jueves, 17 de febrero de 2011

Ligera

Me gustaría sentirme ligera, liviana. Saltar ligera, moverme liviana. Olvidarme de los objetos que se acumulan alrededor de mis costillas, que me atormentan por haberles dejado de lado con sus exigencias y sus mandatos en suspenso. 


Me gustaría sentirme ligera con la ropa puesta, ligera por dentro y por fuera, para moverme con mis pies descalzos en mis vaqueros pegados a mi cuerpo pero sin aplastarme. Ligera con la cara mía, sin que me martirice su peso. Ligera con mi boca con sabor a agua fresca. Ligera entrando y saliendo, llevando ideas y más ideas entre manos. 


Ligera aquí dentro respirando recovecos y viendo sus posibilidades. Ligera al soñar el futuro, sin miedo ni angustia.


Ligera y libre. 


Ligera de una vez, de forma continua. Hacia adelante, ligera. Con las manos y la cabeza, y el cuerpo ligeros. sin pedir perdón ni disculpas, ligera. Respirando cientos de miles de ideas y llamadas de atención. 


Ligera sin frío y sin miedo. Avistando imágenes de la realidad escondida tras las sombras. 


Son ráfagas de aire fresco que no congela. Son llamadas de atención. Son fuerzas imperecederas que a veces se mantienen al margen. Son empujones, trasquilones, incendios en receptores milimétricos. 


Son ciertos olores que te reciben impertérritos y te desbrozan, desbaratan, te inhalan y cierran puertas. De ellos me retiro. No sé de cuánto tiempo dispongo para enfrentarme a ellos y ganar la batalla. 


Los primeros enemigos son relativamente pequeños, se recogen y asientan en sus propias sombras. Pero había decidido a movilizarme sin miedo. 


Vuelvo a pensar en sentirme libre y ligera. Con el poder de respirar sabiendo que cuanto más profundo respire más podré luchar contra la tensión. 

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