Esta semana me ha costado la zambullida en el ordenador; tengo que dormir mucho, me cuesta hablar con la gente; la tensión mental es muy grande, la noto bombear la sangre dentro de mi cabeza, mi mente me sorprende haciendo inventario del pasado y del futuro. Sigo escribiendo, pero he de decir que es más importante el haber escrito durante todo este tiempo, y tal vez ahora me pregunto con urgencia qué decir. Es como si la historia que narraba se hubiera detenido en un cruce de caminos. Sé que estoy agotada físicamente, así que trato de no tomar en cuenta la sensación de alienación. En el horizonte se perfilan nubes que se acercan y que están por llegar muy pronto, y mi madre tiene ahora que encontrarse a sí misma y dejar de lado su identificación plena con la figura de la cuidadora, en incluso de ser sólo madre.
Pero yo no sé qué nos va a provocar como familia todo lo que ha sucedido; las grietas no son sostenibles, el desembarazarse del dolor tampoco. Cada vez que hay una muerte en esta familia parecería también que surge una nueva flor entre las fisuras de la roca. No he encontrado este Edelweiss todavía, pero espero que reluzca de nuevo como lo hizo con mi padre.

0 Comments:
Post a Comment