
Un nuevo día se aventaja y yo apenas puedo seguirle los pasos. Estoy tan cansada que tengo náuseas, los ojos me duelen y, sin embargo, los recuerdos de la sonrisa de la bebé y el niño hacen sonar cascabeles en mi memoria.
Ella, tras un mes de vida, tiene esta manera de ver el mundo: o le molesta algo, o está tranquila. Cuando está tranquila su piel mullidita respira, su boquita se estira, su mirada se queda fija en ti. Deja relevo a las funciones fisiológicas de su cuerpo que a veces la hacen potar, o hacer caquita o coger peso poco a poco. Ella ha llegado a esta vida después de crecer milagrosamente y crearse a sí misma.
Es un pequeño gran milagro. Ella ya está aquí, con una vitalidad floreciente, pero sin avasallar, a pasos agigantados que sin embargo de día en día se sumergen en el sueño más profundo. Mientras duerme se agita. ¿Qué tendrá en su cabecita? ¿En qué se convertirá el mundo para ella? Sonidos, olores, gestos protectores, voces tiernas, manipulaciones invasivas, mimos, caricias, brazos protectores, besos.
Ella nos mira sin vernos, no sabemos si nos quiere todavía. Simplemente estamos aquí. Y ella ya está aquí. La estamos acompañando.

0 Comments:
Post a Comment