Siempre es tarde o se hace tarde. Y nunca hay tiempo. Y todo tiene un por qué. Es el cansancio que revela los espacios vulnerables, las debilidades de todo corazón.
Hay unas ganas de vivir desmedidas, pretéritas, reveladoras. Pero todas estas realidades se quedan entre bastidores y no acuden al análisis, al entendimiento, a las deliberaciones del umbral nocturno porque las horas han pasado, y la mañana que cuenta es la próxima.
Y existe una pasión que se suspende en la inercia y que quiere encontrar la palabra perfecta, incuestionable. Es necesario nombrar para aprender desde dentro; asociarse al término y proseguir a enarbolar los símbolos. Algunas palabras producen fotofobia del intelecto, mientras que otras imprimen carácter.
Es difícil saber qué hacer para alumbrar el camino, mejorar la visibilidad, confiar en los movimientos de alzada, poder pensar aunque sea mirando desde abajo. Vislumbrar el subconsciente es como entrever el patrón de un tejido finísimo, ser capaz de distinguir sus diferentes timbres y texturas.
Para mañana mi deseo es recorrer los segundos con la paciencia de las horas.


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