poco original. Me he blindado tanto a la desilusión, he evitado tanto esos momentos en los que pudieran rechazarme, que ahora el descalabro es múltiple. ¿Qué ha pasado con mi tranquilidad, mi auto-suficiencia, mi espacio propio inalterable? Debo reflexionar sobre lo que me está pasando, porque en esto se encuentra gran sabiduría.
Quiero estar cerca de ti, escucharte al oído, palparte con las yemas de los dedos, saber de ti y que confíes. Y te siento alejarte, buscar refugio, excusas, quién sabe. Tal vez mañana me dé cuenta de que estaba equivocada, que nada de esto está pasando, que tu vida te pertenece y que simplemente estás viviendo sus dinámicas.
Esta vez me ha sorprendido, porque creí que estaba preparada, que no buscaba a nada ni a nadie, que todo iba como yo quería, que tenía cierto control, y me doy cuenta de que tengo que aprender mucho todavía, y de que estoy más sola de lo que pensaba, porque cuando has aparecido tú, de repente me recuerdas a todas esas cosas que quiero hacer y que ahora me duele no poder hacer contigo.
También me siento que he metido la pata asediándote, rodeándote con mi marea densa y asfixiante, cuando tú eres un pájaro libre que no busca reposar en mi nido. Ahora me doy cuenta de que sufro mal de amores, y me siento muy poco original. Me he blindado tanto a la desilusión, he evitado tanto esos momentos en los que pudieran rechazarme, que ahora el descalabro es múltiple. ¿Qué ha pasado con mi tranquilidad, mi auto-suficiencia, mi espacio propio inalterable? Debo reflexionar sobre lo que me está pasando, porque en esto se encuentra gran sabiduría.
Quiero estar cerca de ti, escucharte al oído, palparte con las yemas de los dedos, saber de ti y que confíes. Y te siento alejarte, buscar refugio, excusas, quién sabe. Tal vez mañana me dé cuenta de que estaba equivocada, que nada de esto está pasando, que tu vida te pertenece y que simplemente estás viviendo sus dinámicas.

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