domingo, 16 de mayo de 2010

Aislamiento


Ni hoy ni ayer me siento cómoda en el trabajo. Me inhibo de las dinámicas y conversaciones del grupo de mañana porque no me identifico en absoluto con el ruido, los temas de encuentro, las actitudes, la ironía, el filo de sus insinuaciones, la estrechez de miras. Es mi percepción; distorsionada o no es como me siento. Es mi intuición la que habla, una intuición que a veces me expulsa del grupo, que a veces me aisla, que a veces me impulsa a resguardarme y pensar por mí misma. Que a menudo provoca incomprensión.

Por la tarde tiendo a relacionarme bastante más. Pero no noto esa fuerza bruta de la dinámica de grupo, de las conversaciones para tapar el tiempo. Es una existencia solitaria, y me había propuesto no hacer esto más en un ambiente de trabajo, pero poco a poco he ido sobreviviendo esta trabajo rutinario y alimenticio con la lectura. Parece que si no estás presente soportando sobre la coronilla de la cabeza el ruido ajeno, los aguaceros de voces, no te aceptan, no te identifican. Los procesos de reconocimiento del grupo tienen sus propias reglas, pero no me gustan. Todo esto contrasta con mis contactos por mail con mi mundo de Alicia, mis descubrimientos, mis compras, mis investigaciones. Es como si aquí me disolviera y no pudiera respirar.

Por la tarde me encuentro con gente que tal vez, por no tener que madrugar, está más relajada, menos vampira, más integrada en su propio espacio y sin tamaña ansia por invadir el tuyo.

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