Volver al telar es duro. La deserción ha sido casi total. Es más fácil vivir la vida enrocándote en el mismísimo viento que traes.
La actividad incesante, la tromba desata un ritmo fácil para la consecución de los minutos. Y me resguardo en un margen en el que me prometo a mí misma no tener miedo, no querer escapar, no darme la espalda, construir siempre sobre lo que he hecho crecer.
Utilizar el viento para argumentar ante mí misma el cambio de tonalidad. Decirlo todo despacio.


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