lunes, 11 de marzo de 2013

Film


Esta semana tiene una importancia insospechada. Porque no voy a retroceder ni encogerme ante la evidencia del verdor del tránsito, de la rugosidad del transcurrir. Voy a recogerme y transpirar ese ritmo licuado de la escritura transitoria y fértil. 

Y no voy a parar tras la primera ni la segunda frase. Reincidiré en la atenencia y la singularidad del negativo impresionado. Intercederé en la narrativa de ese óxido de plata que se revela, ese precursor portátil y hábil del retrato, que sólo puede relatar en sus gránulos suavizados la velocidad de la luz en perspectiva con la emoción, el sentimiento, la fracción de segundo iluminada. Esa química intercadente cuya latitud de exposición depende de la reverberación del oxígeno resuelto, me recorre en itinerancias fluviales por el vocabulario de la imagen.


A pesar que la mayoría de los haluros de la placa fotográfica se oxidan en los gránulos de su imaginario, se sabe de la existencia de haluros cuyos átomos de plata poseen estados de excitabilidad favorable a la irradiación humana. 

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