
Raíces desentrenadas, renunciando con su férrea y rechinante resistencia a la desertización del terreno y a su desmembramiento.
También son las salidas del alma las que se resisten a obturarse y reventar el bombeo cardíaco. Sin raíces el cuerpo y su riego se vuelve inapetente, incongruente, desprotegido y revisable, inutilizándolo.

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