Piensa en su indumentaria, en su cercanía, en la intrépida manera de saludar. Si vas a acompañarla ten a mano un colador de ideas para recogerlas como a peces voladores. como a dientes de dragón acelerados.
Todo ello constituye un gran placer. No pares nunca, no la abandones; estás en lo cierto cuando sueñas con ella, cuando quieres tenerla tan cerca. Es deliciosa. Embriágate.


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