martes, 31 de julio de 2012

Encarnada




Me levanto y lloro atormentada, desconsoladamente por lo horriblemente mal que ha ido esto. Con lo que yo la quiero. Es un dolor debilitante que me mantiene punzados todos los músculos, que hierve mi aliento antes de anegarse en mis pulmones y me hiere, que me desubica y hace girar mi visión en círculos mareantes que no cesan, y ya no puedo pisar el suelo por la conversión de la gravedad en un espacio estanco. Estoy muy perdida. 


Ya no se trata sólo de lo deforme y tétrico que es que se vaya con gente extraña, que permita la unión de cuerpos, de ansias, de fluidos, de orgasmos, de la intimidad inmensa que hace un hueco en el vacío de la muerte, del tiempo nuestro, del olvido de mí. Es el que me haya abandonado de esta manera, que se haya detenido en la pérdida, que me haya hecho extraviarme a mí en un tiempo muerto, que saquee lo que estábamos viviendo juntas. 


¿No tiene corazón? Pero es que yo sé que ella es todo corazón. No se da cuenta de lo que es cuando dos personas viven el mismo sueño, respiran el mismo aire: se deben la una a la otra. ¿Cómo puede ser que esto sea una trascendencia diferida? ¿Que prefiera volver a nosotras luego, cuando nuestro amor se haya calcinado y consumido con su infidelidad? Ella no lo ve como una deslealtad sino como un desafío a su propia podredumbre, como una salida a sus prisiones, como un despegue de su pasado sangriento y asfixiante. Con la búsqueda que impulsa el instinto animal, la objetivación de su deseo, la caza del deseo ajeno. Y tras la seducción el follar con el útero, con los dientes, con el vientre, con los golpes de los músculos en éxtasis, con el orgasmo y su grito ancestral, atávico y chirriante del eléctrico rechazo a la muerte, y al final la posesión de otra mujer para hacerla prisionera ciega, errante, desposeída, abusada, descontrolada, yonki de su piel incendiada. 


Tras compartir la noche con ella encontrará una salida acompasada en los fluidos de las dos hacia una oscuridad turbada, un golpe ciego, la claridad, el corte en la carne del exceso, el rechazo a las cadenas oxidadas del compromiso, a la sangre causada por las llagas de las heridas abiertas. Un consuelo que se convertirá en un sabor metálico y fluido en su lengua que no parará de salivar, en renovada ansia de éste y otros cuerpos, en droga poderosa hasta el dolor y la obsesión, la emboscada; en la querencia de la posesión y el orgasmo continuo como único idioma y única pertenencia, en el maltrato sádico y la destrucción premeditada. Terminará ebria hasta perder la cordura. Y yo no podré estar ahí para paliarlo.


A pesar de esta siniestra herida todavía puedo verla a ella, y sé que se encuentra en una estancia necesaria. Es un momento para desechar, desbrozar, agotar; pero no estoy segura de que la llevará hacia mí a tiempo, en tiempo suficiente. Porque siempre hay un momento en el que la prisa puede precipitarla a un lugar ajeno a sus verdaderas emociones, en el que la urgencia y el furor debilitarían su voluntad, en el que ella crea ver depositada, encarnada en el cuerpo y la voz de esta otra mujer o ese otro hombre la esencia del alma de su amada, un modelo gemelo y exacto de nuestra ilusión soñada. Y es ahí que se perdería durante un tiempo indeterminado y robado. Mientras tanto yo sufriré, sin verdadero consuelo. Aunque sepa que al dirigirse a esto más pronto o más temprano chocará con la indigencia de este lugar, y el ansia y deseo desaparecerán intermitiéndose con la repugnancia, con la nada. Y al final será abandonada de forma alienante, o abandonará. Yo lo he vivido. 


Pero eso no será suficiente para convencerse de que me quiere, tan sólo se habrá topado con la necesidad de mí. Y eso no me va a parecer real, sino un engaño, una mentira más, una deslealtad. Necesitaré más. El proceso se alargará hasta que recupere mi confianza, hasta que yo pueda sentir algo más que un patético e indeseado retroceso a lo que éramos, hasta que vea en sus ojos reflejado algo mas que un pánico camuflado, el temor a estar sola y sentirse vacía otra vez. No quiero pensar en esto, porque será ella quien tenga que reconstruir, que volver a cimentar con el sudor de sus propios brazos y esfuerzo la armadura del barco, la carpintería de una nueva ilusión, las promesas infectadas por el amor maltratado, por el dolor infligido y su residuo escociendo mi piel, mis mucosas, mis párpados, mi visibilidad, mi imaginación. Habrá mucho por hacer y ella tendrá que ser fuerte y creer en ello. No sé cuándo adquirirá esta fortaleza y entrega para caminar juntas. 


Tal vez prefiera vivir la emoción continua de una libido desbordada y desafiante, del no vincularse, de la cultura del gratis, sin compromiso, sin celo, de una libertad ficticia que esconde la esclavitud morbosa del deseo indiscriminado. Tal vez esto le baste, esto le sojuzgue, esto le atraiga y le vuelva ajena e indiferente a todo lo demás. Una vez la infección se propague, pueden pasar años sin encontrar salida, porque cada vez los encuentros furtivos tendrán menos enganche y encarnarán mayor desilusión, y como con cualquier droga se buscará más, más fuerte, más duro, para fulminar el vacío y la culpa que nunca desaparece del todo y que se vuelve a reproducir a la mañana siguiente. 


Ella cree el amor gira y se deposita a su alrededor, que se encuentra en lugares insospechados que debe sondear. Que los atisbos de su felicidad, las luces de ruta, las encontrará por doquier, incluso tatuadas en el cuerpo ajeno de su nueva amante. Se olvidará de cuándo utilizaba mi espalda como un papiro. Así que ahora, en la infinitud de su búsqueda, el vislumbre y el refugio del calor fuera de nosotras es suficiente. Espero que le sorprenda el darse cuenta algún día lo mucho que yo soy el verdadero contenedor. Está ciega. 


Yo he dejado mi ego atrás y la he seguido, porque realmente no hay nada especial en este ego de la posesión: es fútil y reemplazable. Pero ahora no tengo las herramientas para compartir su todo con ella y seguir entera y sana, porque la cabeza, el cerebro se me están destruyendo.


Sueño con que si compartiéramos una casa juntas yo podría luchar contra esta alimaña del desapego suyo y no dejarla alimentarse de mi carne; me haría más fuerte, conseguiría sentirme fuerte a pesar del sacrificio soportando el desamor, para que ella me recordara en sus salidas nocturnas y esas llamadas furtivas a su móvil que yo tendría que ignorar con un pinchazo en el vientre. Yo sería la depositaria de su futuro y esperaría paciente y desesperada a que ella se diera cuenta. Pero desde lejos el arma solitaria que tengo a mi disposición es el silencio. El silencio es el instante en el que el alma está suspendida en el espacio, y aflora su verdadera naturaleza. El silencio es un bloque persistente, independiente del tiempo en el que se propaga. Es en esta pausa, en esta interrupción súbita de la acción donde germinarán todas las cualidades que ella necesita para enamorarse de mí de nuevo, para ilusionarse, para llamarme, para esperarme. Donde se forjará su confianza en mí, mi atractivo, la visión clara y nítida de nuestra unión. Ahora ella busca la verdad en los cubos de basura, en los residuos de su pasado, en la decadencia y extinguimiento de estos vestigios, de este hedor que la atormenta. 


Yo sé que ella sangrará, y ahora sufre hasta la herida. Teme el abandono y a sí misma. No poder estar ahí para ayudarla y para ser me hace llorar y desesperarme de forma enloquecida. Ojalá no estuviera pasando esto. Yo la espero en el delirio.

2 Comments:

nieves said...

Pero buenoooooo, así estamos querida amiga?
Un abrazo
Nieves

Ssplash said...

La sangre es así: encarnada ...

Besos, Nieves