Tú eres mi línea continua, donde mi circulación sentimental se desplaza y se parea con tus nervios, músculos, fibrillas y cartílagos, residuos de tus días ajenos separados de tu mente. Los días que yo acojo en mi regazo.
Tú no sabes por qué tu cuerpo parece rendirse a sus pasiones íntimas, entroncadas en la genética heredada de un adn trenzado a tirones y lágrimas. Que todavía salten tus tobillos y te desplacen a sitios necesarios, cuando tu corazón anegado en gloria y espinas quiere representarse tan sólo en arte.
Pero el cuerpo es un recordatorio de que la vida sigue, de que la actividad animada tiene sus vínculos en una materia insistente en rezumar las pautas de su fisiología. Y también te recuerda que los espejos existen y te siguen reflejando en el cuarto de baño transversalmente a las vetas de su luz de neón.
Y cuando contemplas los retazos de tu cara te sorprendes ante esta extraña que te mira fijamente con ojos desgastados y brillantes, como si te conociera.
Y la ropa que llevas, más suelta que de costumbre, no la sientes tuya, sino prestada de otra chica que ha estado antes en tu habitación y ha escogido qué prendas dejarte prendidas con su olor sudoroso y la forma de tu cuerpo de antes.


2 Comments:
Y yo hablo a las 00.57 de espejos y reflejos, sin haberte leído...
Refléjate, refléjame ...
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