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Estoy obligándome a hacer una reflexión esta noche, porque parece que durante el día no paro y no me permito escribirla.
Intento escuchar en el silencio los rastros de ruidos, y me pregunto si me da miedo todavía la oscuridad. A estas horas de la madrugada es difícil saber quién permanece despierto.
No he salido casi nada de casa en estos días por miedo a ser descubierta. Los pequeños saboteadores de mi mente han asomado la cabeza, pero yo me he atrincherado en este búnker con la intención de mantener muy alta la empalizada. A pesar del tiempo inactiva, no estoy segura todavía en qué consisten sus estrategias, pero las voy dando esquinazo a medida que me intentan alcanzar.
En algún momento haremos las paces. Pero todavía no es tiempo.
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