domingo, 22 de septiembre de 2013

Silencios

Hoy vamos al cementerio. No sé muy bien por qué mi madre quiere ir a una misa en la que recordarán a todo el mundo que fue enterrado esta semana. Bueno, sé que tiene que hacer unos pagos y ocuparse de la lápida. Pero cuanto más lo pienso, menos quiero ir. Otra vez sentarse y mirar al suelo, sentir ese caparazón curvándote la espalda. Ya no me espantan tanto las palabras que se refieren a la muerte, al proceso de la muerte, a lo que rodea la muerte, pero creo que me estoy cansando de ciertas cosas. Y hoy me he levantado con una sensación de náusea acarreada en la musculatura de mi cuerpo. Andaba y casi se me doblaban las piernas. Un pensamiento me golpea la mente una y otra vez: antes estaba aquí, y ahora no. Ya no existe porque la enfermedad le ha robado su vida.

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