sábado, 28 de abril de 2012

Calor


Tengo calor. Quiero perderme en los escalofríos. Si hoy estuviera escribiendo una novela, hablaría del sudor condensado que exuda el papel, de cómo la página errónea eleva la tensión en las sienes. Hablaría de las carencias escondidas entre líneas, de los deseos insatisfechos en la sombra que no se pueden narrar. Hablaría de cómo la carne deja de ser trémula y se convierte en papel de estraza retorcido y se pule a sí misma. Hablaría del querer. De ese querer. 

Tengo fiebre, y mi lucha por que el sueño la calme sería en vano. Hay momentos en que me gustaría leer una novela de Chester Himes, y perderme en la pulpa de ese papel de los años sesenta, blando y profundo, casi maleable, y en su prosa capaz de capturar mi estado de ánimo y sublimarlo para permitirme al fin descansar un poco.

Calor. Maldito calor.

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