
En el punto de salida, el espacio de entrada, el reconocimiento textual, el momento presente que marca el reloj digital. La necesidad de tensar la costumbre para que recorra las rutinas y las perfeccione. El paso de los minutos es lento, preciso y pesado. Esperas el ritmo perfecto de recogida de aparejos a la hora de salir. Pero el reloj no te adelanta ninguna alegría, es inexpugnable e implacable. Se regula a sí mismo.
El género neutro se recompone ante el tamborileo y la petrificación. Un batir de pestañas y los minutos se suceden, pero todavía faltan muchos, o lo que parecen muchos para ser contados con impaciencia.
A veces te falta el tiempo y te gustaría aminorar la marcha. En este momento no necesitaría que vaya más deprisa sino acomodarme a su ritmo. Existe un cierto umbral donde podría resignarme o por lo menos tranquilizarme. Sabría que a partir de ese momento no iba a contar los minutos sino ojear tranquilamente el reloj a sabiendas de que ya no avanzaría de uno en uno sino más rápidamente por su misma inercia.
Pero no termino de encadenarme a ninguna frase larga, a ningún párrafo que una vez enganchado reinvente el concepto de la espera.
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Oslo in June. Paris in July. And Virginia Woolf at both. Next year two
international conferences focused on Virginia Woolf will be held in Europe.
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Hace 3 días

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