Es tarde, me he liado con unas cosas, pero no quiero irme a la cama sin bajar el ritmo, sin una infusión relajante; quiero vaciar mi cabeza para que mañana sea completamente un nuevo día.
Es lo que siempre he ansiado: un nuevo día, todas esas veces que las horas de la jornada me han torturado con su crueldad, que mi personalidad se hundía en el fango; cuando, a pesar de todo, tenía esperanza de que un nuevo día existiera, que todo iba a solucionarse, si no ese día, otro cualquiera.


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