martes, 28 de agosto de 2012

Libertad


 Mi padre está grave pero estable. Espero que salga de esta, pero tengo un mal presentimiento, y me pone alerta, me hace ver el mundo de otra manera. Cuando le acompañé anoche en la ambulancia tuve esa sensación de que iba a ser un momento grabado a fuego en mis recuerdos. Mi padre, que tan mal me ha tratado, sujetándome la mano con total vulnerabilidad, clavándome la mirada confusa fijamente, con un hilo de vida escapándose de su cuerpo por la ventana de la ambulancia, encaramándose en su sirena estridente para por lo menos mostrar su derecho, contagiarse de la vibración sonora, volar con la velocidad vertiginosa a través del aire, viajando como por el océano, las nubes, disfrutando las vistas y respirando profundo la emoción de ser libre. 

Hay momentos en la vida en los que te das cuenta de la cantidad de oxígeno que necesitas, que necesita el mundo para moverse hacia adelante, para asumir las situaciones difíciles, para que te quepa toda la humanidad que ese único instante genera. Cuando lo que sucede es la pura verdad, es la vida sin adornos y aún así bella en su grandeza, bella en tu inanidad, potente porque tú estás allí y él está allí, y todo tu cuerpo se expande y formas parte de algo, no sé el qué, pero de algo.

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