No puedes controlar sus reverberaciones ocasionales, su timbrar enredado, el eco que repica en las esquinas de tu memoria dormida.
De ellas depende el vencerle al olvido, desatar la furia por saber, por reconocer el cómo de tu vida, el por qué, el cuándo, y todas aquellas promesas que se encerraban en el retorno al sueño y que impulsaban tu zambullido exultante en el nuevo día.

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