Estoy observando las tiras de sensatez refrendada en mentiras que se han desvelado muy pronto. Esa sensatez de no vivir entera, de ser un tropiezo de ti misma, de que el tiempo te narre y no tú, encontrándotelo.
¡Ah! Esa sensatez. Intransigente y falsa. Como la nieve nueva.
Está sostenida en la farsa que has descubierto ahora mismo entre la maleza, al aligerar el paso. Y tu viaje es verdadero, tiene la velocidad acordada, con certezas intermitentes y revuelos planeando sobre el terreno.
Sin red, sin sueño, sin miedo, sin precaución. Dándolo todo pero primero esperando que ocurra.
Y la tinta acude rauda para acompañarte, y tal vez reanudas el paso impresionada. El tránsito por este terreno abonado te saca de tu letargo, de tu no saber, del barbecho de tus emociones más básicas. No sabes adónde ni quién te acompaña.


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