Me dicen que el amor es una enfermedad. Que es un vicio. Una ilusión pasajera. Un momento perdido en el tiempo. Una carga. Una obsesión. Un artificio. Un corta y pega. Move on. Hay peces. Está el océano. Pero ella no es un pez. Aunque yo soy una gota más. Una gota salina.
Es increíble la falta de fe, la indefensión.
Todo el mundo piensa en tu bien. Algún día encontrarás a alguien que te espere siempre, que te abrace, que sea tu océano, que te tenga cerca. Piensa en ti. Olvídala, te está haciendo daño. Te hiere. Te escupe. No piensa en ti en este momento. No lo necesita. No te lo mereces. No te merece. Respira y sigue.
Claro. Es tan sencillo. No entienden la pasión, el haber abierto los ojos a tus propios sentimientos, el verla entera, querida, el extinguirte, el sentirte perdida, apartada, rechazada, redundante, pero unida a ella por algo más fuerte que tú, el llevar su anillo con una promesa, el esperarla.
Ella me deja en la tiniebla. En la parte de atrás. Todo está bien en su mundo. Sabe que me duele, pero ahora no puede encargarse de mí, ya lo ha hecho durante mucho tiempo con otras mujeres antes que yo. Su mundo ya no lo tiene para construir, para tener fe, para hablar conmigo, para ver cómo todo cambia y entender lo que nos une. Para entregarse de verdad. Ella cree que puede dejarme en suspenso, en tierra de nadie. No le atormenta porque cree que la vida es un tormento, un dolor no provocado. No quiere hacerme daño aunque sepa que lo hace. Es fuego amigo, no hay más remedio. Prueba su entereza, cree que el tiempo es infinito, o que el presente es lo único que importa.
Ha vuelto a la adolescencia, cuando el tiempo no corría, cuando fluía, cuando nada importaba, cuando no querías saber nada de nada, cuando el poder que tenías sobre la vida es que no te aferrabas a ella, cuando no contaba. Lo único que importa es la música, la expresión indómita, la noche mordiente y enigmática, el frío canalla, el humo del tabaco, la bebida tribal, la recompensa de la droga, la acumulación, el olvido por las mañanas.
No pienses en que me conoces, en que me has conocido. Ve hacia adelante, sé fría, ya nos volveremos a encontrar. Tú eres mi roca, mi apoyo, la que me espera al final de mi camino, de mi sanación. Pero eres mi freno, mi gente lo dice. Mi obsesión mal ubicada, mi pérdida de tiempo. Quiero que cambie. Esto es lo que quiero ahora. Convéncete. Cambia. Piensa diferente. Adáptate. No sé cómo saldré de esto. No sé quién soy, quién voy a ser. Una parte de mí te entrega promesas, cartas, te dedica canciones. Quiero tenerte ahí porque alguna vez te necesitaré para que me recuerdes quién soy, quién era, quién voy a ser. Hablaré de ti en otoño. Espérame. Espérame. Tal vez te entienda mejor entonces. Me sacrificaré, intentaré creer en ti. No me abandones. Espera. Escucha. Te quiero, aunque no te quiera bien.
Mis sentimientos no importan. Ella no los escucha, son un eco lejano que ahora no tiene trascendencia. Ahora está en una misión. No puede hacerlo conmigo. Tiene que encontrar lo que ella llama amantes en otra piel, otro olor, otra voz. Es su historia. Es olvidar su pasado. Puede ponerle fecha. No creas que el tiempo no existe. Sí existe. Las promesas pierden su fuerza. Las reemplaza el dolor.
Nuestra historia no corre en paralelo. La mía es prescindible, alienable, invisible. Pero no escuchas, has perdido la capacidad de escuchar. Te olvidas, te pierdes, te anulas. Crees en un algo que no existe, que no existe en mí. Lo forjas en ti. Es una prueba, una cosecha. Acumularás experiencias. Tienes que olvidar que existo durante este tiempo, aunque me recuerdes en las esquinas, en los objetos, en el aire, en el silencio. Pero a lo mejor has aprendido a ignorarme desde el principio y nada va a cambiar. Nunca he existido. Así es el mundo cuando gira alrededor tuyo, cuando el estar aquí, el entender resulta una molestia, una carga, un artificio, un corta y pega, un vicio, una enfermedad, un momento perdido en el tiempo. Lo que aprendas de ti será importante, lo podrás compartir con tus personas aliadas, las demás están siguiendo un guión; tú no, tú eres libre, libre para destruir el pasado, para crear sin proponerte, tan sólo dejándote llevar. Pero no eres responsable de mí.
Lo mejor es no creer en nada. Olvidarse. Cerrarse. Todo el mundo lo dice. En el fondo piensan como tú.
¿No es el amor? Aprende a sufrir: lo vas a necesitar.
Pero también me dicen que pare, que frenes, que te escuches. Que vivas con amor cerca tuyo, que no dejes que te hieran, que establezcas tú las reglas, que seas tú la roca. Que si el amor pervive, el amor llega. No, no es en septiembre. Ahora ya no existe septiembre. Es demasiado el dolor, el desamor. Te quieren, te sacarán si te hundes. No permitirán que sufras. Vendrán a tu encuentro. Te vestirán, te lavarán las heridas, las manchas, la mugre. Te leerán el latido y te devolverán a ti misma, porque confían en ti, porque te adoran, porque saben que sigues siendo quien eras, porque no van a dejarte caer. Te sanarán.


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