miércoles, 5 de diciembre de 2012

Sentimientos II


En estos momentos en mi vida hay muchas emociones fuertes flotando por los aires, chocándose, mirándose, esperándose. No sé muy bien cómo reaccionar, y a veces ni sé lo que estoy haciendo, o si lo estoy haciendo bien. También quiero reprimir mis impulsos cuando aconsejo a las demás personas en mi familia lo que hacer o lo que sentir, porque desde ese momento parece que yo también tengo la responsabilidad sobre lo que les está pasando por dentro. Pero en muchas ocasiones me atrevo perfectamente a asumir esa responsabilidad. No me importa el peso y quiero hacerlo.

Otras veces siento el borde afilado de la lucidez que antes no tenía, la que te permite quitarte la venda de los ojos, la que te dice exactamente lo que tienes que hacer. Estoy empezando a escuchar otra voz en mi cabeza que es la que me guía por el precipicio y me para ayudarme a vencer el vértigo me impide mirar hacia abajo. Es una voz valiente, experta, relajada, sincera, y no sabía que existía. Es muy extraño. También hay sentimientos que no he tenido nunca, formas de mirar a otras personas que no existían antes. 

Hay veces que llorar no es opcional, y no pasa nada. 

De repente lo irreversible, lo inevitable, la muerte, la enfermedad, lo práctico, lo ético, lo que falta por hacer planean constantemente sobre nuestras conversaciones. Estoy haciendo otra cosa y me acuerdo del instante en el que mi padre murió. El mundo se ha abierto como una presa, y la realidad ya no exhibe trucos ni mentiras para protegerte. 

Ahora sé cuáles son realmente las heridas que duelen para siempre, y cómo no revalidar las que te hicieron daño en el momento, pero que en realidad no dejan tanta huella como pensaste. También estoy aprovechando la ocasión para establecer mejor mis prioridades. Cuando hay cosas importantes que te han pasado, ya las tonterías te empiezan a parecer tonterías y no cosas relevantes. Estamos luchando por muchas cosas que nos llevan toda la energía, mientras que la verdadera esencia nuestra se queda por el camino. Me digo muchas veces: "Y esto ¿qué me importa? Total ... " Total. Un montón de cosas que ya no importan nada o casi nada. 

Al final no sé en qué persona me estoy convirtiendo. It better be good. 

2 Comments:

Anónimo said...

Hay que respirar profundamente y reflexionar sobre lo verdaderamente importante y el orden de prioridades que deber regir en tu vida.

No temas enfrentar riesgos. Es corriendo riesgos que aprendemos a ser valientes.

La vida es un viaje, que debe ser disfrutado a cada paso.
Besos.
Cáceres.

Ssplash said...

Sí, me arriesgo, y he hecho una maleta ligera para mi viaje.

Gracias :-)

Besoss