¿Qué sientes? No lo sabes hasta que te llega la oleada de recuerdos. Cuando bajó el domingo con su gorra de béisbol y volvió sonriente y cantarín con unas rosas para mí por mi santo, y para mi madre por su cumpleaños.
Hay pocas fotos, o por lo menos no te las encuentras por el rabillo del ojo en todo momento como las de mi padre, con ese dolor interno y profundo que te causa verle a mi padre la cara sonriente, el gran cuerpo, sus trajes, sus ojos preciosos. Ahora mi hermano parece más guapo, más fuerte, más vivo en las fotos. Le hemos conocido mucho más en este mes ingresado, le hemos querido mucho más, le hemos escuchado con su mirada. He descubierto su piel, sus brazos, el pelo masculino en brazos y piernas al que he rozado muchas veces con mis dedos. Cuántas veces le he mirado y era papi. Mi madre le llamaba, "venga, papá", sin darse cuenta.
Hoy hemos encontrado unos mocasines de mi padre de piel corinto, preciosos y brillantes bajo la cama. Están nuevos, como la mayoría de su ropa, que parece nueva. Ahora son él y él. Ya no somos seis, somos cuatro. Ya no tengo hermano mayor, y el otro no se merece ni de lejos esa calificación. Ahora mi hermana pequeña se ha hecho mayor. Y mi madre nos necesita más que nunca. Intento no abusar de mi poder sobre ella, porque es fácil apoderarse de su fragilidad, por eso intento mostrar la mía cuando es necesario. Aquí nadie es más fuerte.
El resto del tiempo no sabes qué sentir, la verdad. Con mi padre era todo más sencillo. Encontré su fuerza para seguir viviendo y luchando, para ser feliz y afortunada, para construir, para beber de la vida como de un arroyo manso y tranquilo y entusiasmado, para dejarme refrescar e inundar con mi creatividad, con mi potencial. Pero la muerte de mi hermano no es natural, no es normal, no se sabe, no se entiende. ¿Qué?
No sé qué muestran mis ojos. No lo sé. Se sostienen solos, la musculatura se ha fortalecido con el llorar. Muestro el cansancio, el sueño. Miro desde dentro, macerando mis sentimientos, sellando boquetes.
Mi madre y yo hablamos. Yo le dejo decir lo que quiere; alguna gente nos dice lo que tenemos que sentir. Qué ridiculez. Eso no sirve de nada. Yo le dejo hablar y me cuenta muchas cosas. A veces nos reímos también, a veces hablamos de la ropa de la cuerda, otras de lo que sea. No estamos condicionadas. Hablo con mi hermana y la veo más triste que yo. Está muy cansada, y creo que se siente derrotada. Pero queremos proteger a mi madre: se le caen mechones de pelo, pero finalmente duerme ocho horas de un tirón. La verdad es que duerme, yo lo sé porque paso la noche en la misma cama con ella.
Anteayer en el coche de camino al tanatorio me quedé adormilada y me puse a subirle las barandillas de la camilla a mi hermano. Le daba a los dos botones rojos y las subía y las bajaba como tantas veces para luego ponerle las almohadas como parapeto. Lo comenté a las otras personas en el coche y no dijeron nada.
Mi sobrinito lloraba y corrió a tocar el féretro de caoba brillante cuando empujaban a mi hermano en el nicho. Yo corrí detrás de él, y mi hermana. Las tres manos sellaban su amor encima de la madera.
Mi sobrinita preguntó por qué sellaban el nicho. Yo le dije delante de todo el mundo que para que no tuviera frío mi hermano. Luego me percaté de que arriba suyo alguien había muerto a los 22 años. A la derecha arriba otra persona con 40 y algo. Se lo dije en alto a mi madre mientras enterraban a mi hermano. Ella dijo: "Ahhh". Bueno, así es, algunas personas también se mueren jóvenes. A veces mientras los enterradores se esforzaban en el entierro con el peso del féretro yo miraba hacia los lados, a quienes nos acompañaban; llamé a mi hermana para que se sentara con mi madre y conmigo. Algunas personas me seguían con la mirada. Mi amigo N. me apretaba el brazo con cariño todo el rato. No tenía necesidad de mirarle porque él ya había visto mi cara y el reflejo de mi dolor. A veces se te cambiaba la cara al mirar a la gente. Cuando se te acercaba alguien que había conocido bien a mi hermano es cuando más pena te daba todo.
Mi padre se encuentras a la vuelta de mi hermano, y fuimos para allá. Nuestro querido amigo V. le cogió una mano a mi sobrino y yo otra. Le explicamos que la vida es dura y que qué pena, ¿no? Yo le dije a mi sobrinito que a mi amigo se le había muerto su madre hacía unos meses, y V. le dijo que en la vida sólo existe la felicidad porque existe la pena. No sé qué pensaría mi sobrino, pero él escuchaba y seguro que reflexionaba sobre eso.
Mi sobrinita en el tanatorio corría hacia mí y me decía que no iba a estar triste porque ella me iba a abrazar mucho. Y lo hacía, todo el tiempo. Nuestras amistades y familiares nos miraban con ternura, como esperando a su turno cuando decidieras hablarles. Fui a dar un paseo con mi amigo N. y con mi sobrinita. Recogimos aceitunas y ella se las dio de comer a un galgo hembra, y a la perra le gustó. La niña se pasó todo el día dándonos flores y cosas.
Llama la gente y dices: "Fíjate". "Mira". "En fin". No puedes decir lo que te queda súper claro. Ya no intento proteger a mi hermana, aunque la llamo para intuir cómo está. Ella me cuenta. Mi madre me deja que la apoye y ya no hay estratificación. Antes éramos seis, ahora somos cuatro.
July 2027 Paris conference features To the Lighthouse
-
Oslo in June. Paris in July. And Virginia Woolf at both. Next year two
international conferences focused on Virginia Woolf will be held in Europe.
The firs...
Hace 2 días

0 Comments:
Post a Comment