viernes, 24 de agosto de 2012

Al basurero


Creo que finalmente he entendido. Hasta ahora pensaba que nuestro futuro existía, ahora estoy empezando a comprender que hay cosas que no pueden ser. Me he empeñado en llamar amor a lo que no es, y creer que es posible hacer surgir algo bello del conflicto, del desamor, del rechazo, de la insatisfacción. No, no es posible. Esto está durando demasiado, y los gestos que necesito tanto y que debería recibir no llegan, y probablemente se ha frustrado la posibilidad de que lo hagan. 

Hay personas cuyas cualidades son realmente compatibles con las tuyas. Yo debo ser una persona difícil, y en esta ocasión me he empeñado en que me aguanten y que me quieran, y para Septiembre esta podría ser una empresa imposible. ¿Por qué me cuesta tanto trabajo aceptarlo? No hay lágrimas en el mundo que puedan impedir esta realidad. Creo que me estoy buscando la ruina invirtiendo todo mi mundo emocional en una quimera. 

Eso no quita para que siga pensando que ella es una persona maravillosa y que se merece todo el amor, tranquilidad y éxito en la vida. Tal vez ella tendrá que buscar estas cosas a partir de ahora, y yo no forme parte de ninguna de ellas. ¿Lo hará? Voy a hacer su proyecto artístico con ella, voy a ayudarle a crecer, a ilusionarse, a ver que lo que soñaba sobre su creatividad, sobre su nueva vida sin dejarse influir por su entorno, por otras personas, es verdadera, y seguirá dando pasos adelante. Pero cuando finalice no quiero que seamos amigas en un futuro. No lo soportaría. Me daré la vuelta y me alejaré cuando llegue el momento. Terminaré con esto de la mejor manera posible, la más dulce, la más sensible, porque no quiero que ella sufra. La dejaré con nuestro anillo. Representa lo más bonito que hemos tenido juntas: una promesa de amor. Una promesa es suficiente, es bella, es la esperanza. No siempre se cumple, pero es un legado bonito. 

A partir de ahora voy a tener que recomponerme, reconstruirme, navegar por este mar tan bravo, encontrar nuevas claves. Todavía no sé cómo estar sin ella, sin pensar en ella, sin soñar con ella. Pero hoy me ha hecho entender que esta terrible cantidad de conflicto existe porque no hay amor, o por lo menos no hay acuerdo. ¿Y qué es el amor entre dos personas sino una promesa cumplida, un acuerdo tácito? Septiembre no se merece sufrir tanto por mí. Debo dejarle tranquila. 

Es una lástima que no tenga cerca la estrategia concreta para desvincularme de estos sentimientos, de este calvario. Sé que estoy muy lejos de aprender cómo hacerlo. Tal vez concentrarme en esas cosas que sí son reales, que están en mi mano, que voy a conseguir, realizar, sea una de las maneras de aceptar este fracaso. 

Es una pena que no hayamos pasado de la marca de los tres años. Nunca habíamos podido construir una lona de protección, de seguridad para que este desastre no sucediera, esa es la verdad. Vivíamos al día, y nuestra proyección de futuro no se estaba cumpliendo porque no estábamos trabajando de forma efectiva en ella. Yo pensaba que sí, yo soñaba en que las cosas mejoraran, pero aguantar no es suficiente. Yo invertí todo lo que pude en intentar comprenderla, en no herirla. Pero falta la lona, las dos lo sabíamos, las dos lo sufríamos. Y ahora esto ha llegado, y ella no cree en el futuro, y no importa que yo sí. Yo soy la que está equivocada. 

Tengo una buena excusa para que no haya funcionado: estaba enferma, estaba en una situación difícil en Madrid. Y ella también: las circunstancias tampoco permitían que se arreglaran las cosas fácilmente. 

Así que otra relación en este mundo se va al basurero. Las personas no han sido capaces de arreglarlo, de querer algo lo suficiente para que suceda. Más adelante quedarán los buenos recuerdos. Qué pena más grande. 

Ahora me pregunto: ¿Cuántas van ya?

Yo seguiré intentándolo, pero ¿de qué servirá?

Faltaba Ítaca, nuestra Ítaca soñada, nuestra Ítaca imaginada. La verdad es que no puedo creerlo. Ahora justo que la tenemos tan cerca que las yemas de nuestros dedos pueden percibir la brisa de llegar a tierra, alguien con una voz impasible da la orden de volver, de no acercarnos, de cancelar el viaje. Sí, estamos en el mismo barco, el de vuelta, el del sueño frustrado, el de la desesperación, el del vacío. Ella buscará su antigua Ítaca, lleva mucho tiempo preparándose, y yo no me he dado cuenta. Y yo estoy por detrás, yo no conozco ni siquiera la cartografía; mis planes eran otros: conseguir llegar con ella. Pero ahora ella no quiere hacerlo conmigo. 

Envidio su determinación, su coraje. Si yo la hubiera dejado en paz ella hubiera podido avanzar, acercarse mucho más de lo que lo está ahora. Me gustaría que me contagiara parte de esa independencia, esa comprensión, ese saber hacer. Sé que ella siente ahora un gran sufrimiento, pero se está alejando de mí, ya está muy lejos. Yo se lo estoy causando ahora. Y yo, que he dado la vuelta completamente a mi actitud, que me he llenado de sueños, de planes para hacer con ella, me encuentro en el mismo sitio, estancada, sin su ayuda, alienada. No sé cómo he podido ser tan inútil. No me extraña que ella me rechace. 

Me angustia que no pueda ser más concreta, que no quiera responder a mis preguntas. Ella simplemente dice que se acabó, que todo ha llegado demasiado tarde, y que no consigue dejarlo claro porque le doy mucha pena, se siente culpable. Pero no quiere decirme nada específico, no tengo posibilidad alguna de asirme a nada, no puedo decirle: "Mira, intentemos hacer esto de forma diferente". No, ya no me quiere, y eso lo dice todo. Si no quieres a una persona, ¿qué importa que te quiera convencer de que todo va a ser diferente? Por supuesto no le debes ninguna explicación, y probablemente ninguna sea pertinente. Con ella no ha sido casi nunca posible el analizar las situaciones juntas, ver en qué fallaban, e intentar ponerles solución. Su platonismo y convencimiento de que las cosas son o no son le ha impedido siempre conmigo el hablar juntas de lo que nos sucedía. Ahora ella lo tiene más claro de lo que siquiera imagina. Yo, que la conozco, debería haberlo sabido. Me he intentado engañar a mí misma y a ella. Al final, la estrategia se ha vuelto contra mí y me ha volado la cabeza. 

Todos mis intentos de acercamiento han resultado fallidos. Sí, probablemente termine recordándome algo mejor que si me hubiera alejado de ella para siempre en marzo, o tal vez no. Ella tiene tendencia a adherirse a lo malo, a lo terrible en sus recuerdos de otras personas. Espero que hagamos su proyecto juntas, y que con él yo encuentre la fuerza que necesitaba para alejarme de ella con dignidad, con la cabeza alta y el gesto amable. De verdad es que ahora no siento consuelo. No sé dónde mirar, ni dónde encontrarlo. Estoy tan desorientada, tan decepcionada. Tal vez la maldita calma chica de esta semana era simplemente el aviso de la tormenta que se iba a producir. 

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