domingo, 29 de julio de 2012

Refugio



Ya he vuelto a pensar en ella. Ha bastado un mensaje en el móvil (que no me había enviado ella) para saltar como si viniera a mi encuentro, para desenraizarme, para desbocarme, para perder la ruta, para volver a sentir el dolor de no tenerla, de no pertenecernos. Y ahora estoy fuera de nuevo de la serenidad que había adquirido hace unos minutos. Esto no va a ser tan fácil. No va a ser nada fácil. 



Ya vuelven a atormentarme y recomerme las mismas pesadillas hechas realidad, las palabras vertidas, los presentimientos que han resultado ser ciertos.  Y mientras yo estoy aquí sufriendo, ella ignora mi dolor e intenta distraerse, divertirse, exhibirse. 

Ya se me vuelven a destrozar los ojos por las lágrimas de acero, los esfuerzos hechos por no llorar, porque no se note. Ya retorna la imposibilidad de descansar, de respirar a ciencia cierta. Ahora de nuevo toca esperar, esperar con impaciencia a que se dé cuenta, que responda, que se acerque. 

No me quiero sentir así, necesito una salida, un rescate. ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué no puedo huir, esconderme, refugiarme? La tranquilidad se ha desvanecido, el alma la sigo teniendo herida y sangrando. No, no hay salida fácil, no hay tranquilidad, no hay rescate, no hay consuelo. Sólo hay tiempo, pero el tiempo corre en contra mía.

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