Hoy es muy difícil. Siento una tremenda ansiedad y me siento mal. Ayer tuve buenas ideas y estuve leyendo sobre cómo gestionar la inteligencia, y pude reflexionar y ver maneras de luchar contra la testarudez y dificultades del pensamiento. Pero por la noche no pude dormir bien debido a la música de la vecina, y esto se juntó con la lectura de mis diarios de 91-92 en Londres y California, y comenzó a encaramarse la ansiedad, supongo. Porque hoy me he despertado con una dosis grande.
Me gustaría verme más serena y activa para poder hacer las cosas mínimas de la casa que dejo sin hacer y que me están complicando un poco la existencia. Mi estrategia es esperar, pero ahora quiero algo más activo. Quiero combatir los pensamientos negativos, simplemente. Es la única fuerza que tengo. Procedo a quemar etapas y al final me doy cuenta de lo que puedo hacer. Sé que debo sacar fuerzas de flaqueza y que tal vez se me deberían ocurrir nuevas ideas. Bien. Pues sí. La cosa puede ser así. Tal vez debería dejar de esperar a que se me ocurrieran buenas ideas e ir utilizando las sugerencias que me vayan surgiendo.
El tema del futuro no lo veo nada claro. O tal vez debería decir que dedicarme a mi trabajo artístico y a mi familia es lo que me va a hacer sentirme mejor. Pero tengo que encontrar una buena combinación para que no se desequilibre la balanza. Por ahora, lo que puedo hacer es utilizar un pensamiento razonado para luchar contra los pensamientos desangelados y venenosos. Esto me va a dar fuerza. Y si siento que por fin voy a lograr vencer al peor enemigo que he tenido en mi vida seré feliz. A pesar de cómo vayan el resto de las cosas.
Cuidar mi dieta, hacer cosas que me hagan sentirme mejor, tener ideas en perspectiva. Planear mejor el día, también. Organizarme.


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