jueves, 3 de enero de 2013

Libres


Estos meses sin excusas me han sacudido el cuerpo y el espíritu en una trenza de truenos, de corrientes eléctricas, y han hecho que las cosas superficiales se cayeran de mi cabeza como pensamientos alienados, insignificantes, nieve que se deshace de forma redundante y que nadie echa de menos. 

Lo que pasó el año pasado por estas fechas ya no tiene casi peso alguno. Mi vida ahora ha cambiado mucho. Me he encontrado a mí misma; ya no estoy perdida. Sé que lo estaba: no podía respirar por el corazón. Es muy extraño cómo los recuerdos de entonces se han borrado de mi mente. ¿Qué pasó el 25 de diciembre, el 30, el 1 de enero? Sólo me acuerdo de haberme hecho daño en la rodilla el día 31 en la carrera, y de darle los regalos de Reyes al niño y la bebé. 

El año pasado fue muy impersonal, fue casi como que no me había pasado a mí, y no he podido siquiera comparar estas fechas con las de entonces porque la hospitalización y la muerte de mi padre lo han rodeado todo, le han dado significado a todo, me han hecho sentirme viva, cercana a mi madre y a mi hermana. He entendido el valor de la vida, el estar y el marcharte, la ternura, la realidad, y el ser tierna y real. Que las críticas de otras personas no sirven, que los reproches no valen, que el rechazo no existe. Yo no soy lo que quiero, ni lo que no tengo, ni lo que perdí, ni lo que no me dan, ni aquello en lo que no me entienden. No, todo esto no tiene nada que ver!!  

Y durante estos últimos meses mi ser se ha estremecido por el voltaje de la emoción, de cada recuerdo que no volverá a repetirse, de cada imagen en mi mente en la que mi padre me sonríe o sufre el dolor en silencio, con valentía; o me lleva de la mano de pequeña, en los años 70, o nos metemos en su coche, el Dogde americano azul celeste, como de película, y nos vamos de viaje con una casette de la Chica de Ipanema siempre sonando a petición mía. En recuerdos de cómo me pierdo en el marrón mate de su piel, o le sujeto la mano en la ambulancia, o le bajo la fiebre de la infección impenitente con una toallita gélida. 

Ahora es el momento de acordarse de todo eso; y las imágenes y las voces lejanas, como en sueños, acuden a mi memoria sin darme cuenta, sin apenas evocarlas, porque ya no tienen dueño, ya no están pendientes del tiempo ni de la asignación de cuentas, ya no forman una línea continua, ahora son libres para mecerme, para enternecerme. Son libres. 

4 Comments:

Anónimo said...

Los recuerdos son muy importantes, vivimos de ellos, todas nuestras vidas están llenas de recuerdos. Son fundamentales, porque si no tuviéramos recuerdos, no tendríamos nada.
No dejes que un recuerdo te ahogue, mejor tómalo sacando lo positivo de el mismo y sigue adelante.

Besos.

Cáceres.

Ssplash said...

Gracias, guapa.

Besitos

Nano said...

¡Feliz libertad!
bss

Ssplash said...

Feliz :)