domingo, 12 de mayo de 2013

A solas

Es muy importante para mí estar sola durante una temporada larga porque quiero ver de cerca mis sentimientos y responder a ellos, saber qué me pasa y ofrecerme a mí misma soluciones. Si veo que me levanto con una sensación de vacío insostenible y que luego durante el día el dedicarme a una actividad me hace encontrarme mucho mejor, intento guardar en mi archivo esta información para que la próxima vez no me asuste esa sensación de desconsuelo por la mañana.

Si no quiero cocinar o arreglar mi entorno observo cómo se van desarrollando los acontecimientos e intento encontrarle un por qué a mi comportamiento. La información sobre una emoción o sobre un estado de ánimo la encuentro a menudo después de que se manifieste. La soledad me permite tener a mano un termómetro, una continuidad, espacio para la observación.

Si me encontrara compartiendo mi espacio íntimo con otras personas compararía mi vida a la de ellas, incluso mis pequeños gestos, mi comportamiento, mis reacciones, y no podría ver ni averigüar el origen de mis actos, de mis luchas personales con la misma claridad.

En estos momentos, por ejemplo, mis principal preocupación es encarrilarme de nuevo en mi trabajo personal. Todavía no voy a ponerme a trabajar en el nuevo libro porque quiero establecer una rutina de lectura y escritura.

A veces me pregunto dónde se esconde la motivación para seguir adelante con mis proyectos personales. Anoche estaba muy cansada y en la cabeza parecía que se me fundían los fusibles. Me dije a mí misma que para que las cosas sucedan hay que trabajar duro, y que el trabajo duro hace que te sientas así a veces: completamente agotada física y emocionalmente. Y sin embargo hay que pasar por ello durante días, semanas o meses porque es la única manera de conseguir las cosas. Y cuando parece que la suerte no está de nuestra parte o que lo que hacemos es una gota de talento ignorado en el océano, sigue existiendo una razón para hacerlo y en ella se sostiene tu identidad, tu razón de ser. Me tranquilicé recordándome a mí misma que en ese momento lo único que debía hacer era descansar, porque no tenía sentido el darle cabida a mis emociones.

Por eso disfruto dándole forma a mi repertorio de recursos. En esto consiste la madurez, después de todo.


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