En el que se escucha y se pliega el fatigoso viento recién levantado, y se interceptan ruidos encriptados y vocablos precisos que definen la subida del otoño a tu cabeza. Con la estación te crecen espejos en el pelo, se te infiltra la creatividad y comienzas a fecundar el camino hacia la adquisición de la frase.
En este paisaje se sitúa el folio en blanco donde plasmas finas líneas que han de solidificarse y atrapar la imaginación en su rítmico avance, con esa aspiración y necesidad suya de recuperar la intuición injertada en las manchadas hojas de otoño.
Los tonos y melodías estacionales preludian el desprendimiento de las doradas promesas de otoño de los árboles, aquéllas que como bandadas de pájaros disfrazados con cálidos tonos de argán se arremolinan y forman mareas de vida en broches, susurros que mucho más tarde alumbrará de fertilidad la primavera.
En este paisaje se sitúa el folio en blanco donde plasmas finas líneas que han de solidificarse y atrapar la imaginación en su rítmico avance, con esa aspiración y necesidad suya de recuperar la intuición injertada en las manchadas hojas de otoño.
Los tonos y melodías estacionales preludian el desprendimiento de las doradas promesas de otoño de los árboles, aquéllas que como bandadas de pájaros disfrazados con cálidos tonos de argán se arremolinan y forman mareas de vida en broches, susurros que mucho más tarde alumbrará de fertilidad la primavera.

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