Y continúa el enfrentamiento con la página en blanco, con la página descalza, inmaculada. Y tal vez no es tal enfrentamiento sino una esperanzada espera, la expectativa de poder comunicarse, refrendarse, enfundarse en ese espacio que a medida que se recorre en vez de desaparecer parece desplegarse, mostrar su recorrido y cotejar sus fuerzas con las tuyas. A veces es una amable travesía, y otras un despertar primigenio, entusiasmado a la vida. En cualquier caso se trata de un trayecto anfibio, a mitad de camino entre un encuentro y un marcharse, un hablar y un callar. No sabemos exactamente lo que es.
Por mi parte aspiro simplemente a respirar, a desencallar el buque atracado contra su voluntad, a recobrar un simple espacio para que el tránsito del aire exhalado y su encuentro con el inhalado sea intuitivo y sin esfuerzo. Ahora mismo me cuesta respirar, situarme en el espacio torácico e intercostal. La sensación es la de no llegar al abrazo de la respiración, y al mismo tiempo la de ahogarme por perderme la sístole antes de que repercuta la diástole ...


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