jueves, 23 de agosto de 2012

Calma chicha


Estoy un poco atontada todavía, y necesito ponerme las pilas. En la casa de mi madre hace demasiado calor y no termino de refrescar la mente. 

Tengo la sensación de que no voy a poder escribir nada interesante por el momento, no sé muy bien por qué. Sólo soy capaz de escribir de forma más poética, precisa y lúcida cuando escribo comentarios en el blog de Septiembre o cuando le envío correos. También he intercambiado mensajes muy bonitos con amistades de Londres. Y sin embargo cuando hablo conmigo aquí parece que estoy demasiado cerca de lo que siento para poder encontrarle el trasfondo, el misterio que ha caracterizado otros escritos míos. 

Sé que sólo es una fase, y que debo seguir dándole oportunidades a mi subconsciente para reorganizarse y comenzar otra etapa cuyas características sólo conoce mi mente. Es una especie de cansancio mental extraño, y me entraría el pánico si no supiera que es estacional. Estoy pensando que debería dedicarme más intensamente a la lectura y refrescar la imaginación con la práctica del senderismo por otros imaginarios. Pero esta semana no he logrado concentrarme lo suficiente para entregarme a ningún libro. Y el único que me apetecía, el diario de escritura de Virginia Woolf, me ha llegado en una edición muy antigua con las hojas amarillas y polvo acumulado en ellas durante más de treinta años (se publicó en 1978) y tengo una alergia espantosa tanto en la garganta como en las fosas nasales. He protestado a Amazon y me van a enviar una copia nueva. Y mientras tanto sigo intentando pillar una hoja aquí y otra allí, pero me empieza a entrar dolor de cabeza, sequedad de garganta y picor en las fosas nasales, y la verdad es que ya no me voy a molestar más hasta que me llegue el otro libro. De todas formas en casa me esperan Baudelaire, Rimbaud y Marguerite Duras. A los que voy a añadir algunos autores pre-punk que nos permitirán a Septiembre y a mí trabajar juntas en su proyecto. Y a mí el conectar más con su espíritu actual. Voy a tener que atacar estas lecturas y otras bolígrafo en ristre, escribiendo notas y reacciones en mi moleskine para rebasar esta línea aturdida de mi imaginación y sondear más profundo.


Creo que esta calma chicha de agosto me está empezando a atacar los nervios, o tal vez el subidón de energía que suelo experimentar a comienzos de septiembre está acechante, y exige que empiecen a pasar cosas. ¡Y no puedo quejarme! Finalmente Septiembre ha dado muestras de querer estar conmigo de nuevo lo que parece una respuesta a mis plegarias, y yo me siento más fuerte para comenzar a reconstruirme, ilusionarme, ganar dinero para ahorrarlo y poder seguir adelante, y crear una nueva vida juntas. Gasto parte del tiempo del día ensimismada, ensoñada, pensando en lo que nos espera, y durante el resto intento estar activa, buscar oportunidades, lanzar proyectos, contactar con gente.

Pero hay veces que las horas se quedan tendidas con pinzas y querrías que pasaran más cosas. También tiene mucho que ver el haber pasado gran parte de la semana en casa de mi madre. Pero me sentía tan culpable por estar pensando en marcharme a Londres y dejarla que he intentado compensarla (aunque ella todavía no lo sabe) acompañándola y dándole cariño y atención. 

Mi madre llevaba unas semanas de un mal humor terrible, de esos que te hacen temblar, y poco a poco lo he horadado y he conseguido que sonría. Además está contenta porque ha conseguido enmadrarme un poco. Me ha dado una reacción rara en la pie al polen?? orugas caídas de los árboles? un mosquito escondido en los pliegues de mis pantalones?? ... y tengo todo el cuello cubierto de granos, como una varicela. También me han salido en los brazos, las axilas, las piernas, la espalda, aunque en menor medida, y pican como si me hubiera asaltado un ejército de mosquitos. Y ella me ha estado persiguiendo por la casa: que si una crema aquí, talco allá, hay que comprar Talquistina, qué tal estás, y así todo el día. Además la piel de la rótula me escuece muchísimo por haberse formado una especie de derrame bastante desagradable por el roce y la presión tras seis meses de uso de la rodillera, y allí también ha encontrado ella un buen destino para sus buenos oficios: cremas, tiritas, compresas, descansa, pon la pierna en alto, no cargues peso, etc, etc. 

Y lo mejor de todo es que he engordado dos kilos en esta semana porque lo único que he hecho ha sido comer sin parar, y he pasado de unos peligrosos e inauditos 47 kg y medio a casi 50 kg (mi peso de hace ... seis meses?), y la satisfacción que tiene es palpable en su sonrisa de lado a lado.

Ahora viene mi hermana con mis sobris, y también sé que desde que he decidido irme cada vez que oigo su voz por teléfono o veo fotos o vídeos que envía mi hermana a mi madre por el Wassup, se me sobrecoge el corazón con un sentimiento de pena profunda al pensar que ya no voy a poder viéndoles tan a menudo como ahora. Ya no me daré cuenta de las nuevas palabras que aprenda la niña, ni de cómo mi sobrino juega cada vez de forma más reflexiva. La verdad es que está visto que no hay nada en la vida que no tenga precio. Y en ese precio está el hacer que tu decisión valga la pena.   

2 Comments:

nieves said...

A veces un poco de dosis materna viene bien. A mí me pasa, pero sólo una dosis, después me saturo...
Cuida esas alergias...
Besos
Nieves

Ssplash said...

Pero yo lo voy a echar de menos tantos cuando esté lejos ...