jueves, 17 de enero de 2013

En alta mar


Esta gripe ha sido un enemigo traicionero que desde su posicionamiento de campaña me ha socavado por sorpresa las líneas de flotación. Se ha aprovechado de mi debilidad y ahora me siento menos segura de mí misma, obligada a emprender un proceso de reconstrucción mental y psicológica que espero sea breve. Me resulta injusto porque me encontraba muy bien, muy centrada, muy cómoda y segura, y ahora lo veo todo con un velo de polvo y ventisca que han sido provocados por la fiebre, el malestar y el atontamiento. No sé cuánto voy a tardar en salir de aquí, y si en mi caso el proceso va a ser más difícil. Espero que no. Mi mente es muy vulnerable porque los neurotransmisores se desequilibran y sus vínculos se modifican, y tienen que normalizarse con un proceso fisiológico que no es tan rápido. 

Tengo que tener en cuenta que el sábado, a pesar de estar ya tocada por la fiebre y el baile de dolores musculares, pensaba en positivo, me encontraba ilusionada con mis proyectos, y fui incluso capaz de comunicarlos a mis amistades que vinieron a verme. Y desde el lunes la sombra de la noche la ha traído el halcón de este desierto, y veo el futuro bastante más inestable. De todas formas llevo dos días levantada y leyendo, y me he puesto un plan de acción más engarzado para no quedarme al aire. Entre ayer y hoy he hecho pequeñas cosas de manera espontánea para enraizarme en mi espacio, y me he propuesto continuar donde lo dejé antes de esta tormenta virulenta. Estoy mejor. Pero quiero volver a mi proyecto y vivirlo con normalidad de nuevo. 

Todo esto me ha hecho reflexionar sobre la fe ciega en tu trabajo, en tus planteamientos personales que no han sido testados en aguas ajenas. La decisión de entroncarse en un estilo de vida redimido por la soledad interrogada y la inmersión completa en tu mente y tu intelecto. La constante búsqueda en la materialidad de lo abstracto que te obliga a definirte de nuevo a cada instante, pero también te reencuentra en el tiempo y en el espacio. 

Ahora tengo que situarme de nuevo en ese eje paralelo fuera del transcurso de los minutos y ajeno a la rutina; donde se encrespan y entremezclan las emociones y los sentidos, donde se piensa entre líneas en una búsqueda por la verdad fugaz que transluce en una palabra, y si no se prende antes de despegar tras un destello, ya es inalcanzable si vuelves a intentarlo. Puedes seguirle la pista y el rastro desesperadamente, pero su impronta se deshace como la arena desmenuzada tras la brisa del movimiento. 

Aunque he de decir que, el diario de Virginia Woolf y el de otros escritores y escritoras, me está haciendo ver en qué consiste el diálogo interior, el endometrio y la vascularización de la narrativa, y la intensa determinación por el trabajo diario, las cinco páginas, la lectura compulsiva, la visión del mundo de dentro a fuera; la exaltación tras el recogimiento. Cada libro es testigo de esta labor, de esta singularidad, de este volcarse y desbordarse, aunque existan momentos de duda, de dolor, de cansancio y destierro.

La fe en este trabajo no es más que la desesperación al encontrarte fuera de contexto sin ... un texto.

3 Comments:

Anónimo said...

Tranqui...el tiempo pone las cosas en su sitio.

No tengas prisa...:)

Me alegra leer que la gripe ha pasado…
Ánimo!!

Cáceres.

Ssplash said...

Sí, ahora todo te afecta más.

Muchas gracias y besitos. Espero que tú estés un poquito mejor, bonita.

Chao

Anónimo said...

Gracias...mi gripe parece que se encuentra comoda conmigo...hoy solo un poquito de fiebre...
Cuídate.... Cuídate mucho.
Besos.

Cáceres.