No sé qué puedo escribir hoy. Estoy intentando concentrarme en el trabajo, en seguir, en vivir. Esta vida que continúa, que es mía, y que debo surcar. La vida que con el tiempo como aliado te consuela de todo dolor, de todo pesar, de toda decepción. Que te permite encontrarte a gente nueva en tu camino, abrir de nuevo tu corazón. volver a relatar las cosas que te han pasado, volver a confiar, volver a explicar tus sentimientos, aunque los fracasos sean una mancha de tinta que no se termina de lavar.
Todo el mundo le dice: "Estás mejor sin ella."
Ahora mis sentimientos se encuentran en un fuerte con un único boquete: este blog. Aunque escribo y me alivia, el frescor no me dura demasiado, y poco a poco vuelve el malestar hasta crecerse como un río que se desborda. Mis emociones me rebasan, y ni siquiera la sombra lejana de ellos es soportable para el mundo exterior, que me ignora, que se impacienta y me empuja por las escaleras. Mis sentimientos me anegan, y por eso llevo días enteros, mañanas, tardes, noches llorando como un torrente, o conteniendo las lágrimas to no avail. Me despierto y lloro. Me acuesto y lloro. Y entre medias sigo llorando. Lloro en la calle, en el metro, en la luz y la oscuridad.
Mis ojos ahora se abren con dificultad, porque los párpados se han convertido en un amasijo de capas pesadas de tejido que los cercan. Mi cabeza, tras horas de esto, se infla de tensión y el cerebro no me cabe en el cráneo. Quién sabe lo que estará pensando. Las venas en las sienes se crecen, y contraigo un dolor de cabeza que me impide fijar la vista, descansar, comer. Y al andar siento dentro de la cabeza un péndulo de dolor nervioso que se balancea y me cruje, me marea, me agota, y a veces me obliga a dejar de moverme, a desplazar la cabeza suavemente sobre mis hombros para evitar el latigazo.
Y desde hace una semana tengo un pequeño túnel escarbado por el dolor de mis emociones en el recorrido que circunvala el corazón. Y escucho ruidos que son como pequeñas fugas, y noto las burbujas apretarse contra el estrecho canal que ha conseguido hacerse paso, coger velocidad y perseguirse las unas a las otras en una especie de trayecto cruzado, para finalmente estallar en stacatto y desaparecer para ser relevadas por otras.
Es muy extraño, porque la ansiedad que me maltrata el corazón y el pecho ya se había hecho notar desde hace varias semanas, y me laceraba el pecho con su círculo de acero incandescente, obligándome a contener la respiración en vano durante unos segundos más de lo necesario. Ahora, con las burbujas hinchándose y reventando dentro de este pequeño reguero interno de sangre, ya no sé qué pensar, o qué sentir. Por la noche escucho perfectamente este sonido de ritmo irregular. Si no fuera por su rareza, podría ser el sustituto de un teléfono que no llama, de la voz ansiada que no se escucha. Pero no puedes escoger las compañías, ahora estoy sola con este sonido.
Ahora sigo llorando, resignada, porque no lo hago sin ninguna intención. Pero llega un momento en el que la frustración por sentirme tan débil y desvalida me provoca un torrente de mayor caudal, y tengo que dejar lo que estoy haciendo, esperar a que pare, o que, por lo menos, me alivie el liberar a borbotones este agua salada.
Vuelvo a trabajo e intento concentrarme, aunque a menudo estoy llorando mientras intento apartar las lágrimas apretando los ojos al fijar la vista en el ordenador, y sé que no estoy rindiendo, pero no quiero abandonar la única cosa que da estructura a mi vida en este momento. Aunque me gustaría que me permitiera olvidarme de esto, pero no consigo evadir la mente más de unos minutos, a veces diez, a veces media hora; pero desearía que fuese un periodo más largo de tiempo para no temer las horas que me quedan en el día, a las que temo después de dar de sí todo lo que puedo montando en el ordenador. Me gustaría poder trabajar durante 18 horas seguidas para poder dormir el resto del tiempo. Pero lamentablemente mi cuerpo cada vez más delgado y frágil, mi cabeza dolorida y retumbante, y mis ojos hinchados no me lo permiten.
Me duele la piel de la cara porque he adoptado una forma de apartarme las lágrimas de mis mejillas, de rechazarlas con ímpetu, frotando con las palmas de mis manos hacia fuera, apretando los cercos del agua y secándome la cara como un parabrisas. Pero vuelven, siempre vuelven.
Por eso hoy he decidido intentar aislar aquello que me duele, que me pinza la carne, que me inyecta agujas y me agujerea, que me hiere. Porque creo que el problema es que alienta constantemente mi ansiedad, mi penuria. Y aunque para poder seguir adelante con esta difícil decisión tengo que, tal vez, dejar de lado la esperanza y mis sueños, me gustaría pensar que este dolor, esta inoperatividad, esta forma tan extraña de vivir, de ansiar lo que no llega, de sentirme herida cuando no es suficiente y me maltrata, podría aliviarse somehow. Si no, ¿qué va a ser de mí?
Si supiera cuántas lágrimas me quedan, sería todo más fácil. ¿Cuándo se te acaban?
Voy a intentar volver al trabajo. Se hace tarde.


2 Comments:
Si duele...no es amor...
Un saludo
Nieves
Pero la persona que te quiere te puede herir ¿no ...?
Besoss
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