Ha vuelto la depresión. Creo que podría haber tomado mejores medidas para evitarla, pero a lo mejor me he confiado un poco y no es que haya dejado que vuelva, sino que tendría que haberme dado cuenta de cómo la hipomanía no deja de ser una precursora.
Creo que todavía tengo armas suficientes para impedir que se instaure del todo. No deseo estar meses así, y aunque es una enemiga feroz y poderosa, porque conoce todos los escondrijos y rendijas de mi mente, yo he aprendido una par de cosillas en el camino que me van a ser muy útiles en esta lucha.
Pero había olvidado lo rápido que cambia la percepción de tu entorno, tu vida, tu futuro, y lo fuertísimamente que te atrapa el físico y te vuelve débil. Cómo escupe y ensucia todo lo que amas, y qué pocos reductos te deja. Es increíble. Cuando caes en sus garras lo estropea todo y se asegura de que no lo tengas fácil.
Además se ensaña contigo y te hace sufrir mucho emocionalmente lanzándote insultos, improperios, patrañas, calumnias que te humillan y te acobardan. Te ha robado parte de tu pasado y quiere instalarse para devorar también tu futuro próximo. Te deja muy sola, desvalida, y no te da tregua porque avanza muy rápido, como una peste, esquilmando y reduciendo a cenizas (virtuales) todo lo que tienes.
Se apodera de tus sueños, los soñados y los vividos, y te saluda nada más despertar, haciéndose presente, ahogándote cuando intentas enfrentarte a los primeros segundos del día. Es muy difícil explicarlo, ni siquiera a mí misma, porque me deja sin capacidad de respuesta, recogiendo los objetos que rompe a su paso, desbordada, sin fuerza, observando desesperada el daño que hace a su paso.
Ahora ha sembrado de nuevo la duda sobre mi futuro. Pero una estrategia de choque tiene que ser el seguir creyendo en él, en seguir trabajando día a día para que este futuro no lo destroce. Se trata del futuro más cercano, las acciones más mínimas, las expectativas a corto y cortísimo plazo.
Vuelvo a trabajar en la serie con menos credibilidad para mí misma, con buitres sobrevolando mi esfuerzo, con menores recursos. Es un proyecto que me puede tener ocupada a largo plazo, y no vale la pena preocuparme por lo que pueda pasar después, porque lo que debería preguntarme es lo que pasa ahora mismo, de un minuto a otro, de una hora a otra. Esta es otra estrategia de protección.
Desde que me curé con la meditación, es la primera vez que vuelvo a luchar contra ella. Como me digo a mí misma, algo he aprendido, y la manera de cargármela la última vez fue primero con la meditación, dándome cuenta de que había una solución a mi alcance que no implicaba cambiar nada a mi alrededor, sino permitir que las cosas pasaran, que mi cuerpo y mi mente sintiera el dolor, sin reflexionar, simplemente dándome una oportunidad para enfrentarme a este temible y enorme enemigo. Y gané.
Ahora tengo miedo que el proceso vuelva a ser largo, tengo miedo del dolor y la falta de productividad, ahora que estaba empezando a ponerme en marcha. Pero es verdad que he cometido un error de juicio que ahora es responsable de mi problemática, y ha sido no utilizar mis recursos bien, no ahorrar fuerzas suficientemente haciendo bien las cosas, de forma racional y metódica. Ahora tengo la oportunidad de hacerlo, y tal vez lo otro haya sido una buena lección.
La estrategia tiene que ser hacer meditación cada día. No importa que sean sólo diez minutos, el tiempo no es importante, es la actitud. Y creo que tengo que aprender que en esta vida lo importante no es hacer algo constantemente, sino tener el conocimiento y la capacidad para hacerlo cuando es necesario, y si se puede crear un hábito es genial, pero si no, simplemente siempre se pueden encontrar momentos para reengancharse. El conocimiento no nos lo puede quitar nadie.
Por ejemplo: la bici. Me ayuda mucho, pero ahora me cuesta mucho trabajo físicamente el utilizarla. No lo disfruto tanto, pero es un gran valor contra la depresión el continuar usándola, aunque me resulte difícil. Y el haberla introducido en mi vida es un gran valor. Tengo que luchar por ella.
Luego está la serie. Tengo que seguir trabajando aunque me resulte mediocre, rutinaria y una pérdida de tiempo en cierto sentido. Tengo que verlo con la mentalidad de que es algo positivo que tiene un valor específico muy grande, a pesar de sus fallos y sus imperfecciones. Es una inversión de futuro, es una ayuda en mi vida, una ayuda, algo que está ahí para asistirme en mi caída, y que no me va a abandonar. Tengo que verlo así, poder ver más allá de la depresión, tal vez con el filtro de la esperanza, una esperanza real y no fingida, que es el saber que me voy a volver a poner bien, lo suficientemente bien para no pensar en cómo me siento. Simplemente bien.
También está mi capacidad para hacer cosas pequeñas sin pensar. Es el pensar el que acumula la depresión, la hace más fuerte. Pero no puedo sucumbir al sueño, que es algo difícil cuando hago ciertas cosas: por ejemplo, cuidar de mi padre o esperar. Voy a utilizar el tiempo que tengo para ir relatándome las cosas que voy haciendo para vencer a la depresión esta vez.
Tengo que mantener este diario y si hago la meditación me daré cuenta de cosas pequeñas que normalmente paso por alto, y que me ayudarían a volver a estar bien.
Todavía no sé cuál es mi Excálibur.
Creo que todavía tengo armas suficientes para impedir que se instaure del todo. No deseo estar meses así, y aunque es una enemiga feroz y poderosa, porque conoce todos los escondrijos y rendijas de mi mente, yo he aprendido una par de cosillas en el camino que me van a ser muy útiles en esta lucha.
Pero había olvidado lo rápido que cambia la percepción de tu entorno, tu vida, tu futuro, y lo fuertísimamente que te atrapa el físico y te vuelve débil. Cómo escupe y ensucia todo lo que amas, y qué pocos reductos te deja. Es increíble. Cuando caes en sus garras lo estropea todo y se asegura de que no lo tengas fácil.
Además se ensaña contigo y te hace sufrir mucho emocionalmente lanzándote insultos, improperios, patrañas, calumnias que te humillan y te acobardan. Te ha robado parte de tu pasado y quiere instalarse para devorar también tu futuro próximo. Te deja muy sola, desvalida, y no te da tregua porque avanza muy rápido, como una peste, esquilmando y reduciendo a cenizas (virtuales) todo lo que tienes.
Se apodera de tus sueños, los soñados y los vividos, y te saluda nada más despertar, haciéndose presente, ahogándote cuando intentas enfrentarte a los primeros segundos del día. Es muy difícil explicarlo, ni siquiera a mí misma, porque me deja sin capacidad de respuesta, recogiendo los objetos que rompe a su paso, desbordada, sin fuerza, observando desesperada el daño que hace a su paso.
Ahora ha sembrado de nuevo la duda sobre mi futuro. Pero una estrategia de choque tiene que ser el seguir creyendo en él, en seguir trabajando día a día para que este futuro no lo destroce. Se trata del futuro más cercano, las acciones más mínimas, las expectativas a corto y cortísimo plazo.
Vuelvo a trabajar en la serie con menos credibilidad para mí misma, con buitres sobrevolando mi esfuerzo, con menores recursos. Es un proyecto que me puede tener ocupada a largo plazo, y no vale la pena preocuparme por lo que pueda pasar después, porque lo que debería preguntarme es lo que pasa ahora mismo, de un minuto a otro, de una hora a otra. Esta es otra estrategia de protección.
Desde que me curé con la meditación, es la primera vez que vuelvo a luchar contra ella. Como me digo a mí misma, algo he aprendido, y la manera de cargármela la última vez fue primero con la meditación, dándome cuenta de que había una solución a mi alcance que no implicaba cambiar nada a mi alrededor, sino permitir que las cosas pasaran, que mi cuerpo y mi mente sintiera el dolor, sin reflexionar, simplemente dándome una oportunidad para enfrentarme a este temible y enorme enemigo. Y gané.
Ahora tengo miedo que el proceso vuelva a ser largo, tengo miedo del dolor y la falta de productividad, ahora que estaba empezando a ponerme en marcha. Pero es verdad que he cometido un error de juicio que ahora es responsable de mi problemática, y ha sido no utilizar mis recursos bien, no ahorrar fuerzas suficientemente haciendo bien las cosas, de forma racional y metódica. Ahora tengo la oportunidad de hacerlo, y tal vez lo otro haya sido una buena lección.
La estrategia tiene que ser hacer meditación cada día. No importa que sean sólo diez minutos, el tiempo no es importante, es la actitud. Y creo que tengo que aprender que en esta vida lo importante no es hacer algo constantemente, sino tener el conocimiento y la capacidad para hacerlo cuando es necesario, y si se puede crear un hábito es genial, pero si no, simplemente siempre se pueden encontrar momentos para reengancharse. El conocimiento no nos lo puede quitar nadie.
Por ejemplo: la bici. Me ayuda mucho, pero ahora me cuesta mucho trabajo físicamente el utilizarla. No lo disfruto tanto, pero es un gran valor contra la depresión el continuar usándola, aunque me resulte difícil. Y el haberla introducido en mi vida es un gran valor. Tengo que luchar por ella.
Luego está la serie. Tengo que seguir trabajando aunque me resulte mediocre, rutinaria y una pérdida de tiempo en cierto sentido. Tengo que verlo con la mentalidad de que es algo positivo que tiene un valor específico muy grande, a pesar de sus fallos y sus imperfecciones. Es una inversión de futuro, es una ayuda en mi vida, una ayuda, algo que está ahí para asistirme en mi caída, y que no me va a abandonar. Tengo que verlo así, poder ver más allá de la depresión, tal vez con el filtro de la esperanza, una esperanza real y no fingida, que es el saber que me voy a volver a poner bien, lo suficientemente bien para no pensar en cómo me siento. Simplemente bien.
También está mi capacidad para hacer cosas pequeñas sin pensar. Es el pensar el que acumula la depresión, la hace más fuerte. Pero no puedo sucumbir al sueño, que es algo difícil cuando hago ciertas cosas: por ejemplo, cuidar de mi padre o esperar. Voy a utilizar el tiempo que tengo para ir relatándome las cosas que voy haciendo para vencer a la depresión esta vez.
Tengo que mantener este diario y si hago la meditación me daré cuenta de cosas pequeñas que normalmente paso por alto, y que me ayudarían a volver a estar bien.
Todavía no sé cuál es mi Excálibur.


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