jueves, 24 de enero de 2013

The last lonely war


Así que por ahora todo aquello que se está buscando es simplemente algo que poco a poco podría ignorarse y esconderse tras la línea de fuego, aquella cresta en el horizonte que se repliega detrás de la línea que llega a alcanzar nuestra vista, donde yacen las lágrimas como parte indispensable de la escarcha que se trocea de madrugada sobre la hierba rota. Y dentro de este ciclo de sentimientos circulares que se enrabian con la tierra roja, la que tiene resquicios de cobre y deshielos.

Mi pluma se deja tiznar por el peso de las múltiples heridas trabadas, de la única recolección de ideas que me queda, y de los bordes expuestos y decantados de las cicatrices que se mantienen en pie. Y ahora sé que no tengo otra tarea que sobrevolar su pasado, su significado en estos días que huelen a papel quemado, crujiente, resuelto, impregnado de los momentos que no he encontrado todavía. Y me entrego a la real y verdadera injerencia en la calma del tiempo en suspenso, de la ciénaga al descubierto, del silencio incendiado.

Me doy cuenta de que lo mejor es continuar, no dejarse tan sólo llevar por la bruma de las burbujas, sino por la autenticidad del pensamiento emocionado, de la búsqueda, de lo que pesa tanto como la sinrazón sin ser realmente parte y trozo del hueso, de aquello que tiene tanto significado, tanta fuerza, tanto interés, tan grande y grave es su espera y su trama entrelazada, poblada de envergaduras y turnos y sonidos de espesuras insólitas. De aquello que se puede solidificar y no se hace, pero que por ahora no importa.

Me gustaría mucho saber un poco más en qué se convierte la frase cuando se estira y se dehilacha y se busca y entrebusca la palabra. Es todo muy diferente cuando se hace así. No debería pasar ningún día sin pensar en una palabra, sin olvidarse de una palabra, sin dejar de preocuparse por aquella palabra. Esa palabra pequeña, envalentonada, que se raspa y parece que todo queda dicho. Espero que la tinta no manche demasiado la verdad.

Todavía no tengo que hacer ese serio inventario de la pluralidad de pinchazos de esta pluma. Y no debo enfadarme si la hoja se empapa por el líquido y el papel se trasluce por la tinta. Qué desastre sería eso, alejarme.

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