Me he levantado de madrugada y sabía que me iba a costar muchísimo dormirme otra vez, así que he decidido volver a mi pantalla. Además tengo muchas pesadillas últimamente; mi subconsciente alberga ciertas alertas acuciantes y pegajosas, y me gustaría darles cierta cabida, algún tipo de apertura, de acogida, de espacio.
Me he planteado hacer mi blog público otra vez, pero siento que estaría condicionada. Es extraño, porque en mi soledad me siento un poco enclaustrada a veces, pero también debo recordar que tengo libertad, una libertad salvaje que es la que nos expresa entre el nacimiento y la muerte. Si no hago uso de esta libertad, seré un alma solitaria pero muda, silente.
Me apasiona ver cómo en un libro se esconde la verdad y también ese silencio protegido. Pero internet es diferente, y probablemente hago bien en protegerme. De todas maneras, no puedo sustraerme de la aprensión que me causa exhibirme. Siempre me siento expuesta, vulnerable.
Estamos en un mundo híperconectado, pero, tal vez, las reflexiones hayan cambiado su duración.


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