domingo, 4 de agosto de 2013

Ámsterdam

La interfaz es el precinto de la narrativa táctil. Las letras acarrean la responsabilidad de transmitir el mensaje y entretejerlo. Esta noche la digitalización es placentera y suave, y transcurre sin esfuerzo. Solo habría que pensar algo y traducirlo al ámbito luminoso de la pantalla. 

El ronroneo de los coches a lo lejos, el salvaje corte en el aire de las motos, la soledad de las calles crean un tapiz sonoro de ecos y vibraciones. Las historias imbricadas en la noche se suceden sin testigos; las risas, los latidos, los viajes y los retornos la pueblan. 

Cada ciudad tiene su ritmo nocturno. En Ámsterdam yo seguía los destellos en el agua mientras pedaleaba hacia casa. Las bicicletas emitían ruidos internos, la calle olía a café y grasa mojada. He echado mucho de menos a Ámsterdam. Sabía dónde estaba. 


 

0 Comments: