viernes, 8 de febrero de 2013

Ámsterdam


Me acuerdo de esto: la noche era casi negra y el suelo mojado. Apoyé la bici en la reja y me mojé los guantes de algodón mientras el brillo de la lluvia se posaba en ese instante. Respiro entonces la última brizna de aire helado y entro en el café que despide burbujas de aire caliente y me deslizan el cuerpo en frufrús con movimientos diminutos y desenfrenados. Desde la última mesa, al fondo, me saludas (me narrabas).

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