domingo, 26 de agosto de 2012

Dureza


Estoy trabajando para acallar los aullidos del alma, y siento algo así como una amputación, y el miembro todavía en carne viva, escociendo y estertorando porque se ha separado del cuerpo. 

Sé que tengo que aprender a esperar y dejar que el tiempo decida lo que va a pasar, pero mientras tanto no logro alcanzar a respirar, a calmarme, a que no me cercenen los pensamientos que tengo, las palabras que se hacen paso por mi garganta y claman en mi voz aunque esté andando por la calle. 

Intento caminar por zonas donde no hay mucha gente, hablo sola porque tengo que consolarme, explicarme lo que está sucediendo. Llevo las gafas de sol puestas porque lloro constantemente, y procuro que sea de noche. Y mi corazón herido declama sus pesares, sus miedos más hendidos, sus esperanzas, y de vez en cuando una palabra o una frase que se repite hasta que mi boca ya no es dueña de ella y el corazón rebasado toma el mando exclamándola, y vuelve a decir lo que siente en un eco constante que no cesa hasta que se disuelve en el aire o mi misma inhalación lo traga. 

Y la verdad es que llevo así, de una forma o de otra, desde marzo. Tal vez tengo motivos para lamentar el no poder recuperarme, el tener miedo de las próximas horas, de mañana, de todos esos minutos inacabables en los que tengo que notar la tensión de este dolor, las ganas de encontrar una postura que me calme, consuelo, el no poder parar estos pensamientos que me consumen el espíritu como larvas acechantes. Y los momentos que he tenido de esperanza, de tranquilidad bajo cuerda, de alegría exultante al recibir las migas de algo que era una fantasía, han sido traicionados por la realidad dura y desnuda como una pared ardiendo a las tres de la tarde. 

Sé que tengo que ser valiente, que debo tener coraje, que los próximos meses, o tal vez años decantarán esta situación por una salida u otra, y tampoco es seguro qué es lo que va a pasar. Pero ayer saqué su ropa, la puse de nuevo en mi armario y eché su colonia en mi almohada para sentirme más cerca de ella. Tengo una nota en mi espejo para darme valor, para recordarme que en algún lugar del corazón de Septiembre me encuentro yo y su ilusión pasada, y que la gente tiende a reconsiderar sus decisiones cuando pasa el tiempo, se les baja la fiebre y se sienten solas, cuando la presencia de otras personas no les colma, cuando el mundo parece incompleto sin el antiguo amor que han dejado atrás. 

No puedo creerme que la cosa se quede aquí, que ella tenga derecho a destrozar lo que hemos construido juntas, que sea como las demás chicas que me han abandonado cuando más las necesitaba. Y que sea tan débil como la mayoría de las personas que no soportan estar juntas más de un par de años, que no tienen el coraje necesario para defender aquello por lo que han luchado, que no quieren creer en nada porque no quieren arriesgar nada. 

Aunque hay algo en mí que me dice que espere, que deje atrás las prisas, la necesidad de estar con ella, la seguridad, el cobijo, no puedo encontrarme a mí misma, no puedo relajarme, no puedo dejar de darme mordiscos y caerme al suelo cada cinco minutos lastimándome los músculos y los huesos. ¿Cuándo va a parar esto?

Hoy he salido huyendo de casa de mi madre tras recibir el último mail de Septiembre, tras hablar con ella y escuchar una voz desenvuelta que me dice de forma contundente y lapidaria que tiene un vínculo conmigo pero no sabe de qué tipo es. Que no me ha elegido a mí, y que quiere tener amantes en varias ciudades, que vuelen a buscarla, que le acompañen, que la contacten por mail por Facebook, por teléfono, que la mantengan ocupada mientras ella vive su vida, porque la vida conmigo no le convence. 

Se siente mal porque yo estoy triste, pero responde en alto y sin apuro a la mujer con quien está y que le pide que se apresure para salir y divertirse juntas durante el resto del fin de semana, sin tan siquiera intentar tapar el auricular para que yo no lo oiga. Se ha convencido de que en el fondo está fenomenal, aunque sea a ratos, de que tiene unos planes estupendos, se siente entera y completamente convencida de que yo le impido crecer. Esa dependencia que tiene de evadirse, del sexo, del orgasmo continuado, no tiene línea de continuidad, no lleva a nada. Es el vacío. 

No quiere dejar ningún cabo suelto, no quiere reflexión, no quiere caer en la sombra de la duda, en la estúpida ternura, en la ridícula levedad del amor. Ahora sólo se quiere a ella misma y a quien le siga; el resto de la gente es una carga, pone a todo el mundo en el mismo saco: sobramos.

Ya no está confusa, ya se está haciendo sus composiciones de lugar, ya se está protegiendo de la lluvia de Madrid, ya se ha endurecido. Es dura, es implacable, es Septiembre.

Pero yo la conozco y hay todavía muchas incógnitas por debatir, no es tan sencillo como ella pretende. No puede esconderse todo el tiempo de sus sentimientos, de la variedad de grises. No es la única que ha cambiado. Tal vez se siente poderosa aplastando la oportunidad que nos merecemos, pero más pronto o más temprano se sentirá desnuda, abandonada, sucia, pequeña. Y se dará cuenta de que las dos somos pequeñas, que no pasa nada, que no importa, que ser pequeña es bello, que la vida son las pequeñas cosas, que de lo pequeño surge lo sublime. 

Y además a ella le falta una asignatura pendiente: no me conoce, dejó de intentarlo hace mucho tiempo, se bloqueó para no verme. Y yo sí la conozco a ella ahora, y esto es tan importante en una pareja, tan impresionante, tan especial. Ella tiene la oportunidad de hacerlo, de descubrirme, de avanzar, de crecer juntas. No sabe lo que se pierde. Cuando lo sepa podremos aspirar a ser felices juntas. 

Pero a mí todavía me queda muy cuesta arriba aceptar lo que está pasando, pero si quiero que esto avance debo hacerlo; y lo haré apartando el cinismo, la malicia, el desprecio que te inocula el desamor, la revancha. Tengo que superar que entregue su amor, su cuerpo, su tiempo a otras personas. 

El tiempo, el tiempo, el tiempo. Por qué en vez de contar minutos no los utilizo para salir adelante. ¿Quién me puede contestar? ¿Dónde puedo encontrar ayuda? Tendré que hacerlo en la belleza de mi propia creatividad, en los tiempos del sudor de mi trabajo, en la evocación del amor sin pensar en ella. Si me siento tan mal ahora, si no soy capaz de superar esta etapa y prepararme para la próxima, es porque sufro de una dependencia nociva, no soy capaz de ser yo fuera de este dolor. Y quiero encontrarme en la seguridad de que valgo la pena, de que me recordarán, de que no me va a olvidar tan fácilmente. Tiene la costumbre de hablar de las historias pasadas como inacabadas, como fracasadas. Pero conmigo no le va a pasar eso, porque simplemente no es cierto. 

No quiero idealizarla, quiero recuperarla tal cual es. Este ansia de superación que tengo deshabitada debo ponerla en acción para fortalecerme, para que cuando me busque me encuentre entera, capaz, independiente, en esencia: la luchadora que soy. 

4 Comments:

Nano. said...

No pude encontrar el futuro buscando en el pasado; sólo conseguí perder mil presentes.

Besacos con buena energía!

Ssplash said...

Muchísimas gracias, Nano. ¿Sabes una cosas? Con lo de mi padre me he dado cuenta de lo que es verdad en la vida, y de repente he visto claro que no hemos significado nada la una para la otra, que no hemos existido, que todo era una irrealidad.

El sufrimiento va a parar, pero queda el vacío de algo que nunca ocurrió. No voy a mirar más al pasado, y el futuro no existe.

Un beso muy fuerte

Nano said...

No sé reina, seguramente no es tan blanco ni tan negro. Pero no sé si es posible discernir la distancia a cada extremo.

Yo, como soy un poco vaguete prefiero no pensar, y dejo que se coloquen esas cosas, poco a poco, donde les corresponda. :)

Pero trato de ser consciente y controlar mis pensamientos si éstos me hacen sufrir. Claro que no siempre puedo, pero sólo intentarlo es gran un paso que ayuda mucho.

+besos.

Ssplash said...

Gracias, Nano

Besitos